La maldición de la Emperatriz

Eugene ante la negativa de su padre de viajar al país natal de la emperatriz, se escapó a escondidas.

Antes de ese incidente, el día en que escapo del palacio, viajaba solo hacia la academia de magos, sin embargo no estaba preparado para enfrentar lo que le bloqueó el camino.

Tres criaturas de tres metros de alto, envueltos en capas negras hasta los pies, con máscaras de calaveras y armados con guadañas atacaron a la gente que viajaba en la carreta junto a él.

Al escuchar los gritos y que el carro no avanzaba se bajó encontrándose con la aterradora escena; todos estaban muertos.

Las criaturas flotaban envueltos en un humo oscuro y picante que no le permitía respirar.

Petrificado por el miedo y el irrespirable aire, trató de sacar su espada para protegerse, su voz no salía de la impresión, nunca había visto criaturas como esas, los tres persecutores se lanzaron contra él, temblando puso la espada enfrente como un torpe intento de protegerse

- “Voy a morir”- pensó-

En ese instante, en su mano izquierda apareció un anillo de oro blanco, los diseños inscritos en él brillaron y de esa luz un campo de energía se desplego envolviéndolo en una especie de cápsula transparente. A medida que chocaban en ella, comenzaron a desintegrarse sus atacantes, la imagen de una mujer de cabello negro largo y ojos morados como los de él, sostenía un báculo blanco, le dedico una cálida sonrisa y murmuro- “ Cuídate hijo mío”-

- ¡Mamá!- exclamó tratando de tocarla, pero junto con el campo energético ella se desvaneció. El príncipe tomo uno de los caballos y volvió al imperio del sur.

Comentó lo sucedido al mago imperial y a su padre, quienes parecían escépticos. La única prueba a su favor fue el anillo en su dedo, el emperador lo reconoció al instante.

Luego de ese incidente Eugene volvió a la academia, su tío logró convencer al emperador de que llevarlo era lo más seguro, el joven se comportaba bien, a pesar de ser inquieto y muy preguntón, pero sus compañeros de cursos superiores, supieron de su origen y no le dejaron estudiar tranquilo, la magia y la maldición entraron en batalla en su interior y lo hicieron perder la cordura, no recordaba lo que hizo en realidad.

Para volver, debía ponerse al día y demostrar ser digno de recibir las enseñanzas de los magos, por supuesto, la maldición tenía que ser erradicada antes de esa fecha.

Hace 2 semanas el mago imperial le presentó a su nuevo tutor de magia. Estaba convencido que no necesitaba instrucción, si estudiaba solo sería suficiente para ser aceptado por segunda vez en la academia de Galia, eso pensaba él. No confiaba en las instrucciones recibidas por el mago imperial de parte de su padre.

Deseaba entrar en la academia para descubrir el potencial del anillo que apareció en su dedo de esa forma tan curiosa. El desconcierto del mago y su padre cuando se los mostró sólo aumentó las dudas.

En verdad era contradictorio, odiar su origen como mago y a la vez querer ser uno de ellos.

El maestro Mads Kross, su piel blanca como el jade le recordaba a la suya misma, sus ojos de un azul oscuro nunca vistos en el imperio le llamaron la atención, tenía una apariencia peculiar, cabello gris casi blanco, de estatura con suerte le llegaba al pecho a su tío. ¿De verdad era un mago digno de instruir al príncipe heredero?

El mago imperial debió escogerlo a propósito, se veía como un mago de segunda, ni siquiera parecía un hombre fuerte como sus tíos, era una trampa, sólo aumento la ira en su interior.

Una maldición que cargaba desde su nacimiento, cada día la mancha en su hombro izquierdo aumentaba de diámetro y aunque fingía no notarlo, se sentía más irritable con el paso de los días.

- Saludos príncipe… soy su nuevo maestro de magia, Mads Kross…- se presentó delante de Eugene, el joven ni siquiera lo miró, siguió jugando con el anillo.- Joven Eugene…- le llamó por segunda vez.-

- Usted no puede llamarme por mi primer nombre.-

- Lo siento, creí no me habría escuchado.- se acomodó sus lentes, los ojos azul oscuro brillaron de forma extraña.

- No necesito un maestro, puedo aprender magia yo solo.- expresó desafiante.

- ¿Quién le dijo ese disparate?- le preguntó el maestro.-

- ¿Disparate? No ve que puedo controlar este anillo.-

Mads suspiró molesto.- Esa no es la forma real del anillo… no está usando ni la mitad de su verdadero poder.-

- Está mintiendo, puedo mover objetos y destruirlos sólo con un movimiento.- le mostró

- ¿Le ha ganado a su tío en una batalla de magos?-

- No deseo dejarlo en vergüenza.- dijo orgulloso.

- ¿Se ha enfrentado al mago imperial?-

- No es un oponente digno…-

- ¿Qué me dice de sus anteriores maestros?- el chico expelía confianza.

- No son dignos de recordar.-

Definitivamente, el joven príncipe estaba siendo manipulado por la maldición, su comportamiento era demasiado irritable y confiado.

- ¿De qué trata?- preguntó interesado.-

- Si Ud. Puede vencerme usando el anillo en esa forma, aceptaré que está en condiciones de volver a la academia y que puede controlar su problema-

- ¿Me está retando a un duelo de magos?- no ocultaba su entusiasmo, le ganaría sin problemas, su apariencia era demasiado frágil, con un solo movimiento de su mano lo derrotaría y sería libre.

- Algo así… ¿acepta mi propuesta?- estudiaba sus expresiones el mago.

- Usaremos el salón de entrenamiento militar.- le guio entusiasmado, Sir Arthur los escoltaba en silencio, pero su expresión cambio ante la palabra duelo.

- Cómo usted desee majestad.- le siguió el tutor en calma.

De camino al salón, se encontraron con un grupo de criadas, contemplaban embobadas al nuevo maestro del príncipe.-

Es verdad que los hombres de ese país son hermosos…- comentaba una de las criadas.-

- Me dejaría hechizar por ese bello hombre.- sonreía la segunda.-

- ¿Usaran algún hechizo para lucir tan atractivos?-

- ¡Qué tonterías dicen!”- expresaba en su cabeza con las orejas rojas.- No soy un hombre musculoso y alto… no usamos magia para vernos perfectos…- Refunfuñaba el mago avergonzado-

- ¿Que herramienta mágica suele utilizar Sr. Kross?- le preguntó Eugene.

- La llevo conmigo- respondió sin cuidado.

El rumor del duelo entre el nuevo maestro y su alteza corrió por el palacio, algunos tutores y sirvientes llegaron a observar.-

- Es una vergüenza que tenga testigos de su derrota maestro.- se río complacido.

- Lo de hoy… lo tomaremos como su primera clase… - se mantuvo relajado, sin hacer guardia, lo invitó con el dedo a comenzar.- Si el mago imperial nos descubre seremos castigados, así que debemos apurarnos.

- Le ofrezco un trato.- le anuncio Mads.

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