El joven, acarició el anillo de su mano izquierda y reaccionó emitiendo una luz violeta, los ojos del príncipe brillaron, un rayo se disparó desde su mano, el maestro lo esquivó.-
- Ese es el color de su magia… interesante…- comentó en voz baja.-
- ¡Vamos maestro! Quiero que se defienda!!!- le gritaba el príncipe.-
- Seré amable con usted alteza.- cerró los ojos y chasqueo los dedos con su mano izquierda, luego los volvió a abrir, su iris cambio de color por instantes, era el mismo color de los del príncipe, el joven se congeló, su cuerpo no se movía, algo frío recorrió su espalda.
- ¿Qué me hizo?- logró decir.-
- Encantamiento de inmovilización- sonrío.
- No… lo vi… sacar su varita…-
- No la necesito- esbozó una sonrisa tranquila.
- ¡Quéee!!- eso era sospechoso, su tío, el mago imperial y hasta su madre usaban una herramienta mágica.-
- Mi herramienta… es mi propio cuerpo alteza- se levantó la manga hasta el codo, un tatuaje emitía una luz clara, los trazos envolvían su antebrazo como anillos- … ¿Príncipe sabe controlar ese anillo sin mover su mano?- Mads fue cuidadoso en que los observadores no vieran su tatuaje, apenas lo vieran lo asociarían a magia negra y se armaría un malentendido.
- No… todavía…- luchaba por moverse.
- No siga intentándolo sólo se desgarrará los músculos-
Mads sabía que mantener ese encantamiento por más tiempo, le generaría daño, rogaba porque el príncipe anunciara que se rendía, se concentró para aumentar la fuerza del encantamiento.-
- ¿ Qué son esos dibujos en los brazos?- se esforzó en preguntar.
- Se lo explicaré más tarde.-
- Usted es un mago débil… lo sé por su apariencia…- se quejaba.
- Primera lección, no juzgue a los magos por su apariencia.-
- Aún no lo acepto como mi maestro.-
- ¿No piensa rendirse alteza?- preguntó, la visión se le nubló, Eunice le advirtió que no usara magia hasta que cumpliera un mes de tratamiento.
- “ Usar magia te genera dolor, es un estrés para tu cuerpo que se mantuvo inactivo por más de una década, sólo usa encantamientos sencillos o las consecuencias serán graves”- Su cuñada fue enfática en ese punto, le regañaría si le viera en estos momentos, la maldición atacaba su magia como si fuese un alérgeno, un duelo era muy arriesgado aunque usara un encantamiento tan simple.
Los observadores parecían no respirar, no había un solo sonido en el salón, estaban impresionados por la habilidad del maestro, no veían magia hace muchos años.-
- El mago imperial nunca realiza magia ante nosotros… los magos de Galia son impresionantes…- murmuró una de las criadas.
- Cuando el emperador se entere de esta humillación…¿ se quedará tranquilo?-
- Siento que el maestro lo hace con un buen propósito, yo creo que lo respaldará.-
- Además es el primero que logra controlarlo de esa manera.- manifestó la criada.
- Príncipe… por favor… ríndase, puede dañar su cuerpo si no sabe como controlar el poder de ese anillo.- le advirtió suavemente el maestro.- No era el poder del anillo el que le causaba miedo, era que se activara la maldición y Eugene se volviese violento.
El chico se veía avergonzado, no podía rendirse así tan fácil, sabía que lo ocurrido llegaría a oídos de su padre, no quería admitir su derrota.
- Acepto… que necesito un maestro…-
- Debe decir “ me rindo” o no podré romper el encantamiento.-
El príncipe hizo sonar los dientes furioso, estaba muy humillado.- ¡!Me… rindo…!!!- gritó entre dientes.
Apenas terminó la frase su cuerpo recuperó el movimiento.
Mads por su parte suspiró agotado, disimulo el dolor en el pecho inclinándose hacia el príncipe.- Le prometo mi señor que lo ayudaré a regresar a la academia… es un honor para mí… servir a un descendiente de la familia Stone.
- El maestro hizo esa promesa delante de todos… además parece saber mucho de la familia de esa mujer…- analizaba Eugene.
Ese niño le había hecho la vida de cuadritos desde el primer día, le regalo una serpiente como bienvenida, metió una araña gigante en su cama, si no hubiese estado Odín se desmaya, llenó sus zapatos con aceite, le lanzó borradores que esquivó sin problemas, hasta su gato fue víctima del príncipe, un sin número de travesuras típicas de un niño, le daba escalofríos recordarlo- “ ¿Cómo pudo heredar ese temperamento?”- pensaba Mads fingiendo tranquilidad.- “Debemos sumar que creció sin disciplina… y la influencia de esa magia oscura…”
El gato blanco que se abrazó a su cuello le respondió:
- Ese niño no la ha pasado bien… ¿en verdad querrán negarle su derecho al trono?-
- Si es cierto… la familia Stone le recibirá sin duda, puede ser un gran mago si se lo propone.-
- Sería injusto que sea discriminado por el origen de su madre.- se quejaba el felino.
- Por favor cuídalo fuera de los horarios de las lecciones, siento magia negra moverse en su cuerpo, mi tatuaje reacciona, puede atacar a un inocente.
- Sí amo, me encargaré de tragar esa energía- se lamió lo bigotes- aunque no tienen un buen sabor.
- Lo sé… espero no tener que llevarme al príncipe a la casa Stone para siempre… pero si no lo quieren como heredero, su padre se casa y tiene un hijo de sangre noble, no permitiré que se le humille.- manifestaba decidido.
- Debemos comentar esto con el ministro de magia, como tío del príncipe debe saber más detalles de ese rumor.- le sugería el gato.
- Quisiera saber… si el emperador en verdad desconfía de ese chico.- Mads recordó su encuentro con él luego del duelo con el niño.
Mads se recuperaba del uso de magia, miraba el techo sumido en sus pensamientos, acariciaba la cabeza de Otis y bebía una de las pequeñas botellas de cristal que le dio su madre como tratamiento.
- Excelencia debe cuidarse, usar la magia aún puede ser peligroso para Ud.- le aconsejaba con voz lastimera el gato.
- Lo sé, pero debía enseñarle una lección…lo pensará dos veces antes de desafiar a un maestro.-
- Puede ser… ¿no la meterá en problemas con su majestad?- estaba realmente preocupado.
Llamaron a la puerta de Mads, él se sentó por la sorpresa, el gato escondió la cola. Abrió la puerta segundos después.
- Maestro, siento la hora, pero el emperador desea hablar con usted.- era Sir Arthur
- ¿Tan tarde?- preguntó sin querer.-
- No podemos discutir las órdenes de su alteza.- le dijo el joven caballero.





