La esposa del pole dance

Cuando la hora llega, cierro mi oficina y me encamino donde se encuentra Maryam... Debe de estar ahí, sentada con su castaña cabellera ondeando por encima de su incómoda silla reclinable...

Antes de dirigirme hasta ahí... Envío a Adán, mi chófer, que vaya por unas rosas amarillas y un chocolate Milka, creo que nadie se resistiría a uno de ellos...

La espera de Adán se convierte en un suplicio para mí. Y después dicen que por ser un CEO multimillonario, no tengo problemas.

—Aquí tiene su encargo, señor Lucio, discúlpeme la espera. —Irrumpe Adán cargando un ramo de hermosas flores y un enorme corazón con las letras "Milka" dibujadas, al lado de una vaca.

Parece ordinario. Sin embargo, para lo corto del tiempo dispuesto... Ha sido perfecto.

Le doy las gracias a Adán, porque no soy tan patán... Y me dirijo al área de contaduría.

—¡Pero que fortuna tenerlo aquí, jefecito!—Canturea Greka, una mujer de mediana edad que se codea con la alta sociedad, cuando la misma debe hasta su factura de internet.

Me cagan las viejas pretenciosas y estiradas.

—Hola, Greka. —, feliz tarde, hace un clima hermoso hoy en New York, ¿no te gustaría ir por ahí?—, te concedo la tarde libre. —Le respondo con tono osco.

—¡Este jefe es una pasada!—, lo amo. —Comenta y me da un beso en el cachete.

Todos los que se encuentran sentados voltean y sonríen al ver mi cara de asqueado ante el atrevimiento de Greka... ¡Menuda abusadora!

—Buenas tardes, espero no importunar. —, señorita Maryam, podría venir conmigo, por favor. —Digo sintiéndome entrecortado y con el aire faltándome en los pulmones...

Me encuentro parado detrás de ella... El olor de su pelo, llega a mi como una especie de salvación... Una droga... Una adicción.

—Disculpe, ahora mismo estoy ocupada. —, tengo que entregar a mi superior un esquema de trabajo en el que llevo meses concentrada. —, sé que usted es el jefe... —Agrega con gesto avergonzado y se acomoda las gafas. —, pero considero que sabe cómo funciona esto, y mi rendimiento es uno de los pilares de su éxito, la empresa no está en su mejor momento y mi deber es con su integridad y poderío. —Responde con elocuencia y sus ojos negros se clavan en los míos, haciéndome sentir acusado.

Le entrego las flores y el chocolate que he traído para ella y todos los presentes voltean a mirarme de manera molesta... Como si yo estuviera haciendo algo malo, o ilegal... ¿Son idiotas?

Pensé que la reacción sería otra... Consideraba que todos aplaudirian porque el jefe se ha fijado en una mujer humilde, con carencias económicas y una madre trabajadora... Que me admirarian por mi valor y extremante humildad... ¡Pero no fue así!

Todos tienen una mala imagen de mí.

—No puedo recibir sus flores, Lucio. —Suelta Maryam con fuerza después de haber permanecido callada, y yo me encuentro a la deriva...

¿Desde cuándo me tutea?

—Son para usted, y me gustaría las recibiera ya que no puede asistir a mi llamado... —, no soy un hombre rencoroso. —Le digo y posiciono mi mano en el espaldar de su asiento. Es más duro de lo que pensé.

—¿Tendría por qué serlo?—, no soy una más de las que se va detrás de usted, soy una mujer honesta, he sido criada con principios y valores y no seré el objeto de ningún hombre de tu tipo, ni parecido. —, preferiría morir de hambre antes de ser juzgada por haberme vendido a los caprichos de un hombre como Lucio Savignani. —Resopla con firmeza y se gira nuevamente a trabajar, sus ojos han dejado de mirarme y su labio inferior tirita de la ira.

Nunca me habían ofendido de tal forma. Y menos en mi presencia...

Quizás la gente habla pésimo de mí, a mis espaldas...

Pero jamás una mujer me había insultado, ni rechazado... Delante de la gente...

—Uh, estás demente Mary Mary... —, yo sí haría cualquier cosa que ese bombón rubio de dos metros me pida... —, ¿acaso no has visto los abdominales de su foto de perfil de instagram?—Susurra Daerlys, una de las compañeras de area de Maryam, sin dejar de sostener una ardiente mirada encima de mí.

Es guapa, muy guapa... Y su cabello es rojo como la sangre... Y sus ojos azules... ¡Y muy profundos!

Pero a mí me gusta el cabello castaño de Maryam. Y sus ojos negros, y misteriosos...

Ella no puede albergar maldad. No sé cómo ha sido posible que me diga semejantes improperios...

¡Maryam tiene que conocerme!

¿Pero acaso, yo me conozco?

Mi madre me crío con muchos valores y todas esas basuras... Pero emplearlos, no me pareció una tarea fácil.

Crecí viendo a mi padre follar con cada una de sus asistentes... Con las aeromozas... ¡Y hasta con la hermana de su esposa!

Abandono a mi madre, y se casó con Sonia, una mujer californiana que conoció en un acto en beneficio de los refugiados cubanos...

No tuve un buen ejemplo por su parte...

—No me conoces, Maryam. —, y creo que estás siendo injusta conmigo. Sin embargo, podemos llegar a un acuerdo... —, me gustaría que cuando termines ese labor tan importante, asistas a mi oficina. —, tocaremos temas laborales, y por favor, recibe mis flores, es una orden. —, como jefe. —Digo y me marcho sin más.

Me dirijo a la puerta de salida y le hago una seña a Adán para indicarle que voy a salir de aquí.

En todo el camino a mi apartamento en Manhattan, solo puedo pensar en como voy a hacer que Maryam confie en mi... Cómo voy a ganarme su respeto...

Mi madre, puede saber un poco sobre María, la mamá de Maryam... Quizás conocer sobre su origen, su vida, me ayude a acercarme a ella...

¡Y a jugarle una estocada!

La vergüenza que he pasado en frente de mis empleados, y el desprestigio que ha salido de su boca... Traerán consecuencias...

Pero enfrentarlas, sin saber que terreno estoy pisando, sin saber si Maryam será mía en el intento... Es una tarea complicada.

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