La casa de mi madre, siempre huele a flores, y a alguna delicia suya... Como en esta ocasión, berenjenas, queso parmesano y tomates, mi aperitivo favorito.
—¡Te llamé con el pensamiento!—Exclama Kiara y la escucho apenas me encamino a la sala de estar.
—¡Estoy acá, mamá!—Le grito de vuelta.
Mi madre aparece en el umbral, vestida de color salmón de pies a cabeza, pareciendo bastante ordinaria, sin embargo, estoy seguro de que se trata de algún conjunto de diseñador de su elección.
—Te veo muy bien, Lucio querido... —, ese traje de Georgio Armani te queda espectacular, supongo que la empresa va viento en popa... —, me gustaría verte más seguido, no sé porque te afanas en vivir en ese solitario apartamento tuyo si sabes que estoy aquí sola con las amables chicas de servicio, si no fuera por ellas, ya habría muerto de pena. —Espeta mi madre y alza los hombros con fatiga.
Me acerco a ella y le beso en el nacimiento del cabello.
Su rostro ya empieza a arrugarse...
Detesta cuando le recuerdo que ya estoy cerca de cumplir los 30, ya que le acongoja saber que ella cumplirá 60...
Nací el día del cumpleaños de mi madre.
—Estoy muy atareado con el trabajo. —, me gustaría tener tiempo para ti. —Le digo mientras tomo asiento en uno de sus blanquisimos e impecables muebles.
No podría tener muebles blancos, los odio.
—Mm, entiendo que estés rodeado de obligaciones, pero a tu padre no le dirías que no tienes espacio para él... —, es una pena que nunca hayas aprendido a amarme, Lucio. —, ni a respetarme... —Se lamenta mi madre y una lágrima corre por su mejilla.
¿Es posible que una mujer sea más dramática?
¡Que le den!
Por este tipo de reclamos no suelo venir a verle... Siempre mi padre, a pesar de tener meses de muerto, sigue saliendo a colación...
Ella no lo ha superado.
—Kiara, no estoy en este momento para que me estés reclamando... —, quiero pasar una tarde amena contigo. —Pronuncio con calidez, como si mi estómago no estuviera contrayéndose solo de recordar la amargura que tenía por vida mientras vivía en éste majestuoso palacio de hiel...
—Te conozco, Lucio. —, eres igual a tu padre y estuve 12 años casada con él. —, he pasado vergüenzas en estos últimos meses por tu culpa con esa fotografía de tu miembro rodando en las redes sociales y siendo criticada por toda la élite... —, se que haz venido por algún motivo, y me da mala espina. —Puntualiza mi madre y me alza la ceja con un gesto inquisitivo.
—Esa foto no ha sido divulgada por mí... —, fue tu adorada Caroline la que la posteó en las redes y se la envío a tus amigas, ¿crees que me gusta que todo el mundo me vea las pelotas?—, ¡por supuesto que no, madre! —, pero su padre es un hombre importante, como yo, y no puedo armar un escándalo actualmente.
—¿Y qué es lo que harás?—, ¿te quedarás con los brazos cruzados?—, estoy cansada de tu actitud. —, conformista y pesimista, acomodado a quedarte con las migajas de los demás. —, ¿crees que no me he enterado de tus aventuras con Sasha?—, ¡ya he visto fotos de ambos en Malibú!—, es una zorra, Lucio. —Reclama mi madre y la ira se ve reflejada en sus ojos esmeralda.
Sé con exactitud que estaba enterada de la relación entre mi padre y Sasha. Ya estaba casado con Sonia cuando le contrató, no obstante mi madre no presta mayor atención a Sonia, y suele referirse a ella con respeto... Sin embargo, cuando se trata de mi asistente o cualquier ex amante de mi padre, le odia con furia. Creo que nunca volverá a enamorarse.
—Soy un hombre de casi treinta años, y mi ruptura con Caroline ni lo que la motivo a armar semejante revuelo está asociado con Sasha, ella es mi asistente y nada más. —, no viene al caso tu comentario. —, el viaje a Malibú fue de negocios. —Menciono de forma calmada, después de todo, he venido aquí para obtener información de Maryam... Nada más...
—Tengas la edad que tengas eres mi único hijo. —, y me preocupa tu honor... Necesito que te estabilices, te cases con una buena mujer, y me des un par de nietos, ¿es mucho pedir?—Se queja Kiara y llama a una de sus chicas de servicio.
—Así será, mamá. —, tengo una problemática en la empresa y creo que podrías ayudarme. —, ¿recuerdas a María O'Brian? Era ama de llaves en la oficina de papá cuando estaban casados, solías tenerle aprecio. —Le digo con ligereza, no quiero que sospeche de mis intenciones.
—Sí... Una mujer muy decente y respetuosa, a diferencia de todas las que hicieron vida en ese infierno... —, actualmente viven en un conglomerado, cuidan el apartamento de Sehyla, la hermana de su esposo... Su hija es tu empleada... Trabaja en el área de contabilidad, y María está muy enferma, por ende la existencia de su mala situación... —, es muy bonita su hija, se llama Maryam y es bastante agradable, con más clase que su madre por supuesto... —, le hemos ayudado en un par de ocasiones. —Explica mi madre con soltura, sin ninguna expresión que revele incomodidad.
—Mm, interesante. —, y sí, esa Maryam trabaja para mí... —, pero no le conozco personalmente, mañana tenemos una entrevista, ¿podrías darme su dirección?—Le solicito con gesto despreocupado, no quiero que inicie a atar cabos.
—Voy a buscarla, ya vuelvo.
Me quedo sentado en su espera, preso de la ansiedad y la presión...
No sé si ir hasta el hogar de Maryam este bien... O si ya estoy siendo lo suficientemente obsesivo...
—Aquí está. —Canturrea Kiara y me tiende una nota donde se específica la dirección del sitio...
—Perfecto, tengo que irme, mamá. —Anuncio con rapidez y salgo de su vista, escuchando desde la distancia sus llamados.
No sé si vaya a hacer lo correcto... O simplemente ser despiadado del todo, no es lo mío.
La ansiedad de lo pronto me tiene mareado.
Pero tengo un plan... ¡Y espero funcione!





