El edificio principal estaba atestado.
Edith y yo nos abrimos paso a través de un mar de codos y piernas, pertenecientes a los estudiantes que trataban de huir y correr a sus casas.Para ser una de las universidades más caras del país, albergaba en su seno a muchísimos estudiantes.
—Llegan tarde—nos reprendió Ethan mirando el reloj en su muñeca—. Creíamos que se habían perdido o algo así.
—Todo es culpa de Leah—Edith me señaló con el pulgar al tiempo que se resguardaba del sol bajo el portal de la explanada—. La abeja reina no puede dar cinco pasos sin saludar al menos a diez personas.
—¡Tú fuiste la que se quedó charlando con Mike por horas! Incluso estuve a punto de irme, porque casi te abres de piernas para él en ese momento. ¿Qué pasó con tu discurso de oh-soy-demasiado-buena-para-los-chicos-menores?
Ethan y Sara se miraron con sorpresa, y Edith abrió la boca en su patético intento de fingir indignación, pero sabía que se estaba divirtiendo porque no podía contener la risa.
—¿Celosa?—dijo con suficiencia—. Tú y Jordan llevan siglos juntos, es obvio que te aburras de estar siempre con la misma persona.
—¡Eres una...!
Antes de que pudiera decir algo más, sentí como alguien me rodeaba la cintura por detrás y se ceñía a mí con fuerza.
—Hola, preciosa—la respiración de Jordan se sintió cálida contra mi cara y envió un escalofrío por toda mi columna. Recorrió la forma de mi oreja con su nariz para después depositar un beso en mi sien.
Me giré entre sus brazos encarándolo y sonreí. Sus ojos miel brillaban por la luz del sol que entraba a través del portal en ese momento y su cabello claro destellaba como si estuviese hecho de oro.
Era peligrosamente atractivo.
Y completamente mío.
—Te extrañé—me apoyé en las puntas de mis pies para besarlo y me dejé envolver por la sensación que provocaba siempre en mí, como si todo mi interior se llenara, como si su presencia iluminara cada parte de mi vida.
Alguien carraspeó y nos separamos por educación, al tiempo que volvía a colocar mi espalda sobre su ancho pecho.
—Estamos en horario familiar, por Dios—nos regañó Ethan, mirándome con falsa exasperación.
—Se llama envidia, amigo—Jordan entrelazó mi mano con la suya sobre mi estómago.
—Un día de estos me provocarán un coma diabético, lo juro—susurró Sara, siendo apoyada por Edith, que no paraba de asentir mientras peleaba con el envoltorio de su dona.
—Paren ya con tantas cursilerías, ¿quieren? Necesitamos afinar los últimos detalles para el viaje—Ethan se irguió, dándose importancia—. Nos vamos en cuatro días y no veo sus fotos con sus maletas hechas.
—Te juro que mi alma está allá desde que me dijiste que iríamos—contesté levantando la mano con entusiasmo.
—La mía igual—Sara extrajo de su bolso su celular y comenzó a mostrarnos varias fotografías—. Tengo toda la ropa que usaré seleccionada e hice una especie de itinerario de los lugares a los que quiero ir.
Ethan la miró como si le hubiese crecido otra cabeza.
—¿Estás loca? Yo ya hice el itinerario y por si lo has olvidado, iremos para celebrar mi cumpleaños.
—Lo sé, pero también podemos visitar los lugares que...
—Sara, admítelo, será un milagro si podemos estar de pie por más de tres horas después de las resacas matadoras que cargaremos todos los días—la interrumpió Edith y yo asentí vigorosamente.
—Tendrán suerte si no terminan en el hospital por una congestión alcohólica—comentó Jordan y yo le di un codazo en el estómago.
—No te preocupes, Jord—dijo mi amiga. — Yo la cuidaré por ti.
Mi novio soltó una profunda carcajada.
—Corrección, creo que Leah te cuidará a ti.





