Esto tiene que ser una puta broma.
— ¿Qué es esto? ¿Una granja? —Pregunta Alicia.
— Así es. La granja 3 estrellas de los Spellman. Por aquí —Ethan nos hace una seña y miro a mi hermana con la boca abierta.
No decimos nada porque no es el momento de ponernos a cuchichear, pero sé que las dos nos gustaría llamar a mi madre para quejarnos porque nos ha engañado.
Ya venir a un pueblo en medio de la nada era una tortura, y ahora, estamos entrando a una granja. Escucho unos ladridos y en ese momento miro a Alicia porque voy a empezar a correr. Es un perro enorme el que se acerca a ellos y salta y los huele mientras yo me quedo inmóvil. Me agarro del brazo de Evan y le doy la vuelta cuando el perro se viene ladrando a mí ya mi hermana.
— Tranquilo, chico —Ethan lo coge del collar y yo dejo de apretarle el brazo con fuerza a Evan — ¿Te dan miedo?
—Si.
— Acércate para que te huela —dice Ethan animándome con su mano—. Huelen el miedo, y si sabe que tienes miedo...
— Acércate, Anuk, ven —me dice mi hermana.
Esto es demasiado para mi pobre corazón, voy a morir aquí y ahora. Evan me empuja hacia el perro pero me acompaña. Vuelve a ladrar y dejo que me huela como ellos dicen.
— Han venido al sitio menos indicado —ríe mi otro hermanastro—. Vamos a atarlo de todos modos esta noche.
— ¡Ethan! ¡Evan!
Una niña pequeña se acerca a los chicos. Lleva un vestido rosa y su pelo rubio recogido en unas coletas. Evan la recibe cogiéndola en brazos. — ¿Cómo estás, monito?
— Muy bien —la niña se ríe, está risueña —. ¿Quiénes son?
— Tus nuevas primas —contesta Evan—, por ahora, claro.
Ella nos mira con los ojos entrecerrados, no está convencida de que les gustemos. A mí tampoco me gusta ella, así que la miro como ella me está mirando, desconfiada y mal.
Arrastro la maleta hasta la entrada de la casa y subo los tres escalones del porche con ella en peso. Una mujer está allí y abraza a los chicos con fuerza cuando Ethan ata al perro.
Ella es de mediana estatura, lleva un vestido celeste hasta sus rodillas y su pelo negro lo lleva recogido en un moño.
— Hola, soy Anastasia —nos tiende una mano y se la se la estrechamos—. ¿Quién es Alicia y quién es Anuk?
— Yo soy Alicia —se señala mi hermana— y ella es Anuk.
— Bienvenidas. Pasen, les presentaré a la familia.
Entro después de mi hermana y sonrío a esa gente que se encuentra sentada por todo el lugar. Está el marido de Anastasia, que se llama Pedro y es el hermano de Fabio. Su hija es "monito" porque aún no han dicho su nombre y hay una señora mayor que es su abuela y quiere que la llamemos "abuela".
— Todo el mundo me llama abuela —me dice con una sonrisa y mi mano entre la suya. Le sonrío sin enseñar mis dientes—. Mi marido ha ido con Sebastián al pueblo, se los presentaré cuando vengan.
— Genial, gracias.
Ella deja ir mi mano y sigo a Anastasia hacia la parte de atrás de la casa. Salimos, arrastrando nuestras maletas y veo una cabaña de madera.
—Se quedarán aquí. La hemos adaptado para que puedan sentirse como en casa —sonríe la mujer.
Abre la puerta con un poco de dificultad y Alicia entra. Miro hacia atrás para ver a Evan con una sonrisa de oreja de oreja. Entro y miro a mí alrededor. Hay dos camas pequeñas y dos mesitas de noche.
Huele a humedad y hace un calor de mil demonios.
— Hay un ventilador ahí. Hemos puesto corriente para que puedan enchufarlo, y también los teléfonos celulares, aunque por aquí no hay mucha cobertura —nos
explica—. Son sábanas limpias. La cena estará lista en una hora. Pueden guardar las cosas en el armario.
Nos señala un armario y por lo menos estoy satisfecha con eso porque es grande y cabe toda nuestra ropa.
— Bien, las dejo que se acomoden tranquilas.
Sale de la cabaña y Evan nos mira con una sonrisa en su rostro.
— No es tan malo como parece.
— No nos hemos quejado —digo dirigiéndome hacia una de las camas.
— Bien, Anastasia cocina muy bien, espero que traigan hambre.
Dicho esto, Evan sale de la cabaña y cierra la puerta para dejarnos intimidad. Mi hermana y yo esperamos unos segundos y ella empieza a hablar, pero en voz baja por si nos está escuchando detrás de la puerta.
— Esto no es lo que me imaginé —mira con una mueca a su alrededor.
— Te dije que nos fuéramos con papá.
— ¡ Esto sonaba divertido! Además, mamá quería que viniéramos para que conociéramos más a nuestros nuevos hermanastros.
— Y vaya manera de conocerlos —me siento en el colchón vencido.
— Pensemos en esto como una aventura.
— Yo no pondría la maleta encima de la cama. No parece tener mucha resistencia.
Mi hermana decide abrirla en el suelo y abre el armario. Hay perchas y empieza a colocar su ropa. Sé que tengo que colocar la mía pero me da pereza.
— Qué mal huele aquí —suspira y echa su perfume alrededor de la pequeña cabaña.
Abro mi maleta y empiezo guardar la ropa. La plancha del pelo que traemos no nos va a servir de mucho y parte de la ropa, tampoco.
— ¿Cómo pueden vivir alejados de las nuevas tecnologías? —Murmuro viendo cómo las rayitas de cobertura ya no existen en mi teléfono.
— Vamos a desconectar del mundo, para eso hemos venido.
Alicia es la más positiva de las dos cuando yo no puedo serlo y viceversa. Que las dos nos hundamos en la negatividad no sirve de nada y una siempre tiene que sacar a la otra.
Los chicos nos habían caído bien desde el primer momento, al igual que Fabio. No hay malos rollos entre nosotros y creo que podemos ser una gran familia; sobre todo porque cada uno está en una Universidad diferente, lo que significa que cuando empiece el curso, apenas nos veremos.
Recojo mi pelo en un moño y miro a mi hermana porque si lo llego a saber, también me lo corto antes de venir, sin embargo, yo preferí hacerme unas mechas balayage para darle vida y luminosidad a mi pelo. No he acertado.
— No tenemos baño aquí —murmura y abre su botella de agua. Echa un poco en su mano y la pasa por su nuca. La imito, necesito una ducha de agua fría—. Venga, vamos a salir y le diré a alguno de los chicos que necesitamos una ducha.
La sigo y apago la luz antes de salir de la cabaña. La casa, donde no hay sitio para nosotras, no es muy grande, así que entiendo que hayan tenido que acondicionar esa húmeda cabaña para nosotras, no voy a quejarme por eso.
— Ethan, necesitamos una ducha —dice mi hermana sentándose a su lado en el escalón mientras yo me quedo de pie frente a él.
Ethan está encendiéndose un cigarrillo, y cuando suelta el humo, me mira y después mira a mi hermana.
Por supuesto, pueden ducharse después de la cena, va a estar lista en breve —se pone el cigarrillo entre sus labios para darle una calada.
— ¿Y qué se hace aquí? —Pregunta Alicia.
— ¿Aquí? Pues se cuidan a los animales, se recogen los huevos que ponen las gallinas, tenemos nuestro propio huerto, atendemos a las personas que vienen a vacacionar en familia,—se encoge de hombros—. No se van a aburrir.
— Que divertido —murmuro mirando a mi alrededor, todo está oscuro.
— Mañana les enseñaremos todos —tira el cigarrillo y se levanta—. Vayamos dentro.
Sigo a Ethan hacia dentro y ayudamos a poner la mesa. Cuando estoy llevando la comida, un gran cuerpo se interpone en mi camino y tengo que parar. Miro hacia arriba para encontrarme con unos bonitos ojos cafés.
—Oh, Anuk, él es mi hijo, Sebastián.
Sebastián puede medir uno noventa, como los gemelos, quizás un poco más. Su pelo rubio va despeinado y tez morena brilla incluso ahora, que no hay sol. Su torso ancho es con lo que casi choco y lo último en lo que me fijo es en su sonrisa burlona.
—Hola —le sonrío y él, muy amable, se aparta de mi camino para que pueda llevar el plato a la mesa.
Mi hermana me mira con los ojos bien abiertos y sé lo que significa, también ha visto a nuestro caliente y sexy primo.





