Escuchamos un grito proveniente de la pequeña cabaña y mi hermano y yo levantamos la cabeza del desayuno para mirar por la ventana.
— ¿Vas tú o voy yo? —Pregunta Evan con media tostada metida en su boca.
Le doy un sorbo al café y me levanto. Anastasia asoma la cabeza por la cocina y levanto mi mano para hacerle saber que yo me acercaré a la cabaña.
Les dimos la cabaña vieja, que en realidad es un depósito. Nuestra parte de la granja está aquí, el resto es solo para los viajeros, en la casa no había lugar para todos, ya conmigo y Evan la casa esta llena.
La puerta está abierta y entro. Anuk está de pie encima de su cama mientras se ríe a carcajadas y Alicia está maldiciendo en voz alta. Ah, también hay allí una cabra.
—¡ Se estaba comiendo mi pelo! —Dice la castaña, lo que hace que su hermana se ría más.
Ni siquiera sé cómo han entrado esas chicas en nuestras vidas. Un día estaba despidiendo a mí padre porque se iba a una conferencia y a las dos semanas estaba poniéndome una camisa porque conocería a su novia y sus dos hijas.
Fingimos ser la familia perfecta durante el tiempo que duró la comida y después no volvimos a verlas; hasta hace dos días claro. Nuestros padres pasaban tiempo juntos tanto aquí en Córdoba como en Buenos Aires.
Llevamos viviendo solos desde que tengo uso de razón. Mi madre desapareció con todos los ahorros cuando éramos pequeños y mi padre se hizo cargo de nosotros.
Hemos pasado todos los veranos en La granja 3 estrellas de la familia desde que sucedió, ya que él tenía que trabajar y no podía dejarnos solos. Al fin y al cabo, esto tampoco está tan mal.
— Eso les pasa por dejar la puerta abierta —digo acercándome a la cabra y empujándola fuera de la cabaña.
— Aquí hace un calor infernal —me informa Anuk como si no lo supiera.
La miro. Lleva su pelo recogido en dos trenzas y un corto pijama de verano, al igual que su hermana, pero lo que más me llama la atención allí, no son sus cuerpos, sino la araña que se encuentra en una de las esquinas del techo.
— Pónganse ropa cómoda, les daremos un tour por la granja cuando desayunen. No tarden demasiado—cierro la puerta y llevo la cabra al establo con las demás.
Echo el cerrojo y vuelvo a la mesa para seguir bebiéndome el café.
— ¿Qué les pasaba? —Pregunta la abuela.
— Una cabra se ha escapado.
— Siempre igual —suspira Anastasia y vuelve a la cocina. Mi abuelo, Pedro y Sebastián se levantan más temprano
que nosotros para trabajar. Estamos de vacaciones y lo único que hacemos aquí es echar una mano.
La primera en aparecer después de haber pasado por el baño es Anuk. Su pelo sigue recogido en esas trenzas y lleva una camiseta de tirantes blanca que se pega a sus buenos pechos y unos pantalones vaqueros largos.
Bebe de su café después de dar los buenos días y observo a mí hermano mirar sus tetas. Le doy un golpe en la pierna para que pare y él rueda los ojos.
Hay que hacer todo antes de que llegue el calor de la media mañana —dice la abuela.
Alicia se sienta a mi lado y la miro. Lleva también unos pantalones vaqueros y una camiseta azul. Diego ni siquiera la mira porque Alicia no tiene un cuerpo con curvas, aunque sí, es la que más luce de las dos, por lo menos para mí.
Tiene un cuello largo y unas piernas firmes, al igual que su trasero. Y unos labios que darían envidia a más de una.
Sin embargo, Anuk es más baja que su hermana, ha salido a su madre, y lo que sí tiene es unos ojos grandes marrones que no tiene su hermana, ya que son más pequeños.
Cuando terminamos de desayunar, llevamos todo a la cocina y salimos por la puerta de atrás para empezar con el tour.
Evan va delante, explicando todo lo que se encuentra alrededor —para eso está estudiando guía turística— y yo voy atrás.
La verdad es que podríamos habernos quedado en Córdoba capital, pero sabía que venir aquí con las chicas sería más divertido. Nuestros padres quieren que pasemos el verano juntos para que nos conozcamos mejor; al igual que ellos lo están haciendo en las Cataratas.
Anuk se queda en la puerta del establo y asoma la cabeza. Me pongo detrás de ella y pongo mi cabeza al lado de la suya.
— ¿Qué haces? —Le pregunto.
— Asegurarme de que los caballos no están libremente por aquí.
— ¿No te gustan los caballos?
— No.
Giro mi rostro y me encuentro con su rostro a centímetros. Tengo el ceño fruncido y ella me mira con una ceja alzada. Tiene una nariz pequeña, y su boca también lo es. No tiene los labios muy gruesos y tiene una pequeña cicatriz en su barbilla.
— ¿Y qué animales te gustan?
— Ninguno —entra en el establo y alzo mis cejas sorprendido.
¿No le gustan los animales? Esto va a ser muy divertido.
La sigo por el establo mientras Evan nombra uno a uno los caballos que tenemos ahí, aunque solo son nueve. Almendra, Costilla, Blanca, Pulga, Chubascos, Rocío , Tormenta, Trueno y Lluvia.
Anuk se mantiene a una distancia prudente de cada uno de ello y salgo de allí, viendo a Sebastián.
Mi primo nunca ha salido de aquí, solo las veces que ha ido a vernos a la capital de Córdoba y no le fue nada mal en la ciudad, pero su vida estaba aquí, en la granja, con sus padres, los abuelos y el turismo campestre, cosa que no puedo llegar a entender.
— ¿Haciendo el tour? —Pregunta apoyándose en la puerta del establo y mirando hacia dentro, donde Anuk no tarda en salir y Sebastián aprovecha para mirarla de arriba abajo.
Nunca hemos tenido chicas por aquí en casa, como novias, además de amigos y una amiga. Solo hemos sido nosotros, la abuela, la tía Anastasia y ahora amonito. A las chicas del pueblo ya estábamos cansados de verlas, aunque tampoco había muchas.
Todos éramos un grupo porque no hay mucha gente joven.
— ¿Te gusta todo esto? —Le pregunta Sebastián a Anuk.
— Sí, es genial —miente con una sonrisa en sus
labios.
Sebastián sonríe satisfecho por su respuesta y se espera a ver salir a Alicia y su trasero firme. Alza sus cejas y me da un golpe en el hombro.
— Ahora entiendo por qué vas detrás —se ríe—. Voy a seguir con el trabajo.
— Son mis hermanas.
— Lo que tú digas —sonríe y yo también lo hago.
La relación con Sebastián es buena, bastante buena. Nos ha sacado de muchos líos y sinceramente, le debo la vida porque creo que habría muerto en cualquier borrachera. Sebastián es mayor que nosotros por tres años y siempre está ahí para salvarnos el culo; y para calmar a Anastasia cuando se altera con nosotros.
— Y aquí están nuestras queridas gallinas y patos —dice Evan apoyándose en la verja—. Todo lo demás, es campo.
— Interesante —dice Alicia— ¿Y ahora?
— Ahora vamos a ir a comer algo porque me muero de hambre —digo—. Me da a mí que tenéis que asimilar el lugar.
— ¿Asimilarlo? Sabemos lo que es una granja.
— A tu hermana le dan miedo los animales —señalo a Anuk y ella se cruza de brazos.
— ¿Te dan miedo los animales? ¿Todos? —Pregunta Evan.
— Así que, dudo que lave a un caballo, ordeñe a la vaca y dé de comer a las gallinas. Aún que es durante la mañana, el resto del día se ocupa el turismo.
— Todo es ponerse —responde la castaña con puntas rubias.
— Me alegro que tengas interés, vengan, volvamos. No se puede estar ya aquí fuera.
Hago un movimiento de cabeza y Alicia se pone a mi lado para empezar a caminar hacia la casa. Evan va detrás con Anuk, intentando convencerla de que los animales no le hacen nada a menos que tú los ataques.
Nos sentamos en el porche trasero, en la sombra con unos refrescos. Las chicas se dedican a ponerse el refresco sobre su piel antes de beberlo para intentar refrescarse.
— Tenemos un cubo con agua ahí —lo señalo—. Pueden refrescarse con esa agua.
— ¿No está verde? —Pregunta mi hermano.
— La cambié esta mañana —le doy un gran sorbo a mí lata.





