Guardaespaldas

sigue narrando Annie

Me acerqué al oficial y le dije del mal olor del armario. Ese día se llevaron a las monjas y clausuraron el hospicio. O al menos en aquella época porque ahora mismo, lo han reabierto y la misma monja, ya de casi 80 años, quien está a cargo. No sé como voy a hacer para que no dañe a ningún otro niño.

Después de eso entré al sistema de acogidas y tuve la suerte de que una pareja mayor me adoptó. Me criaron con amor, no tenían mucho dinero, pero vivíamos bien. Sin embargo, emocionalmente nunca fui realmente estable. Los gritos me asustaban, me aterrorizaba hacer algo mal y que me devolvieran.

Recibí educación en casa y cuando estaba por entrar a la universidad tuvieron un accidente. Papá, él murió de forma inmediata y mamá, ella quedó en silla de ruedas

Así que el dinero que habían guardado para mis estudios, lo usaba para pagar el sitio donde la cuidaban. Ella casi no hablaba, estaba ausente y no me reconocía. Lo que es bueno porque me dolería muchísimo que viese lo mal que lo estaba pasando. Hubo meses donde los gastos en la clínica aumentaban más y por eso acabé poniendo la casa en venta, lo que me dejó en la calle literalmente.

Ser pobre es una mierda, lo sé bien. Pero, si a eso hay que sumarle el tener que aguantar las miradas lascivas de un puto viejo verde, pues entonces he de decir con toda certeza, que estoy bien jodida. Porque el tipo que me alquila el lugar donde vivo, me da miradas que prometen desvestirme y violarme, no exagero.

Y lo peor, es estar atrapada sin poder escapar. Sé lo que piensan, debería irme, salir por la puerta, huir…pero no puedo hacerlo pues no tengo dinero ¿Recuerdan que les dije que soy pobre?

Soy una persona pobre con más de 300 mil dólares en el banco, pero ponerla en una clínica del estado, eso ni siquiera podría considerarlo. Me gustaría tener alguien con quien contar, alguien en quien apoyarme cuando la carga del día a día es espeluznante y aterradora. Y es difícil dormirse con hambre, soportar el dolor y beber agua para engañar el estómago.

Incluso mil dólares mensuales —que son lo que pago por este sitio—son una jodida ganga, una que deja que me alcance solo para comer una vez al día y pagar los servicios básicos.

Pero hay gente peor. ¿Cierto? O quizás creo en eso ya que me lo repito a diario, es mi mantra. Sea como sea, no tengo muchas opciones, pero, aunque sea pobre tengo algo de amor propio y aceptar la oferta de mi casero, de coger con él para evitar el pago, no me gusta.

No soy una mojigata —aclaro que soy virgen, pero leo bastante— y quizás si mi casero fuese un hombre joven y apuesto me lo pensaría —una tiene que comer— pero el sujeto tiene más de sesenta años, huele mal y le faltan varios dientes, ¿entienden mi reticencia?

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