Esposa a la venta

El viejo sostenía mi muñeca con tanta fuerza que creí que la rompería.

-Lo siento caballero, pero ella no está a la venta.

-Te doy 200 euros- Ofreció, no estaba a cuanto vendían la hora conmigo, pero seguro que en un par de meses ganaba más que eso.

-Ya le dije, no está a la venta.

-Todos tienen un precio… ¿Qué tal 500?

-No me haga repetirlo…

-Entonces 2000 euros- Insistió, me sorprendí, eso no era poca plata ¿Qué tan rico era para ofrecer ese monto como si nada?, pero aún más importante ¿Por qué insistía tanto conmigo? podría haber escogido cualquiera de mis compañeras de condena, pero él me quería a mí a toda costa, entonces caí en cuenta de que estaba ofreciendo euros, quizás de donde él venía eso no era tanta, tanta plata.

-En serio, no está a la venta…

-Todos tienen un precio… Le pagaré 100.000 euros, puede cobrar el cheque mañana mismo.

El lo quedó mirando mientras dibujaba una ambiciosa sonrisa en su rostro, acarició mi cabello y puso una mano sobre mi hombro provocándome un escalofríos.

-Bien, ya que tanto la quieres, si me das 500.000 euros te la puedes llevar.

-Trato hecho- Respondió el hombre de traje, yo no lo podía creer, eso eran más de 400 millones de pesos chilenos, hizo rápidamente un cheque, tomó mi mano y se lo pasó a mi proxeneta- Listo, ya vámonos- Agregó tirando de mi brazo mientras yo intentaba digerir todo eso- ¡Camina!- Exclamó como si tuviera mucha prisa.

En cuanto salimos subimos a un Porche último modelo, lo miré de reojo mientras él ponía el auto en movimiento, no entendía porque un hombre como él necesitaría contratar y, aún más, comprar una puta… No era feo, era joven y claramente millonario, tenía cierto magnetismo que en mi posición me parecía escalofriante, pero si lo hubiera conocido de otro modo creo que lo hubiera encontrado agradable.

-¿Te puedo hacer una pregunta?- Dije armándome de valor, él levantó una ceja como si le molestara que hablara- ¿Por qué me compraste?... Me refiero a que… No entiendo por qué un hombre como tú necesitaría comprar a alguien como yo…

-¿A qué te refieres con eso de un hombre como yo?

-Ya sabes… un hombre joven, rico y… algo guapo- Respondí con timidez, él sonrió.

- ¿Te parezco guapo? Que bien, eso facilitará las cosas y… En cuanto al porqué… Necesito una esposa y no tengo el suficiente tiempo como para perderlo en cosas sin sentido como seducir y enamorar a alguien, además que, aunque lo hiciera, nadie me asegura que quiera casarse… Así que es más fácil así…

- ¿Quieres que me case contigo?

-No es que lo quiera, pero como dije, necesito una esposa.

- ¿Y por qué insististe conmigo y no escogiste a alguien más?

- ¿Acaso quieres que te devuelva?- Dijo levantando una ceja.

-No, no, lo siento…

-Te elegí porque eras la única que se veía medianamente decente… Mi madre jamás creería que elegí a alguien… Ya sabes, de bajos recursos… Estoy seguro de que, si te pongo un vestido caro pasas totalmente desapercibida, como si fueras un miembro más de la aristocracia española.

-Entiendo… -No estaba segura de si eso era un halago o un insulto… Decía que lucía como alguien de la clase acomodada, pero al mismo tiempo se refería a mi como si fuera un objeto, una muñeca que puede vestir, arreglar y usar a su antojo… Aunque, en realidad, lo más probable era que eso era exactamente lo que significaba para él, Pero bueno, eso era lo de menos, eso era mil veces mejor que el cuartucho en el cual había vivido el último tiempo, si tuviera que elegir a alguien, no duraría en mi elección.

-Te explicaré lo que tienes que hacer y… Será mejor que tu actuación sea convincente, deben creer que somos una pareja real.

- ¿Y por qué necesitas casarte con tanta urgencia?

-Por trabajo, mi padre falleció hace un tiempo y en su testamento me deja el control total de su empresa, pero puso la estúpida condición de que para asumir el cargo que por derecho me corresponde debía casarme para poder tener hijos legítimos que puedan heredar nuestro legado- Dijo hablando de forma extremadamente formal, era como si no le importara la muerte de su padre, todo lo que le importaba era conseguir la presidencia de la empresa. Seguro que era una de esas grandes compañías internacionales, él tenía acento español así que supuse que su negocio también lo era.

-Entiendo- Dije mirando por la ventana, no reconocía nada, solo sabía que no estábamos en Chile, la ciudad era muy distinta a las de mi país natal. De pronto pasamos por un edificio antiguo muy bien mantenido que tenía dos banderas españolas, en una placa decía “ayuntamiento de Barcelona” ¿Cómo había llegado hasta ahí?

De pronto sentí su mano en mi muslo, lo empezó a acariciar mientras sujetaba el volante con la otra mano, sin pensarlo la hice a un lado, sin embargo eso no lo detuvo, siguió insistiendo.

-¡Ya basta!- Exclamé harta, no iba a dejar que él hiciera lo que quisiera conmigo, quizás me habían vendido, pero si había algo que no podían quitarme era mi dignidad… O al menos no toda…

-¿Qué? ¿Acaso creíste que no te tocaría?... Eres una puta después de todo- Dijo en tono burlesco, lo cual me dolió mucho, aunque técnicamente, era cierto.

-No lo soy… Yo… No estaba ahí porque quisiera…

-¿Crees que no lo sabía?... Pensé que eras más lista que eso…

-Entonces sabes que yo no soy… Una… Prostituta…

-Me da lo mismo lo que creas que eres, te compre, eso te hace mía y tienes que hacer lo que yo te diga- Dijo acercando su mano un poco más a mi sexo.

-En serio… Para- Intenté detenerlo.

Él apartó la mano y yo suspiré de alivio pensando que tendría al menos unos minutos de paz, pero no fue así, estacionó en una zanja, se subió sobre mi y después de poner mi asiento en forma horizontal agregó:

-A ver si lo entiendes de una buena vez- A medida que hablaba me quitaba el pequeño babydoll transparente que usaba como vestido- Soy tu dueño… Y a mi nadie me dice que no ¿Oíste? -Yo asentí, al parecer no era muy distinto a mi proxeneta, solo era un monstruo usando un traje caro.

-Por favor… Hare lo que quieras, pero no me obligues a hacer esto- Dije entre lágrimas.

-Esto es lo único que quiero de ti ahora mismo.

Dicho esto, empezó a besar mi cuello, en la posición en que estaba no tenía mucha libertad de movimiento, el asiento funcionaba como una especie de red la cual era sellada con el peso de su cuerpo, de todos modos, me resistí como pude aunque él ni se inmutaba.

-Ya quédate quieta, perra- Dijo mientras se quitaba la camisa.

Entonces noté que mi mano estaba muy cerca de la manilla, “Solo un poco más y la alcanzaré” Pensé aprovechando los segundo que sus manos dejaron de recorrer mi cuerpo para desnudarse, tomé la manilla y abrí la puerta.

-¡Perra tu abuela!- Grité empujándolo con mis piernas y salí del auto como pude… Aunque eso no me duró mucho.

-¡¿A dónde crees que vas?!- Dijo tomándome del cabello, luego tiró de mi brazo y me obligó a volver a entrar, sin soltarme cerró la puerta, puso el seguro y una vez que me tuvo de nuevo entre sus brazos me dio una bofetada- ¡¿Qué parte de eres mía no entiendes?! ¿En serio crees que te dejaré ir así como así?

-Lo siento- Respondí, él puso una mano en mi cuello y mientras lo apretaba quitándome el aire agregó.

-Si vuelves a hacer algo así puedes darte por muerta ¿Entendiste? -Yo asentí- Juro que me importará un comino cuanto haya pagado, putas hay en todos lados, puedo reemplazarte en cosa de minutos- Continuó su discurso mientras yo me asfixiaba, luchando desesperadamente por obtener un poco de aire pero él no daba su brazo a torcer “Por favor” Supliqué hablando solo con los labios mientras mis ojos se llenaban de lágrimas- Si te suelto ¿Serás una buena chica?- Asentí desesperada, sabía que era cosa de segundos para que la falta de aire me lanzara a los fríos brazos de la muerte, él me soltó mientras dibujaba una sonrisa triunfal en su rostro.

Tomé una gran bocanada de aire, como quien sale a flote después de haber estado varios minutos bajo el agua. Mientras yo me recuperaba él sacó una cuerda de la guantera.

-No quería llegar a esto… Pero no me dejas opción- Dijo mientras me amarraba las manos y las aseguraba a un fierro que había entre los asientos.

No dije una sola palabra en todo el viaje por temor a desatar su furia, pensé que él sería menos peligroso que mi secuestrador, que sería más fácil escapar y volver a mi vida normal, pero más temprano que tarde entendí que solo era un lobo con piel de oveja, como dije, un monstruo, un psicópata que vestía un traje caro. Creo que era aún peor, su posición social y su fortuna le daban la idea de que podía hacer lo que quisiera sin consecuencias, que era una especie de cruel e intocable dios. Nos alejamos un poco de la ciudad antes de llegar a su casa o mejor dicho, mansión. Era incluso más grande que muchos de los hoteles que conocía, su jardín no tenía nada que envidiar al del castillo del rey de España, la construcción era estilo medieval aunque se podía apreciar ciertos toques modernos en la seguridad de las ventanas, algunas escaleras y un par de puertas, seguramente a raíz de alguna mantención.

El interior de la vivienda era aún más impresionante, mármol por todas partes, enormes lámparas que parecían hechas de oro colgando del techo, todas las habitaciones eran muy espaciosas y tenían un estilo de muebles que jamás había visto, ni en las más exclusivas revistas de decoración, lo más probable es que los mandaran a hacer según sus gustos y la dimensión de los espacios.

Entramos a una habitación en la cual había una cama tamaño King, con postes y un par de tules que formaban una especie de cortina, las cortinas de las ventanas parecían de seda o algo así, tras una de ellas había un balcón con una pequeña mesa y una silla. A un lado de la cama un enorme armario en el cual seguro podría haber guardado toda la ropa que había usado a lo largo de mi vida y sobraría espacio, al otro lado un tocador, un espejo de pie donde me podía ver de cuerpo entero y un perchero lleno de vestidos elegantes.

-Pruébate este- Dijo sacando un vestido largo de color rojo. Lo tomé con las manos un tanto temblorosas, aún las tenía amarradas- E intenta calmarte, nadie creerá que eres mi prometida si sigues con esa actitud.

-Lo siento… Pero es un poco difícil relajarse después de todo lo que ha pasado- Le respondí tímidamente, él puso los ojos en blanco y soltó mis manos.

-Bien… Supongo que tienes razón, necesitas un tiempo para adaptarte ¿no? -Dijo tras un suspiro aunque su tono de voz no combinaba para nada con sus palabras, no estaba segura de qué daba más miedo, si su actitud cuando estaba furioso o esa cosa pasiva agresiva que te descolocaba por completo, al menos con su furia sabía que hacer, pero con esto no estaba segura de cómo actuar.

-Yo… Yo… Te agradecería si me das algo de espacio… Solo si se puede, si no, está bien… ¿Sabes? Mejor olvídalo… Yo…- Empecé a decir.

-Tienes 15 minutos para familiarizarte con la habitación y ni se te ocurra intentar nada estúpido, hay cámaras en todos lados- Dijo y salió de la habitación antes de que pudiera contestar.

Yo volví a colgar el vestido, me puse una bata que había colgada al lado del espejo y me asomé por el balcón sin acercarme mucho al borde para no dar la impresión de que intentaba escapar. Aunque de todos modos no lo habría podido hacer pues estaba rodeado por una reja impenetrable, las ventanas tenían el mismo tipo de seguridad, además pude notar que habían guardias repartidos de forma uniforme desde la puerta de la mansión hasta el portón principal, solo por curiosidad los empecé a contar, 1, 2, 3… 20… 35. “35 guardias, seguro que ni el mismísimo presidente tenía el mismo numero de guardias en su casa” ¿Qué secretos ocultaba en esta enorme mansión que necesitaba tantos hombres para resguardarlo? ¿Acaso tenía una especie de caja fuerte? Me pregunté “Supongo que así es la gente rica” Fue la única respuesta que encontré.

Me tiré en la cama mirando la tela que unía los 4 pilares mientras pensaba en todo lo ocurrido, la habitación parecía como de una princesa de cuento, la ropa era hermosa, ni hablar del resto de la casa, pero era una prisionera, no, aún peor, una marioneta que tendría que casarse por temor con su titiritero y… Solo me quedaban unos 10 minutos para procesar todo eso y aceptar mi cruel destino.

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