Ese Dulce Chico Es mío

“Al serle preguntado cómo era el demonio, el anciano hacedor de milagros Misquamacus se cubrió el rostro de forma que solo sus ojos se veían, y luego hizo una relación muy curiosa y circunstancial, diciendo que a veces era pequeño y sólido, como su Gran Alteza el Escuerzo de muchas Marmotas...", pensativa recuerda aquel trozo de su historia favorita. En medio de su caminata al gran salón de la gran casa de los Yasha, recuerda el libro que leía ayer, Manitú por Graham Masterton, claramente aprecia el universo de Lovecraft y aquella obra, hablaba de un piel roja creciendo en la nuca de una mujer, “Metafóricamente hablando, hablas de los demonios internos de una persona. Bueno, todo es psicología al final, quizás, es eso… tengo mis propios demonios, ¿lo extraño? Nunca he luchado contra ellos… Supongo”, pensativa, acaricia su cabello y suspira, para luego bostezar.

—Duscha. —Alexey, toca su brazo ligeramente para que preste atención al hombre que se acerca a ella.

—Señor Kobayashi, es un placer conocerlo. —se detiene sin apartar la mirada del contrario. Coloca sus manos hacia atrás y suspira de manera sonora, alza sus ojos. —¿Entonces?

—Sigues siendo tan insolente, desde que eras niña.

Hiroshi Dai Kobayashi. Jefe principal del clan Yakuza, Inu Yasha, reconocido por manejar, a nivel empresarial, varias manufactureras en su país. Además de todos los muertos que ha enterrado, es respetado entre la comunidad Yakuza y ningún jefe, incluso si pudiera, se atrevería a matarlo, eso es obtener una condena de por vida y convertirse en un conejo de caza mayor.

—Exacto, usted lo ha dicho, cuando era niña, supongo que ya no, ¿verdad? —sin cuidado camina hasta la sala de reuniones dejando atrás al hombre de 45 años sonriendo y negando con su cabeza. Sus discípulos ofendidos, intentan acercarse, pero el señor Dai les dice que se detenga, pues no es necesario llegar a este punto. Advierte con su mirada a los guardias de ambos clanes y se retira finalmente al salón privado.

—De verdad que no has cambiado. —cierra tras él la gran puerta, colocando seguro.

—Y tú has envejecido demasiado. —se quita la chaqueta y estira su cuello. —Estoy cansada y ya deja de mirarme así. —El hombre ríe y se sienta frente a ella. —¿No te duelen las rodillas por hacer seiza? —toma un vaso y vierte un poco de cerveza de arroz.

—No, estoy bien, este es el buen sentar a comparación de tu compostura, vaga.

—Todavía me insultas.

—Eso ha formado tu carácter.

—En parte. —lo mira y sostiene la mirada. —Mierda, ¿ahora qué pasa?

—El clan Aziz, está planeando algo, Duscha. Ayer uno de los míos vio a un miembro de Aziz salir de una empresa corporativa y especializada en software. Y al día siguiente, encontraron a la chica que le suministro los elementos colgada en su casa. —con sutileza sirve una un buen trago de sake japonés en su vaso tradicional o mejor conocido como O-choko. —La policía lo tomó como suicidio, pero descubrirnos que 6 policías fueron sobornados para fabricar pruebas. Recuerda que podemos ser tan peligrosos como quieras, pero la justicia llega de diversas formas por mucho que deseemos evitarla, por ello ¿por qué no comprar la amenaza más cercana? —toma con avidez el trago de sake y sostiene la mirada con la joven frente a él, que, con ojos pensativos, pero llenos al mismo tiempo de furia, observaba el vaso con cerveza de arroz. —Duscha, no actúes precipitadamente, sabes que los miembros de Aziz son unos malditos locos, piensa, no te diré con paciencia, te hace falta ese don. —sirven un poco más de sake y lo ofrece a la joven.

—Malditos hijos de puta. —dice aparentemente con amabilidad. —Se hicieron acuerdos de paz, pero la envidia no los deja dormir. Encima ahora pretenden atacarme, porque sé que es a mí y a mi gente ¿me equivoco?

—No, es correcto.

—Entonces, ya que no tengo “el don de la paciencia”, perdón “el maravilloso don de la paciencia” … ¿Qué sugieres anciano? —dejando que la rabia la ciegue, toma el sake. El señor Dai sabe lo furiosa que se encuentra, no puede hacerla explora sabiendo lo impulsiva que es.

—Escucha, mocosa y compórtate. —golpea la mesa con su puño, a lo que Duscha pone sus ojos en blanco y sonríe ladina. —Eres demasiado impulsiva, claramente te falta la paciencia de tu fallecida abuela, que en paz descanse con los dioses. Pero esta vez no solo puedes ir para calmar a las bestias, esta vez los hermanos Bashar están decididos a acabar con el clan Romanóv, debemos ser más inteligentes, por respeto a tu padre, por respeto a tu abuela. —perdiendo la poca paciencia toma un trago más de saque. —Pasas en bares, fiestas y teniendo sexo en cualquier lugar, sin medir consecuencias. Cualquiera puede matarte, tomando tus placeres como objeto de beneficio… Sé que no eres ninguna estúpida, de eso no me cabe ninguna duda, pero desde que supiste controlar de raíz a la mafia en este país y fuera de aquí, te has creído alguna clase de Dios inmortal, ¡Maldita sea, Duscha! Por tu seguridad desmedida estás dejando escapar cabos y ahora esos bastaros empezaron a actuar frente a tus narices. —respira hondo y frota su rostro frustrado. —Escucha, más vale ponerse en marcha ahora o de lo contrario habrá una guerra contra Aziz y sus aliados.

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