Enamorada por el Magnate

Salgo de la empresa con una sonrisa y cantando internamente la canción que venía escuchando. Tropiezo con alguien y mi día pierde todo el sazón que le pone celia, y queda amargo tal cual como la persona con la que tropiezo, Cristiana Black.

—¿Tu no ves?— me dice la mujer viéndome con rabia.

—Lo siento cristiana— finjo pesar—Es que la basura no suele caminar.

Ella esplayá sus ojos, pero yo sigo caminando, cruzó la calle y entro a la cafetería donde venden las mejores donas. El sonido de la campana en la puerta hace que la señora de edad voltee a verme. Lucí la dueña de la cafetería me sonríe con aquella calidez.

—Hola mi niña, ¿Lo mismo?— pregunta sabiendo que así es.

Asiento ella sabe que me va a dar, Café negro sin azúcar y tres donas de vainilla.

—¿Como estas?— pregunta con una sonrisa.

—Bien lu.

Me entregan la orden, pago y salgo. Entro a la recepción de la empresa saludando a todos.

—Tan eficiente como siempre— escucho la voz del hombre que me hace reír. Volteo y ahí esta parado mi jefe, con una gran sonrisa.

—Es imposible no consentirte— le digo mostrando la caja de donas.

Lo abrazo y empezamos caminar hacia el ascensor de los ejecutivos.

—Quiero que reúnas a todos en la sala de juntas, Tengo algo que decir— me ordena cuando entramos a la caja metálica.

—Como ordené Jefe.

Salimos del ascensor y nos dirigimos a su oficina, entramos y se sienta en su silla, mientras yo le coloco el café y las donas en el escritorio. El sonríe y empieza a comer como niño pequeño.

—Te subiré el sueldo— Dice de la nada.

—Mmm. ¿Ah qué se debe tan buena noticia señor Black?— Digo en tono burlón.

—Ah que eres una grandiosa secretaria, pero más que todo es por lo hermosa que eres.

De mi garganta brota una carcajada. Amo al condenado viejo.

—¿Siempre estarás para las Empresas Black cierto?— pregunta después de beber de su café.

—Depende— digo viéndome las uñas—Si me ofrecen un trabajo con un sueldo más elevado y un jefe que no sea tan gruñón, me voy cariño.

El ríe mientras niega con la cabeza.

—Claro que no— afirmo— estaré para ti siempre.

Le doy una sonrisa y me voy a mi escritorio a convocar la junta. Aprovecho para revisar las notificaciones.

Tengo varios mensaje de WhatsApp donde veo varios de mi mami, la extraño. Otros de el grupo que tenemos las chicas y yo, y por último de Antonio el dueño del bar donde jodi anoche.

Antonio

Mira mocosa, Dejaste tu brillo labial aquí. Otra cosa, me debes varias botellas de whisky.

Yo.

¿Ese eres tu con una excusa para verme?. Ja esas botellas eran cortesía de la casa papi.

Veo las notificaciones de instagram, varios seguidores nuevos, Mensajes de árabes pervertidos que no faltan y... La foto del hombre más bello que he visto en mi santa vida. La foto fue publicada en una página de chismes. Voy abrirla foto cuando mi celular es arrebatado de mis manos.

—Vamos, Ya la junta va a empezar— me dice Harry.

Me levanto pidiéndole mi celular, me lo entrega y entramos a la sala de juntas. Ya están todos.

—¿Todo bien cristiano?—Pregunta uno de los socios.

—Si, nada de que preocuparse. Los invoque para anunciarles mi retiro de la presidencia de las compañías Black.

Dice el viejo y mi mundo se tambalea por unos segundos, Creo que escuché mal. ¿Como que se va?.

La sala se llena de murmullos y yo solo estoy esperando que el señor diga que es una jodida broma, pero pasan los minutos donde los murmullos no cesan y en no dice nada.

—¿Como que te vas?, ¿quien quedara a cargo?, ¿Danilo?, ¿Rafael?.

Pregunta el socio puertorriqueño, un señor que le calculó 50 años.

—No, quedara cargo mi hijo mayor. Cristián Black— dice cristiano.

La sala queda en silencio.

…………..

Así se llama el hijo de mi jefe, Cristián Black...

Mi jefe nos hace abandonar la sala mientras el se queda con dos de sus socios más importantes. Me siento triste, pensar que cristiano se va me pone asi.

—El hijo mayor del jefe es todo un papucho—Dice una de las secretarias que van delante de mi. Ay no, ya van a empezar con sus fetiches raros de cogerse a los jefes.

Mi móvil suena, lo saco y sonrió cuando veo de quién es el WhatsApp.

Antonio

¿Quien dice que te quiero ver?, No te creas tan importante castaña. Ni de coña las botellas no iban por la casa.

Yo.

Ja, agarra papel y lápiz, has una caligrafía que diga que no me quieres ver para que así tu te la creas. Y si le quieres cobrar las botellas a alguien que sea a tu administración. Bye.

Guardo mi celular y me pongo a revisar los correos pendientes, los pedidos y todo referente al marketing de la empresa. Cuando veo la hora en mi móvil y ya son las tres de la tarde. ¡Mierda!.

Toco la puerta de la oficina del jefe y escucho un adelante. ¿En que momento entro a su oficina?.

—Eres un ingrato mal agradecido— le reclamo— ¿Que mal te hice para que te vayas? ¿Para que no me lo dijeras primero? Ya veo que te doy igual— armo un drama, pero el lo que hace es reír.

Quien se cree este señor como para no decir que tenía pensado dejar la empresa. O sea si se que es el jefe, pero igual.

—Ya estoy viejo— dice quitándose los lentes—Quiero descansar con mi esposa viajar y disfrutar. No me das igual, eres importante y lo sabes.

—Patrañas— digo moviendo mi mano— No estás viejo, estás en las condiciones perfecta para se un suggar. Si fuera importante me lo hubiese dicho antes a mi que al resto. Me siento indignada.

—Ja, lo dirás por mi dinero. Pero créeme si algún día me da por querer a una suggar baby, tu serás mi primera opción.

—Eso espero.

El viejo le sale una carcajada. Se que lo extrañaré mucho.

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