El aire en la cocina de "El Alma" estaba cargado de tensión, una tensión que no tenía nada que ver con el servicio de la noche. Era por el caso de Jaramillo.
"El Patrón" Jaramillo, un narcotraficante cuya brutalidad era leyenda en Bogotá, había sido arrestado. Su defensa, desesperada por limpiar una imagen manchada de sangre, quería organizar un evento benéfico. Y nos habían elegido a nosotros.
Camila, mi pasante, tenía los ojos brillantes de ambición.
"Sofía, por favor, déjame encargarme de esto. Es la oportunidad de mi vida."
La miré. Era joven, talentosa, pero ingenua. No entendía lo que significaba asociar nuestro nombre con el de Jaramillo.
"No, Camila. Es demasiado arriesgado. El menú es complejo y la reputación de ese hombre es veneno."
Su cara se transformó. La admiración se convirtió en resentimiento.
"¡No es justo! Siempre me tratas como a una niña."
Mateo, mi novio y socio, intervino, como siempre, para defenderla.
"Sofía, no seas tan dura con ella. La chica solo quiere demostrar lo que vale."
Ignoré su tono condescendiente. Mi decisión estaba tomada.
"He dicho que no."
Furiosa, Camila se quitó el delantal y lo tiró al suelo.
"¡Renuncio! Me voy a México, allí sí sabrán valorar mi talento."
Se fue dando un portazo. Mateo me miró con una frialdad que me heló por dentro.
"¿Ves lo que has hecho? La has humillado."
No respondí. A pesar de todo, organicé el evento para Jaramillo. Fue un éxito rotundo. Mi fama se disparó, pero en el fondo, sentía un vacío.
Los años pasaron. Jaramillo salió de prisión por un tecnicismo legal. Yo estaba embarazada de ocho meses, feliz, creyendo que el pasado estaba enterrado.
Una noche, Mateo llegó a casa con una sonrisa extraña. Me ofreció una copa de jugo.
"Para la futura mamá."
Lo bebí, sin sospechar nada. Lo siguiente que recuerdo es despertar atada a una silla, en un almacén abandonado. Jaramillo estaba frente a mí, con una mirada animal.
Mateo estaba a su lado.
"Ella te saboteó, Patrón. Si le hubiera dado el evento a Camila, ahora estarías libre. Pero la humilló, la obligó a irse a México."
Jaramillo no necesitaba más. La tortura fue indescriptible. Sentí cómo la vida de mi bebé se apagaba dentro de mí antes que la mía.
Mientras la oscuridad me envolvía, escuché la voz de Mateo, un susurro venenoso.
"Camila murió en un tiroteo de cárteles en México. Esto es por ella. Te lo merecías."
Morí.
Pero entonces, abrí los ojos.
Estaba en la cocina de "El Alma" . El sol entraba por la ventana. Camila estaba frente a mí, con los ojos llenos de súplica.
"Sofía, por favor, déjame encargarme de esto. Es la oportunidad de mi vida."
El recuerdo de la sangre, el dolor, la traición, era tan real que casi me ahoga. Pero en lugar de gritar, sonreí. Una sonrisa fría y afilada.
"Claro, Camila. El proyecto es todo tuyo."





