La sorpresa en los rostros de Camila y Mateo fue casi cómica. No esperaban que cediera tan fácilmente.
"¿De verdad?" , tartamudeó Camila, incrédula.
"Por supuesto" , respondí, mi voz era calmada, casi dulce. "Es una gran oportunidad. Demuestra lo que vales."
Mateo me miró con sospecha, pero la alegría de Camila era tan genuina que borró cualquier duda. Se abrazaron, celebrando su pequeña victoria.
"¡Gracias, Sofía! ¡No te decepcionaré!" , exclamó ella.
"Lo sé" , dije. "Pero necesitarás mis recetas, ¿no? Las notas de la abuela."
Los ojos de ambos brillaron con codicia. Esas recetas eran el alma del restaurante, el secreto de mi éxito. Eran mi herencia, el conocimiento ancestral de mi abuela curandera del Amazonas, fusionado con mi técnica.
Fui a mi oficina y volví con la vieja libreta de cuero, la que contenía generaciones de sabiduría. Se la mostré.
"Aquí está todo."
Mateo extendió la mano para cogerla, pero la retiré en el último segundo.
"Pero hay un problema" , dije, mirándolos fijamente. "Estas recetas son mías. Mi alma está en ellas. Y si yo no estoy, ellas tampoco."
Ante sus ojos atónitos, abrí la libreta y, con un mechero que saqué del bolsillo de mi delantal, prendí fuego a la primera página.
Las llamas consumieron la caligrafía de mi abuela, convirtiendo la tinta en ceniza.
"¿¡Qué haces!?" , gritó Mateo, intentando arrebatármela.
Lo esquivé y seguí quemando página tras página. El olor a papel viejo y a hierbas secas quemándose llenó el aire. Era el olor de mi pasado haciéndose humo.
"Mis creaciones no pueden ser replicadas" , declaré, mi voz resonando en el silencio tenso. "Nacieron de mí. Mueren conmigo."
Cuando la última página se convirtió en ceniza, dejé caer los restos humeantes al suelo y los pisé.
"El restaurante es vuestro. Disfrutadlo."
Me quité el delantal, el mismo que Camila había tirado al suelo en mi otra vida, y lo doblé cuidadosamente sobre el mostrador.
"Estás loca" , siseó Mateo, su cara roja de ira. "¡Te demandaré! ¡Has destruido propiedad del restaurante!"
Me encogí de hombros. "Demándame. Pero sin mis recetas, este lugar no es más que un local caro con una cocina bonita."
Caminé hacia la salida, ignorando sus gritos y amenazas. Por primera vez en mucho tiempo, me sentía libre. El peso de "El Alma" se había desvanecido.
Ahora solo quedaba la venganza. Y yo tenía un ingrediente secreto que ellos desconocían por completo.





