El Juego de la Traición: Un Final Inesperado

El olor a desinfectante del hospital era lo único real.

Todo lo demás se sentía como un sueño borroso. Mi boda con Mateo, la hacienda andaluza, mi vestido de flamenca... todo estaba a solo unos días de distancia.

Ahora, mis piernas no respondían.

Los médicos dijeron que un coche me atropelló. Dijeron que el conductor fue imprudente.

Mateo estaba a mi lado, sosteniendo mi mano. Su rostro mostraba una preocupación profunda.

"Sofía, mi amor, no te preocupes. Me encargaré de todo. Ese desgraciado pagará por lo que te hizo."

Su voz era mi único consuelo. Llevábamos cinco años juntos. Él era mi todo.

Cerré los ojos, agotada por el dolor. Me hundí en una duermevela, escuchando los sonidos amortiguados del hospital.

Entonces, oí la voz de Mateo, más baja, diferente. Hablaba con el médico fuera de mi habitación.

"Doctor, ¿está seguro de que no hay otra opción? Retrasar la cirugía es lo mejor para ella ahora. Su cuerpo está demasiado débil."

La voz del médico sonaba insegura.

"Señor... Mateo, entiendo su preocupación, pero cada día que pasa reduce las posibilidades de que la señorita Sofía vuelva a caminar. La intervención es crucial y debe ser inmediata."

"Haga lo que le digo," la voz de Mateo se volvió fría, cortante. "Yo soy su prometido. Yo decido. Retrase la cirugía una semana más."

Mi corazón se detuvo.

No, no podía ser. Debí haberlo oído mal.

El médico se fue, y Mateo volvió a entrar. Se sentó a mi lado, me acarició el pelo.

"Descansa, mi vida. Pronto estarás bien."

Su toque se sentía como hielo.

Fingí seguir dormida, pero mi mente era un torbellino. ¿Por qué haría eso? ¿Por qué querría que yo quedara paralítica?

La noche siguiente, mientras él dormía profundamente en el sillón junto a mi cama, tomé su móvil.

Mis manos temblaban.

Lo desbloqueé. Conocía su contraseña, era la fecha de nuestro aniversario. O eso creía yo.

Busqué en su galería de fotos. Y allí estaba. Un álbum oculto llamado "Mi verdadero tesoro".

Lo abrí.

Decenas de fotos de una mujer, Elena, y un niño pequeño. El niño tenía los ojos de Mateo. Se llamaba Leo.

Mi respiración se cortó.

Seguí buscando. Encontré sus conversaciones con Elena.

"Pronto, mi amor. Sofía quedará inválida. No podrá oponerse a nada. Adoptaremos a Leo y le daremos mi apellido. Su familia nos dará el estatus que merecemos."

"¿Y qué pasa si se recupera?", escribió Elena.

"No lo hará. Me aseguraré de ello. Durante una segunda operación, diré que hubo complicaciones. Le quitarán el útero. Nunca podrá tener hijos. Solo tendrá a nuestro Leo."

El teléfono se me cayó de las manos, pero lo atrapé antes de que hiciera ruido.

El aire se volvió pesado, irrespirable.

Mi amor, mi vida, mi futuro... todo era una mentira.

Yo no era su prometida. Era un peón. Una herramienta para darle un apellido a su hijo secreto.

Miré a Mateo, que dormía plácidamente. Su rostro parecía el de un ángel.

Pero yo ya sabía que era un demonio.

Y en ese silencio de hospital, con el corazón hecho pedazos, tomé una decisión.

Si él quería que yo fuera una inválida dócil, eso es lo que vería.

Hasta el día de mi venganza.

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