Mi hermano Ricardo me encuentra en su bar de tapas en Logroño, con una copa de vino que no he tocado.
"Javier, ¿qué ha pasado? Tienes una cara terrible".
Ricardo siempre lo supo. Siempre desconfió de Isabel. Cuántas veces intentó advertirme, y cuántas veces yo, ciego de amor, me enfadé con él.
Le cuento todo. La confesión, la llegada de Mateo, la palabra "papá" saliendo de la boca de mis... de sus hijos.
Ricardo no dice "te lo dije". Solo aprieta mi hombro con fuerza.
"Esa mujer es un demonio. Y ellos... ellos no merecen llevar el apellido Montoya".
Su apoyo es el único ancla que me queda.
Al día siguiente, llamo a mi abogado y cambio mi testamento.
Toda la fortuna de Bodegas Montoya, cada viñedo, cada barrica, cada botella, será donada a una fundación para la preservación de viñedos antiguos de La Rioja.
No les dejaré nada. No se beneficiarán de mi vida de trabajo y humillación.
Isabel muere dos días después.
El funeral es un espectáculo de hipocresía. Toda la alta sociedad vinícola de La Rioja está allí, lamentando la pérdida de la "gran dama" de las Bodegas Montoya.
Sergio y David me ven llegar y se acercan, sus rostros son máscaras de furia.
"¿Qué has hecho?", sisea Sergio. "El abogado nos ha llamado. ¿Una fundación? ¿Te has vuelto loco?".
"Esa bodega era nuestra", añade David, empujándome. "Tú no eres nadie para quitárnosla".
Mateo se queda atrás, observando con una sonrisa de superioridad.
"Esa bodega la construí yo", respondo, mi voz temblando por la debilidad de mi propio cuerpo enfermo. El cáncer de estómago, diagnosticado hace meses, me está matando lentamente. Años de estrés, de tragarme la infelicidad.
"¡Tú no construiste nada! ¡Solo eras el tonto que pagaba las facturas!", grita Sergio.
Me golpea.
El puñetazo me pilla por sorpresa y caigo al suelo, sobre la tierra de los viñedos que tanto amo.
David se une. Patadas. Una en el estómago, que me deja sin aire. Otra en la cabeza.
El mundo empieza a oscurecerse.
Lo último que veo es a Mateo, asintiendo con la cabeza, aprobando la paliza.
Lo último que pienso es en el error. El día que le pedí matrimonio. Si pudiera volver... si pudiera cambiar ese día...
Todo se vuelve negro.





