El diario de Mi Difunta Esposa

Al llegar a casa, Elliot se sintió miserable, puso sus manos en su cara y se echó a llorar, las palabras de su suegro se quedaron en su mente, si bien nunca fue fiel a Rise, pero él siempre trató de compensar sus infidelidades con mimos y regalos ¿a qué se refería cuando dijo que ella vivió infeliz?  cuando viajaba trataba de llamarla y escribirle para que no se sintiera sola, tampoco dejó que Rise supiera de sus amoríos, cada vez que volvía a casa encontraba a una mujer feliz y amorosa que lo recibía con alegría, Elliot se levantó y observó que en la casa no había ni una sola foto de Rise, no estaban las fotos de su luna de miel y tampoco las de su boda, corrió rápidamente a su habitación y abrió el armario para darse cuenta que estaba vació, no había ningún rastro de Rise en esa casa, lo cual hizo que Elliot estallara en cólera, corrió rápidamente y se dirigió a la casa de sus suegros, cuando llegó empezó a reclamarles de manera violenta.

-¿Quiénes creen que son para entrar a mi casa y sacar mis cosas de ahí? ¿Quién los autorizó a tomar las pertenencias de Rise y nuestras fotos?     

Los dos ancianos quedaron desconcertados con las declaraciones de Elliot, se miraron a las caras sin saber qué hacer 

-No sé de qué no estás hablando , nosotros no hemos sacado nada de tú casa- afirmó el anciano. 

Elliot con los ojos rojos de la rabia volvió a gritar.

-¿Creen que soy estúpido? devuélvanme nuestras fotos y la ropa de Rise, no tienen derecho a llevárselo.  

En ese momento la anciana se levantó y abofeteó a Elliot mientras lo miraba con ojos de dolor.

-¿Crees que voy a querer algo que tú ya contaminaste? no hemos agarrado nada, si no nos crees puedes revisar nuestra casa. 

Elliot caminó por toda la casa y revisó hasta el último rincón, cuando se convenció que ellos no lo tenían salió corriendo de la casa y llamó a la señora de la limpieza, cuando ésta contestó le preguntó por las fotos y la ropa.

-Lo siento señor, pero hace unos días la señora sacó unas cajas de ropa para donar, no sabia que eran sus propias pertenencias, en cuanto a las fotos no lo sé, la señora las recogió y dijo que las iba a limpiar, quizá estén en alguna caja.

Elliot fue directo a su casa y empezó a buscar hasta el último rincón pero no encontró nada, Elliot golpeó la pared con sus puños por la frustración que sentía, caminó arrastrando sus pies hasta su habitación, su cabeza le quería explotar debido al estrés y falta de sueño de los últimos dos días, se acostó en su cama mirando al techo, cuando recordó que Rise siempre guardaba analgésicos en la mesita que estaba al lado de la cama, Elliot se sentó y abrió el primer gabinete y encontró el frasco, al ver esto sus ojos se humedecieron, hasta el último momento Rise fue considerada con él, sin embargo aparte del frasco había un pequeño libro de cuero rojo, tenía unas iniciales doradas en el costado.

[RL]   

 -Rise Luvel- susurró Elliot. 

Rápidamente trató de abrir el libro, pero este tenia una pequeña cerradura, Elliot abrió sus ojos y comenzó a buscar la llave por toda la  habitación, hasta que por fin la encontró  debajo de la almohada de Rise; su corazón comenzó a latir rápidamente. Elliot se apresuró en abrir el libro y para su decepción, el libro estaba en blanco, su corazón se sintió pesado y se tiró en la cama con el libro en su pecho y de esa forma se quedó dormido.

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