El diario de Mi Difunta Esposa

Era de madrugada cuando Elliot se despertó por el sonido de un llanto, abrió sus ojos pesadamente y su visión era algo borrosa, pudo ver una delgada silueta sentada frente al tocador, en ese momento su corazón empezó a latir con mucha velocidad y se levantó con cuidado para atacar al intruso, a medida que se iba acercando sigilosamente pudo ver mejor a la persona que se encontraba frente a él, al mismo tiempo se escuchó más claro los sollozos de una mujer. Elliot tragó saliva y estiró su mano para darle la vuelta, su mano traspasó el cuerpo de la mujer y Elliot asustado retrocedió cayendo sentado. Todo su cuerpo empezó a temblar y un sudor frío recorrió sus sienes, su mente solo pensaba en huir del lugar pero su cuerpo se encontraba petrificado del susto. Elliot abrió sus ojos y empezó a reparar la figura de la delgada mujer, su piel era blanca y su cabello negro y desordenado acariciaban sus hombros desnudos. Elliot tomó una bocanada de aire y apretó los puños.

-¿Rise, eres tú?-  balbuceó con mucho temor, sin embargo no hubo respuesta. Elliot se arrastró para poder ver la cara de la mujer, su cuerpo temblaba haciendo sus movimientos lentos, al avanzar unos centímetros vio la cara de la mujer; soltó un leve gemido al ver que era su difunta esposa, su expresión era triste pero aún tenía una sonrisa en la cara, sus ojos estaban inmersos hacia abajo. Elliot miró a dónde se dirigía  y se dio cuenta que ella estaba escribiendo algo. -¡Es el libro rojo!- gritó en sus adentros, se levantó como pudo y trató de leer lo que escribía.

Noviembre 23 del 2016.

"Cada vez que estoy con Elliot trato de no pensar demasiado. Hoy leí el mensaje que le envió su amante mientras se duchaba… Desde que me casé con él supe que no me amaba de verdad, su corazón frío envuelto en palabras dulces y caricias me hacen entrar a un torbellino de emociones donde la felicidad y la tristeza se abrazan constantemente; sin embargo no lo puedo dejar, la cruel y dulce fantasía que me ofrece es suficiente para mi.

¿Elliot algún día me mirará solo a mí? ¿mis esfuerzos por él darán resultados?  ¡Dios mío, solo pido que en un futuro él me ame solo a mi!”

Elliot sintió un cosquilleo en su pecho, era como si se le estuviera transmitiendo los sentimientos de su esposa; frunció el ceño e intentó tocarla, pero el cuerpo de Rise se evaporó en un abrir y cerrar de ojos. Con un grito ahogado Elliot golpeó el tocador con su puño derecho y sintió como su mano se fue adormeciendo y gradualmente su brazo, muy asustado por la sensación comenzó a sacudir bruscamente su brazo.

-¡Argg!- Gritó Elliot cuando dejó de sentir su cuerpo, al no tener control de él, Elliot cayó al piso e inmediatamente despertó, con rapidez se sentó en la cama y revisó su cuerpo con desespero.

-¡Maldición! ¿Qué clase de sueño fue ese? 

Se levantó de la cama y pisó el libro rojo, por su columna pasó un corrientazo al ver el libro y recordar su pesadilla, vaciló un poco pero se inclinó y tomó el libro el cual estaba abierto, abrió los ojos sorprendido al notar que tenía algo escrito, frotó su frente y leyó el contenido. Elliot hojeo todo el diario y luego lo dejó caer, su cara se puso pálida como un papel, era lo mismo que había escrito Rise en sus sueños.

-Solo fue un sueño-  dijo Elliot mientras sobaba su pecho como si quisiera calmarse -Solo estás cansado, necesitas descansar más.

Sacudió su cabeza y se metió a bañar para ir a la empresa.

Elliot salió de su casa con unos pantalones negros y una camiseta blanca acompañado de unas zapatillas blancas. Él era un hombre vanidoso y procuraba estar vestido lo más ostentoso posible, sin embargo después de la muerte de Rise su cabeza estaba hecha un desastre ý lo único que procuraba era que su ropa combinara mientras mantenía el luto.

Al llegar a la oficina se encontró con la joven asistente con la que había pasado la noche cuando Rise murió, esta lo miró y salió a saludarlo con un abrazo, él la apartó y siguió de largo, llegó donde estaba su jefe y lo saludó con un apretón de mano.

-Lamento mucho tu pérdida, no sabía que estabas casado… he decidido darte una licencia para que puedas descansar.

-No es necesario, yo puedo seguir trabajando. 

-No, tómate tu descanso.. ya tomé la decisión y no pienso discutirlo. 

Elliot apretó los dientes, se levantó y se fue, lo último que quería era pasar tiempo en esa casa, desde la mañana que despertó estuvo inquieto sin olvidar lo que había soñado ¿Cómo iba a volver a dormir ahí después de eso? 

-Creo que hoy iré a un hotel- dijo mientras rascaba su cabeza.

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