Pero cuando, acercaba el dedo para hacer click en el mensaje, no podía.
—No puedo... soy una cobarde.
Suspiro, de nuevo hizo una mueca al darse cuenta que... tenía miedo.
<<¿Y si no me aceptaron..?>>
Cerró los ojos. Hizo una mueca.
Al entrar en el mensaje: sus ojos se abrieron ampliamente.
"Estimada Señora Domínguez:
En mi nombre y en nombre de la directiva de la universidad de CUYao, quiero en primer lugar darte la bienvenida a esta gran familia que es esta empresa, y agradecerte el esfuerzo realizado por venir aquí. Espero que en este nuevo emplazamiento te sientas como en casa y puedas comenzar a crear desde cero tu nueva red de amistades, tan grande al menos como la anterior.
Como empleada de la universidad CUYO tienes a tu disposición un servicio de guardería, lavandería y de comidas totalmente gratuito. Para cualquier duda que surja o cualquier pregunta, no dudes en ponerte en contacto con Esteban, director de recursos humanos, o puedes llamarme a mí personalmente.
De nuevo agradecerte que estés en la Universidad CUYO y nos vemos por los pasillos.
Un saludo cordial
Franco Alba.
Director General"
—¡Me aceptaron!
No podía creerlo, empezó a dar saltitos de alegría. Era como un sueño hecho realidad
No, hubiera esperado nunca ingresar a una de las universidades más prestigiosas.
¡Era un sueño hecho realidad!
¿El problema..?
Debería anunciar el motivo de su partida..
—No, soy tan valiente.
Suspiro, de igual forma a él le daría básicamente igual. Que ella se vaya. No es que él, le importa.
Lo anunciaría esta noche, cuando estén todos por comer.
Esbozo una enorme sonrisa.
Por primera vez después de mucho tiempo estaba orgullosa de ella misma.
Con ese sentimiento de esperanza en el pecho: comenzó a repasar el manual de indicaciones que le habían enviado.
Podía irse en cualquier momento, incluso le daban un departamento para instalarse. Era como un sueño hecho realidad.
Unas horas más tarde, estaba pelando papas junto con Leticia. Siempre cocinaron juntas, era una costumbre que ambas tenían y en ese momento no podía faltar su ayuda indispensable.
Leticia y Sofía, cocinarán un rico pastel de papas.
El aún no había llegado, lo único que podía escucharse eran las voces femeninas.
—Si, aún recuerdo que mi hijo, cuando era niño se había comido una papa cruda —dijo divertida.
—¿N-no le cayó mal..?
—Que linda siempre preocupándose por mi hijo. No. La verdad es que al otro día estaba como si nada.
Las dos se rieron. Y ella no pudo evitar traer a su memoria la imagen de él CEO.
Comiendo una papa cruda.
Se rió y su madre la acompañó.
—Buenas noches, llegué —comentó la voz fría y cortante de él. Podía cortar todo, con su voz gruesa.
Ella tragó saliva porque a pesar de todo: la presencia de él, provocaba estragos en ella.
—Bienvenido Lautaro ¿Cómo estás niño?
—Bien gracias mamá¿Y tú?
—Bien mi vida...
Sofía hizo una mueca, ya que ellos dos nunca hablaron aunque por un momento dejo los miedos a un lado y habló:
—T-tengo algo que comentarles —dijo con voz temblorosa y susurrante.
Lautaro, por primera ves en mucho tiempo le prestó atención. Levantó una ceja, dejó el morral a un lado.
Se sentó.





