Sarah.
Me llevó algunas horas pero pude terminar de arreglar mi disfraz, sí, es lo que están pensando ¡¡¡Halloween!!! Mi hermanita sin querer derramó una malteada sobre mi disfraz. Por suerte tenía uno en mi guardarropa que nunca había usado, en su momento lo creí demasiado gótico porque yo soy de mucho rosa pero como no estaba en condiciones de elegir tuve que conformarme solo con eso a pesar de que no era de mi agrado.
Apenas terminé de vestirme escuché la bocina de un coche, seguramente era Inés. Antes de encontrarme con las chicas, repasé mi atuendo en el espejo por última vez, después de todo me quedaba bien.
—¿Bruja? En serio —dijo Inés.
—Sí Marilyn Monroe —le dije al ver el inconfundible atuendo —. Hola chicas... —les dije a mis otras dos amigas que iban en la parte trasera del coche.
Ya en el asiento del copiloto me quité el sombrero porque saldría volando, no por arte de magia, sino porque íbamos en un descapotable.
* * *
Para distraerme un poco me tomé una selfie con una de las muchas calabazas que habían en el lugar, aunque en realidad era solo una escusa para encender mi móvil. Habían pasado una hora y media y ni tan siquiera un mensaje... UF, que plantón. Inés se acercó a mí.
—No hay noticias de Sansón... —yo negué.
—No... —le respondí, no puedía creer que mi novio me había dejado plantada.
—Tal vez... —la interrumpí.
—Tal vez ande con Dalila. —dije irónicamente —. Pues solo nos queda divertirnos...
—Así se habla... y si de fiesta se trata entonces vamos has encontrado a la persona perfecta... —dijo esta luego de peinarse con la mano la peluca rubia.
Nos subimos de nuevo al BMW de Inés.
De camino esta dijo que nos dirigíamos a un club, donde ella tenía planeado verse con su novio. Este habló con uno de sus amigos y nos dejaron entrar, menores de edad y clubes en la misma oración está prohibido. El local estaba decorado para la ocasión incluso los de la seguridad estaban vestidos de parca. Jaja, era broma no necesitaban disfrazarse, ellos siempre daban miedo. Calabazas, esqueletos, un juego increíble de luces, gran variedad de disfraces. Era estupendo. Me hice camino entre la multitud y pude llegar a la barra, tenía algo de sed, pensé pedir solo agua pero deseché la idea al ver que todos pedían otras bebidas y no solo por eso, tenía que tomar algo fuerte que me hiciera olvidar el plantón de mi novio.
Will
—¿Nos vamos ya... ? —preguntó April un tanto desesperada. Le dí una calada al cigarro y expulsé el humo.
—Cuando quieras cariño —le dijo Frank.
—Le preguntaba a mi parce... —puse los ojos en blanco.
—Nos vemos allá entonces... —les dije a ambos, arrojando el cigarro o lo que quedaba.
—Ah no, luego de esperarte tanto y ahora piensas dejarme —dijo April frunciendo sus labios que estaban pintados de negro.
—Se que antes de que me ponga el casco ya estarás aquí, tu te invitas sola... —le dije y ella me miró con los ojos entrecerrados. Frank puso los ojos en blanco y luego sentí el rugido de su Ducati.
—Ok —dijo y efectivamente, se subió a la moto y se agarró de mí con tanta fuerza que apenas podía respirar.
—April, "si quieres me puedes apretar más" —dije irónicamente.
—No quiero correr el riesgo de quedarme tirada... —ella sabía que me gustaba la velocidad —. Mmm, Frank nos lleva ventaja...
* * *
No era la fiesta que tenía en mente pero me pareció bien, chicas, alcohol... y polvo de Angel... si polvo de ángel porque ví que Angel se acercaba a vendernos la fina mercancía, darnos "la bienvenida" o a recordarnos que estábamos en el territorio de los "Big Lions".
—Oh, al parecer es cierto que los "Alacranes Negros" salen de noche... — dijo este con una sonrisa torcida, miró a Frank y luego a mí, esperaba nuestra reacción. Pero no valía la pena que estampara mi puño en su cara.
—Si, eso parece... —dije y nos quedamos en silencio.
Odiaba hablar con hipócritas. Aunque fueran aliados debíamos andar con ojo, la vida me ha enseñado a no fiarme de nadie.
Solo chocamos puños pues no teníamos esa confianza como para darnos palmaditas en la espalda. Luego su mirada oscura se dirigió hacia April que se mantenía callada, se la comía con la vista y yo puse los ojos en blanco, que mas podía hacer que no fuera sentarme y reírme de como lo ponía en su lugar.
—April te ves... —ella lo interrumpió.
—Ahorrate tus cumplidos baratos —le dijo esta riéndose en su cara, Angel tensó su mandíbula.
Miré a Frank y este no perdía detalle, aunque siempre pensaba antes de actuar cuando se trata de algún asunto con April no se anda con miramientos. Luego de esto se fue sin más.
—Will, ¿bailas conmigo...? —me preguntó April.
—Mas tarde, voy por algo de beber... — mientras caminaba hacia la barra una hamburguesa chocó conmigo, ¿quién se ponía semejante disfraz? , el chico se disculpó y se fue corriendo cuando le lancé una mirada asesina.
Halloween, calabazas, velas, disfraces todo me tiene harto... las brujas pelirrojas no. Me senté en una banqueta a su lado.
—¿Coctel zombie? —pregunté acercándome un poco para que pudiera escucharme, la chica me miró y bebió de la pajilla.
—¿Estamos en Halloween no? —dijo en tono aburrido y por alguna razón su cara y su voz me parecían conocidas, pero no recordaba de donde.
La examiné con la mirada y no, nunca me había acostado con ella. Falsa alarma. Tal vez la confundí con alguien más. La chica llevaba un vestido negro y un sombrero puntiagudo que descansaba en sus piernas.
—No crees que es una bebida muy fuerte... —me interrumpió.
—¿Dime algo viniste a decirme lo que tengo que beber? ¿O a pedir algo para tí? — nunca nadie me había hablado así y a ella no se lo dejaría pasar.
—Te dejaron plantada o algo así para que estés de tan mal humor... —le grité. Y ella se quedó congelada.
—Tan obvio es... — dijo esta mas para si misma que para mí —¡Y a ti qué...! —me dijo y yo solo pedí un trago, si fui a esa fiesta era para divertirme.
—Un tequila... —le dije al barman. Ella pidió otro cóctel.
La chica no hablaba, solo bebía y su mirada se mostraba perdida. No sabía por qué carajo me importaba , pero lo hacía y tal vez mi comentario influyó en su estado. Como me quedé observándola no tardó en hablarme.
—¿Nos conocemos? —me preguntó con el ceño fruncido y yo sonreí.
—No lo creo baby... no me hubieses olvidado. —le dije, guiñándole un ojo. Esta sonrió...
—¿Tan adictivo eres...? —dijo mordiendo sus labios rojos.
Por un instante sentí la necesidad de yo hacerle lo mismo pero cambió la vista, una chica disfrazada de Marilyn Monroe se acercó a ella.
Sarah
Inés se acercó a mi interrumpiendo la pelea, coqueteo o lo que sea que teníamos ese chico y yo.
—Ya Paulette e Isolda se marcharon y mi bombón y yo haremos lo mismo. ¿Quieres que te dejemos en tu casa?
—No, me quedaré un rato más —le dije y ella asintió.
—Cuidado con quien te enrollas, hay algunos chicos que...
Antes de que pudiera terminar de advertirme el morenazo de su novio la agarró por la cintura, le dijo algo en el oído que mi amiga empezó a reír como loca.
—Amor, Sarah se queda...
No podía irme todavía a mi casa, acordé no seguir siendo una mojigata como se empeñaban a decirme mis hermanas...
—Ok, bueno nos vemos por ahí —me dijo él.
Mi amiga se despidió y observé como se alejaban los tortolitos.
Terminé mi cóctel, miré hacia un lado pero ya el chico no estaba. Me dirigí hasta la pista de baile... y comencé a moverme al ritmo de la música. No estaba acostumbrada a eso, la bebida me estaba haciendo efecto y las luces no ayudaban mucho, estaba algo mareada y para colmo alguien chocó conmigo. Cuando me dí cuenta de quien era, no lo podía creer y tampoco lo pensé dos veces para proporcionarle una cachetada.
—Estúpido.... —le grité aunque dudo que me escuchara por el volumen de la música.
—Que coño te pasa me gritó... —oh no, no era Sansón y la chica con la que estaba con él me lanzó una mirada asesina—. No fue adrede que choqué... —me dijo este en tono muy enojado.
—Lo siento... —le dije—. Pensé que era otra persona...
Salí del local, necesitaba desesperadamente tomar aire, la noche era fresca y mi piel se puso de gallina. Coloqué los brazos en forma de jarra, respiré hondo, apreté los ojos con fuerza y los volví abrir porque sentí un rico perfume cerca de mí.
Will
April a veces era un poco intensa, por fin bailé con ella para que me dejara en paz, las cosas iban tomando un camino que no me gustaban para nada. Se lo dejaría claro.
Me tomé otro tequila y me fui a bailar. A lo lejos vi a otros chicos de la pandilla, pero no fui con ellos, esa noche quería ser alguien más.
—Hola guapo... —me dijo alguien al oído.
—María... —dije al ver la morena que se había pegado a mí para bailar la canción que estaba sonando.
—Dime, ¿tienes planes? —me dijo y le sonreí a la mexicana.
—Nos vemos en veinte minutos... —le dije y esta me dio una sonrisa perversa.
No era la primera vez que pasábamos la noche juntos, no teníamos ninguna relación, ambos nos buscábamos cuando nos necesitábamos. Sabía que la palabra relación amorosa no estaba en mi vocabulario.
Volví a la barra, esta vez por una cerveza, la pequeña brujita se había marchado pero dejó su sombrero. Lo tomé y mis pies se movieron solos hacia la salida.
Era una completa estupidez la que estaba haciendo, a lo mejor se había marchado ya, pero vi a una pelirroja y me acerqué, tenía que ser ella.
Sarah
—Olvidaste esto... —dijo el chico que estaba junto a mí en la barra.
Sin el efecto de las luces de neon, podía verlo mejor. Alto, atlético, pelo negro, antes de que pudiera seguir examinándolo me interrumpió.
—Si te sigues mordiendo el labio y mirándome así... no tienes idea de lo que soy capaz —que vergüenza, lo había hecho inconscientemente.
¿En serio tenía ese efecto en él?
No tonta solo quiere ligar contigo, dijo mi fuero interno, y sin hacerle mucho caso le sonreí.
—No, no se de lo que eres capaz... pero me gustaría averiguarlo... —le dije.
Él examinó detenidamente mi cuerpo, lo que hizo que me sintiera algo inquieta, pues no tenía las curvas que quisiera.
—Jaja... —se carcajeó quitándose el gorro, se pasó los dedos por el cabello y algunos flequillos cayeron en su frente. Cuando sus ojos se encontraron con los míos percibí un brillo diferente... —No estarás hablando en serio... niña —me dijo.
—Nunca había hablado tan en serio... — dije sin apartar la mirada.
Si hubiese estado más sobria me lo hubiera pensado, pero aunque no fuera la mejor noche no tenía por que acabar mal ¿verdad?
—Me piensas dar mi sombrero o te lo quieres quedar...
—Tranquila brujita, a tí te debe quedar mas mono que a mí —yo sonreí y puse los ojos en blanco.
Cuando estiré la mano para alcanzarlo él la retiró.
—¿Así que te gusta jugar? —le pregunté y fruncí los labios.
—No sabes cuanto... pero dudo que estemos hablando de los mismos juegos —me dijo, era el momento de retirarme, este tío iba muy en serio. Pero no podía parar...
Solo de pensarlo sentí que mis mejillas se sonrojaron. Espero que no se haya dado cuenta...
—Vaya que interesante... no sabía que aun las chicas se sonrojaban con unos comentarios tan simples. No me imagino que harás cuando te arranque el vestido —puse los ojos como plato y tragué en seco, pero luego disimulé.
—Bueno soy algo impredecible. Pero si hablas tanto, lo más probable es que me quede dormida... —un punto para tí Sarah, me dije.
—¿Así que hablo mucho...? —dijo. Acortó la distancia que había entre nosotros y mi corazón latía a la misma velocidad que los trenes subterráneos, y no exageraba—. Sí, tienes razón. Demuestra con hechos... —dijo remarcando esta última palabra.
Por suerte los diez centímetros de las botas de tacón me ayudaron bastante a no verme tan pequeña delante de él.
Y tan rápido como un lince me agarró por la cintura. Se había acercado tanto que nuestras respiraciones se entremezclaban y cerré mis ojos instintivamente.
—Dime algo... tienes novio —mis ojos se abrieron de golpe y yo asentí, él sonrió. Pensé que se arruinaría el momento—. Bueno espero que no pienses en él cuando te esté besando
Se acercó a mi oído y me dijo:
—Dime si vas hasta al final... no estoy para trucos —yo sonreí, seguro porque estaba nerviosa.
—Pues hagamos un trato... —le dije, él aún seguía con las manos en mi cintura y yo hacía un esfuerzo para que no me temblara la voz—. Tengo frío... si logras que me caliente...
Rayos, por qué le dije eso, el frío y el alcohol no me hacían pensar con claridad y él captó el mensaje.
—Bueno pues empecemos el calentamiento —dijo interrumpiéndome.
Me tomó de sorpresa pero cuando sus labios rozaron los míos sabía que no me podría detener. Sus labios eran suaves y se movían con tal rapidez que casi me era imposible seguirle la corriente. Era un beso apasionado y exigente. Llevé mis manos hasta su cuello y las suyas empezaron a recorrer mi cuerpo, por suerte sus fuertes brazos me rodearon pues como un helado en verano me hubiese derretido. Luego se separó un poco, ambos teníamos que recuperar el aliento. Por Dios que beso, me pareció mejor que los fuegos artificiales del cuatro de julio. Pero de algo si estaba segura, no podía ser el último...
Antes de que pudiéramos tan siquiera hablar, su móvil empezó a sonar... él lo ignoró la primera vez pero al ver la insistencia lo contestó alejándose un poco.
Will
Frank me estaba llamando, lo rechacé la primera vez pero al ver su insistencia me separé de la chica para ir a contestarle.
—Que sucede... Frank —le dije en cuanto descolgué el teléfono.
—Trabajo... —dijo y puse los ojos en blanco, miré a la chica y sonreí— ¿Sigues ahí Will?
—Sí... —le contesté.
—Es mejor que muevas tu culo, salimos en 20 min...
—¡Puf...!
—Te envío la dirección... —dijo mi amigo sin prestar atención a mi protesta.
—Por cierto, ni me di cuenta de cuando saliste... —le dije frunciendo el ceño.
—Jaja. Revisa más seguido tus mensajes... —me dijo y luego colgó.
Efectivamente, me había enviado un mensaje diciéndome que se marchaba. Pero quién se pone a mirar el móvil en una fiesta cuando hay tantas chicas que conquistar.
Guardé el móvil en mis vaqueros y caminé hasta la chica.
—¿Sucede algo? —me preguntó.
—No, solo trabajo. Me temo que tendremos que cancelar los planes de esta noche... —ella enarcó sus cejas.
—Ok... —me dijo, antes de que siguiera hablando la interrumpí.
—Dame tu teléfono... —le dije.
—Vaya, no conocía ese método nuevo de asaltar... besas a la víctima y luego le pides el móvil. Muy interesante —no pude evitar sonreír, pero aun así me lo dio. Empecé a teclear mi número y luego se lo entregué.
—Nos vemos por ahí linda... espero que tu novio no sea un inconveniente... —le dije.
—¿Inconveniente?
—Ya tu me llamarás... —esta vez soltó una carcajada.
Era así de risueña o solo era producto de los cocteles... daba igual.
—Eres un poco narcisista ¿sabes? —me dijo—. Quien dice que te llamaré... —dijo elevando sus cejas.
—No, no soy narcisista... solo tengo mucha confianza en mí, igual me puedes escribir por WhatsApp. —me acerqué mas a ella y le dije al oído—. Se que querrás más que estos... —le di un beso en su cuello y sentí como su suave y blanquecina piel se erizó.
—¿De qué vas disfrazado? — me preguntó.
Me separé de ella y le respondí.
—De nada —dije elevando mis hombros—. No me gustan los disfraces. Pero si le quieres poner nombre a mi atuendo, digamos que de delincuente...
Fui hacia el parqueo por mi moto.
—Ni siquiera sabes mi nombre... —me gritó.
—Descuida roja... ya habrá tiempo para eso...





