Salgo del salón de clases y respiro aliviada. La exposición resultó mejor de lo que esperaba y obtuve el total de puntos, a pesar de los imprevistos pude llegar justo antes de que empezaran las presentaciones. Las clases terminan y aprovecho para tomar un poco de aire fresco antes de ir a casa. Me siento agotada, me duelen los pies por llevar tacones tanto tiempo.
Salgo al patio y noto que el atardecer se asoma. A pesar de que hemos salido un poco más temprano, se está haciendo tarde. Voy a la parada de buses y me siento en una de las bancas a esperar el colectivo, coloco mi cartera sobre mis piernas y busco mis auriculares en uno de los bolsillos. Lo conecto a mi celular y comienzo a escuchar a Imagine Dragons mientras espero a que el bus se digne en aparecer. Por suerte no hay nadie sospechoso cerca, la gente pasea tranquila por las calles.
Otros días, por lo general, las clases terminan al anochecer y no me queda de otra que esperar el bus sola a mitad de la noche. Muchas veces he temido que algún ladrón se aprovechara de la soledad de las calles y me robara, pero hasta el momento no ha pasado, y espero que siga sin suceder.
En cuanto llega el bus pauso la canción y pongo la cartera por mi hombro para luego subir. Pago al chófer, busco un asiento vacío al fondo y una vez que me siento, me dispongo a seguir escuchando canciones.
En cuánto llego camino hasta la entrada y subo las tediosas escaleras hasta llegar a mi apartamento. Busco las llaves dentro de mi cartera y cuando las encuentro abro la puerta para luego adentrarme en la sala. Cierro las puertas detrás de mí, enciendo por completo las luces dejando ver las paredes azules, y camino hasta el sofá para bajar la cartera junto con las llaves sobre la mesita de luz.
El apartamento no es ostentoso, pero para mi gusto resulta bastante acogedor. Consta de una habitación, una cocina, un baño y el salón principal, aunque decirlo de ese modo lo hace parecer muy grande pero no es así. A pesar de ser pequeño, me siento muy cómoda aquí. Ciertamente tengo un buen trabajo donde me pagan bastante bien, y podría mudarme a un lugar mejor pero no me quiero dar el lujo de pagar un apartamento más grande, ya que, bueno, vivo sola desde que me mudé, ni siquiera tengo una mascota que me haga compañía. En fin, de todos modos tampoco me gustan los lujos innecesarios.
Camino en dirección a mi habitación. Necesito darme una ducha, comer algo y luego ponerme a hacer la tarea. Me quito los tacones y los dejo al costado de la cama.
Realmente no quiero dar mucho detalle sobre mi habitación. Duh, es normal, sin mucha gracia y sin ningún estilo. Pero, cabe rescatar que todo lo tengo perfectamente ordenado, me considero una persona muy organizada y perfeccionista en todos los sentidos.
Camino hasta el cuarto de baño, una vez adentro cierro la puerta con pestillo y me quito la ropa. Primero me quito la falda y luego procedo a quitarme la camisa. Doblo la ropa y la pongo en el canasto de ropa sucia. Tengo una extraña manía, sí, doblar hasta la ropa sucia para ponerla en el cesto.
Miro al espejo y me observo. Mi cabello es de color marrón, un tanto oscuro y en este momento se encuentra bastante despeinado; no tengo el cabello lacio, ni tan largo, podría decir que de medio largor y bastante encrespado. Tengo ojeras y el rostro demacrado por las noches de desvelo. Mis ojos son marrones, comunes en cierta forma; mis labios no son tan gruesos, pero me han dicho algunas ocasiones que se ven apetecibles. Soy bastante bonita.
En cuanto a mi cuerpo, bueno tampoco estoy tan mal. Realmente no tengo el cuerpo atlético, las actividades físicas y yo no nos llevamos bien en lo absoluto, porque bueno, definitivamente preferíria sentarme a estudiar o acostarme a ver series antes que salir a trotar. Somos como el agua y el aceite. Pero aún así, supongo que me veo bien.
Llevo un sostén negro que llevo hace que mis pechos se vean voluptuosos por el relleno, aunque no son tan grandes como aparentan. No tengo el abdomen plano ni mucho menos la cintura de avispa; mis caderas son bastante grandes, al igual que mis piernas. En cuanto a mis nalgas no hay mucho que decir, podría decirse que son de tamaño regular, para no decir que no tengo nada.
No sé si los hombres me consideran deseable, ya que no soy tan flaca como a muchos les gustan, pero ciertamente eso me importa poco o nada. Agradezco ser inteligente más que nada, que en varias ocasiones me ha ayudado mucho más que la belleza.
Termino de ducharme y luego me pongo un short con diseño de osos junto con una camisilla negra. Cuando estoy lista, salgo de la ducha y voy a la cocina en busca de algún aperitivo mientras me seco el cabello con la toalla. Opto por comer unas masitas dulces que encuentro en la heladera. Con el poco tiempo que he tenido esta semana no he podido ir de compras así que no tengo de otra que conformarme con lo que hay. Me siento en una butaca detrás de la mesada y saboreo los panecillos.
Mientras mastico, un extraño pensamiento viene a mi cabeza.
El rostro de aquel susodicho aparece en mi mente. Había visto a muchos hombres guapos, pero él tenía una belleza diferente. Tal vez sean sus ojos, sus labios, sus manos. No sé, pero algo lo hacía diferente. A lo largo de mi vida (bueno, ni tanto) había visto a diversos tipos de hombres; guapos, feos, bajos, altos, robustos, flacos, entre otros, pero a decir verdad siempre terminaba viendo algún defecto en ellos, lo que me hacía descartarlos como hombres ideales.
Sin embargo, ese hombre parece demasiado para ser real, y si no tiene algún defecto físico, ha de tener algún defecto en la personalidad, eso es categórico. De todos modos tal espécimen se había comportado como un gilipollas.
Termino de comer y luego me levanto para encaminarme hasta la mesita de luz y buscar mi celular en la cartera.
Ya son casi las 10 de la noche, sin darme cuenta el tiempo había pasado rápido.
Me dirijo nuevamente a la habitación y me siento frente al escritorio para empezar con la tarea, no tengo mucho por hacer pero prefiero hacerlo ya, así puede que tenga más tiempo libre para poder trabajar tranquila.
Luego de estar un largo rato frente a la notebook, veo de nuevo la hora, notando que ya es media noche. Me eescuecen los ojos, así que decido que ya es momento de dormir. Cierro mis cuadernos, acomodo los libros y apago la notebook, dejándolo todo en su lugar adecuado para luego ir a la cama, prácticamente arrastrando los pies.
Sin más, me acuesto en la cama y me dejo caer en los brazos de Morfeo.





