Seis años después, Ethan Montgomery se había adaptado completamente a la vida de padre. Liam, su hijo, era el centro de su mundo. Aunque mantenía su imponente presencia como CEO de Montgomery Enterprises, era un hombre diferente en casa: paciente, cálido y siempre dispuesto a dedicar tiempo a su pequeño.
Aquella mañana comenzó como cualquier otra. Ethan estaba revisando documentos en su oficina cuando Liam entró corriendo con su mochila.
-Papá, papá, ¿puedes llevarme a la escuela hoy? -preguntó el niño, con sus ojos grises brillando de emoción.
Ethan alzó la vista, acostumbrado a la insistencia de su hijo cuando realmente quería algo.
-¿No viene Nancy a recogerte? -preguntó, refiriéndose a la niñera que solía encargarse de llevar y recoger a Liam.
-Sí, pero hoy quiero que vengas tú. -Liam puso su mejor cara de súplica, esa que rara vez fallaba.
Ethan dejó los documentos a un lado y suspiró, sabiendo que no podía negarse.
-Está bien, pero no esperes que pase todos los días.
Liam sonrió ampliamente y lo abrazó con fuerza antes de salir corriendo a buscar su mochila. Ethan lo observó con una sonrisa. Por momentos como ese, sabía que había tomado la decisión correcta al convertirse en padre.
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El trayecto hacia la escuela fue breve. Liam hablaba sin parar sobre su día, sus amigos y lo emocionado que estaba por el proyecto que su clase estaba preparando.
-¿Sabes qué, papá? -dijo Liam mientras bajaban del auto-. Quiero presentarte a mi mejor amigo. Se llama Noah.
-¿Noah? -repitió Ethan, mientras cerraba la puerta del auto-. Muy bien, pero que sea rápido. Tengo una reunión importante en una hora.
Entraron juntos al edificio de la escuela, y Liam tiró de la mano de su padre con entusiasmo mientras lo guiaba hacia el aula. Cuando entraron, el bullicio típico de un grupo de niños de seis años llenaba la sala. Liam soltó la mano de Ethan y corrió hacia un niño de cabello castaño, que estaba sentado en una de las mesas, dibujando.
-¡Noah! -exclamó Liam-. ¡Mira, es mi papá!
El niño levantó la vista, y Ethan se quedó inmóvil por un momento. Noah era idéntico a Liam. Su cabello, sus ojos, incluso la forma en que sonreía, eran casi como mirar una versión duplicada de su propio hijo.
-Hola, señor -dijo Noah con una voz tímida pero amigable.
Ethan asintió lentamente, todavía tratando de procesar lo que estaba viendo.
-Hola, Noah. Parece que tú y Liam son grandes amigos.
-¡Sí! Somos mejores amigos -respondió Noah con una sonrisa amplia.
Antes de que Ethan pudiera decir algo más, una voz suave pero firme llamó la atención de los niños.
-Chicos, por favor, tomen asiento. Vamos a comenzar.
Ethan giró la cabeza hacia la fuente de la voz y la vio. Isabella Hart, la profesora de Liam, estaba de pie frente a la pizarra, con un libro en las manos. Su cabello castaño estaba suelto, cayendo en suaves ondas sobre sus hombros, y sus ojos brillaban con una mezcla de calidez y autoridad que captó la atención de Ethan al instante.
Por un momento, Ethan sintió que el tiempo se detenía. Había algo en ella que lo desconcertaba, como si la conociera de algún lugar. Pero esa idea era imposible; nunca antes la había visto.
Isabella también notó al hombre alto y elegante que estaba parado cerca de la entrada del aula. Era imposible no fijarse en él: su porte imponente, su mirada intensa y la forma en que parecía dominar el espacio con solo estar allí.
Ethan se aclaró la garganta y dio un paso adelante, tratando de recuperar la compostura.
-Soy Ethan Montgomery, el padre de Liam.
Isabella le ofreció una sonrisa profesional, aunque algo nerviosa. Había oído hablar de Ethan Montgomery, el influyente CEO, pero no esperaba encontrarlo en su aula.
-Encantada de conocerlo, señor Montgomery. Soy Isabella Hart, la profesora de su hijo. Liam es un niño maravilloso.
-Gracias. Es un placer conocerla. Liam habla muy bien de usted.
Mientras hablaban, Ethan no pudo evitar notar la forma en que Isabella interactuaba con los niños. Su paciencia y ternura eran evidentes en cada movimiento. Pero también había algo más: un aire de fortaleza, como si hubiera enfrentado desafíos que la habían hecho más fuerte.
Liam interrumpió sus pensamientos al jalar de su brazo.
-Papá, ¿puedes quedarte un poco más? Quiero que veas nuestro proyecto.
Ethan miró el reloj. Podría retrasar la reunión unos minutos.
-De acuerdo, pero solo un momento.
Isabella observó la interacción con una pequeña sonrisa. Había algo en la forma en que Ethan miraba a su hijo que la conmovió. Era evidente que era un padre dedicado, a pesar de su apariencia seria.
Mientras Ethan veía a Liam y Noah trabajar juntos, no podía apartar la sensación de que algo extraño estaba pasando. La semejanza entre los dos niños era innegable. Y aunque no quería adelantarse a conclusiones, una pequeña chispa de duda comenzó a formarse en su mente.
Antes de irse, Ethan se despidió de Isabella, esta vez sintiendo una extraña mezcla de intriga y atracción. No podía negar que ella despertaba algo en él, algo que no había sentido en años.
Mientras regresaba a su auto, las palabras de Liam resonaban en su mente:
-¡Noah es mi mejor amigo!
Ethan sabía que tenía que averiguar más sobre ese niño... y sobre su misteriosa madre.





