DÍNASTIA IMPERIAL

AINARA WELLINTONG.

Había pasado exactamente 8 horas desde que fui coronada como la Reina de Lousa y ya tenia un maldito problema que resolver. Me vestís con un traje de color blanco con detalles dorados y entre las tantas coronas que hay dentro del palacio me coloco mi favorita la cual casualmente es dorada con diamantes en toda la corona. Me embarco en mi auto junto a mi chofer y mi asistente. Nos dirigimos hacia el parlamento. Mi madre ya se encontraba allá, a pesar que dejo de ser la reina, sigue teniendo un poco de mandato, pero al ser yo la autoridad debida respetarme como tal.

— ¿De que se trata todo esto Marie? — le pregunto a mi asistente.

— No lo se señorita A… perdón, Reina.

— Puedes seguir llamándome Ainara mientras estamos en privado.

— Como usted diga. — asiente con su cabeza. — No lo sé, su madre me pidió simplemente que le avisara de la reunión con el parlamento.

— Tengo un mal presentimiento de todo eso. — pellizco el puente de mi nariz.

— Si desea podemos regresar al palacio. — dice Martin deteniéndose en un semáforo.

— No, es mejor ver de que se tratara todo esto.

Sin más nada que decir me dedico a ver por la ventana, los ciudadanos habían abierto nuevamente sus negocios y ya paseaban normalmente por la calle, cuando se anuncio el deceso de mi padre se tuvieron que cerrar todos los establecimientos, es una orden a nivel nacional, pero es simple y llanamente para brindarle el ultimo adiós al rey.

Al llegar al parlamento el cual no esta tan lejos del castillo de Westershire y es una especie de fuerte que se construyo durante los tiempos de guerra, cuando colonizadores llegaron a nuestro país, y para defenderse de otros piratas decidieron levantar un gran fuerte. Dentro se encontraba una plaza, pero la entrada al fuerte solamente es para los parlamentarios y la familia real.

Martin deja estacionado el auto en la plaza y yo bajo con la ayuda de un edecán, que al ver el auto real corrió en nuestra dirección.

— Gracias. — le digo.

— No hay de que mi reina. — dice sin verme a los ojos.

— Ya estamos llegando tarde mi reina. — Dice Marie apresurándome un poco.

Coloco los ojos en blanco y nos dirigimos al recinto acondicionado de los parlamentarios, al entrar varios pares de ojos posaron su mirada en mí, si mal no recuerdo hay 172 hombres que tomaban este lugar.

— Llegas tarde nuevamente. — Masculle mi madre tomándome del brazo.

— Te pido que sueltes mi brazo. — le digo con toda la seriedad del mundo. Ella al notar que nos encontrábamos en frente de un gran tumulto de personas me suelta. — No voy a permitirte que me vuelvas a tocar sin mi consentimiento ¿Te quedo claro?

— Si. — intento morderse la lengua, pero sabía que debida obedecer.

Los parlamentarios estaban ubicados en la cima con si fueran unos dioses que debían venerar, me acerco al podio donde me estaban esperando y miro a mi alrededor viendo todo el panorama.

— Buenos días. — digo después de un rato. ¬ — No sé la verdadera razón por la cual me encuentro hoy aquí de pie delante de todos ustedes mis respetados parlamentarios.

— Su majestad. — un hombre mayor, de por lo menos 60 años se levanta de su asiento. Mi mirada se centra en él. — Primero que nada, decidimos reunirnos hoy para darle una calurosa bienvenida y felicitarla por ser la mujer más joven y la primera en ser la reina.

— Gracias. — asiento con mi cabeza.

— Por segundo, esto es algo importante que no se pudo dar antes de su coronación.

— Bueno, estaba en países donde hay pobreza extrema y necesitan ayuda, además nadie iba a saber que el difunto Rey Elías fallecería. — intervengo.

— Su majestad una reina no puede manejar un imperio sin su rey. ¬— otro hombre se levanta, pero fue más directo.

— ¿Dónde dice eso? — enarco una ceja.

— A lo que nos queremos referir es que debe haber una monarquía completa, o sea Rey y Reina.

Lanzo una media carcajada.

— Estamos en el 2022 señores, estamos en un nuevo despertar, donde las mujeres son tan autónomas como los hombres al momento de hacer una elección y estoy plenamente segura de que no es necesario tener un hombre a mi lado.

— Por si no lo sabia su majestad. — otro hombre se levanta, pero la única diferencia entre los otros dos fue su tono de autosuficiencia. — es que la ley que viene desde hace 5 reinos atrás dictamina que debe ser una pareja de reyes las que gobiernes este país, por lo tanto si un rey o una reina no se quiere casar, el trono deberá pasar a otro miembro de la familia, en este caso su hermano Mikelson.

Entrecierro mis ojos y fijo mi mirada en el hombre, entonces lo reconocí, esta vez me carcajeo más fuerte.

— Conozco bien lo que dice esa ley, después de todo me criaron para ser una reina ¿No? Y si lo que usted anhela es que su hija sea reina debo decir que esta equivocado, agradezca que por el momento es novia de mi hermano Mikelson.

— Señores.

Mi madre interfiere al ver como muchos parlamentarios comenzaron a murmurar, coloque los ojos en blanco y deje que Margaret siguiera con el circo este.

— Lo que nuestra nueva reina quiere decir es que por el momento no hay prisas para una boda, apenas a comenzado su mandato, pero claramente en sus planes esta ser madre y para eso requiere a su rey.

Claramente si estaba entre mis planes todo eso, pero ahora que me estaban obligando el interés se me había pasado.

— Le vamos a dar treinta días. ¬— dice un hombre aun más mayor que el primero. — para que la reina encuentre a un pretendiente y tres meses más para que los dos se unan en santo matrimonio.

— ¡Que! — me exalto.

— Lo aceptaremos señor parlamentario. — responde mi madre por mí.

Aun no podía creer como se encontraban manejando mi vida como si tener un rey en estos momentos fuera realmente necesario, ni siquiera quería ver la cara de Margaret por un largo tiempo por la bazofia que hizo, no podía creer como una madre entregaba a su hija como si fuera un objeto.

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