DÍNASTIA IMPERIAL

AINARA WELLINTONG.

Tecleaba en frente de mi computador mientras escuchaba la poderosísima banda Kiss, estaba escribiendo en mi blog como Vivian las personas de bajos recursos en otros países y de como se les recomendaba a los gobernantes tener más empatía por sus ciudadanos, publico varias fotos de niños, pero censurando sus rostros, sus barrigas se veían hinchada, pero no era exactamente por comida, la mayoría de aquellos infantes tenían parásitos que podrían matarlos.

Además de que el agua potable no llegaba hasta aquellos lugares, Lousa por fortuna tenia acueductos totalmente adecuados y el agua del grifo sale pura y limpia lista para consumir sin necesidad de hervirla.

Entonces a mi oficina entran como perros por su casa, varias personas del personal de limpieza entraron con gigantescos ramos de flores.

— Vaya, estoy seguro de que mi padre no recibió tantas flores como tu cuando se corono. — Mikelson entra a mi oficina detrás del personal del servicio.

— Me siento halagada. — sonrió y me acerco a uno de los jarrones con flores.

Una rosa para otra rosa, gracias por aceptar salir conmigo.

ATT: Sergey De Basilia.

— ¡Pero que mierda! — Exclamo llena de cólera.

— ¿Qué sucede? — Mikelson se acerco a mi y me arranco la tarjeta de las manos, y mientras la leí me acerqué a otro ramo.

Estoy seguro de que seremos la mejor pareja, gracias por aceptar salir conmigo.

ATT: Sebastián Rotenho.

Y así cada una de las cartas que había entre las flores.

— No sabia que eras tan coqueta. — Mikelson comienza a molestarme.

— ¿Puedes creer que me van a obligar a tener un esposo?

— Lo escuche de mamá, lo siento. — me abraza. — ¿Cómo harás?

— Un viejo decrepito dijo que dentro de treinta días debida tener una pareja y con esa misma dentro de tres meses tenía que casarme, o si no debía darte el trono.

— Tu sabes que no quiero ser el Rey. — hace un puchero.

— ¿Sabe alguien que tienes a la hija de Ezquiel Borrow como tapadera?

— No, tú eres la única. — mete las manos en los bolsillos de su pantalón.

— Pues si viene tu noviecita chillando porque le dije a su padre que ella nunca iba ser reina ignórala. — Mikelson se carcajea. — ¿eso dijiste?

— Claro que sí, me había sacado de quicio con su prepotencia. — coloco los ojos en blanco. — Por cierto ¿Cómo esta ella? — hago bailar mis cejas.

— Ahora mismo esta de vacaciones con su familia. — responde con una sonrisa. — mira.

Mi hermano saca su teléfono y comienza a enseñarme las fotos en su galería. Mi hermano se había enamorado hace tres años de una linda chica, pero para el ámbito de la realeza había un problema, ella no tenia el mismo estatus económico y es algo que aun sigue influyendo en nuestros tiempos.

Y tal vez se preguntarán ¿Mikelson besa a novia aristócrata?

¡No!

Con una fe falsa Mikelson alega esperarla hasta el matrimonio, pero el nunca la desposara, ya que su corazón esta con aquella mujer de la cual se enamoró.

La puerta de la oficina se vuelve a abrir y por allí vemos entrar a Margaret con su porte de elegancia con un vestido completamente negro. Mikelson y yo nos miramos cómplice de nuestros pensamientos.

— Veo que te llegaron las flores de tus pretendientes.

— Me siento como en la serie Bridgerton. — me mofo con Mike. ¬— solo que aquí me están obligando.

— Todo esto se hace por tu bien.

— ¿Por mi bien? — me cruzo de brazos. — Margaret si esto fuera por mi bien no me hubieras vendido como vaca en un bazar, esto no era lo que mi padre quería.

— Estoy muy segura de que tu padre tambien hubiera aceptado esta decisión, ya que después de todo así lo dice la ley.

— Fuiste la esposa de mi padre durante 26 años y no lo conociste ni en lo más mínimo ¿acaso quieres que yo sea igual de infeliz como tu lo fuiste?

No basto ni un instante cuando su mano impacto contra mi mejilla. Mikelson jadeo con sorpresa mientras que mi mirada quedo fija en un lugar aguantando las ganas de matarla.

— ¡Tu puedes ser reina de toda una nación, pero yo sigo siendo tu madre!

— Lárgate de mí castillo y llévate toda tu maldita ropa en estos momentos, si no lo haces la donare a una beneficencia y agradece que no te demande por agredir a la reina de Lousa.

— Algún día me lo agradecerás.

Sin más nada que decir Margaret sale de mi oficina zapateando con fuerza.

— ¿Estas bien? — me pregunta Mikelson.

— Si, no te preocupes, mejor ve a vigilarla, no la quiero en los alrededores del castillo, te lo agradecería con todo mi corazón.

— Hay algo mejor en lo que me puedes agradecer. — enel rostro de mi hermano se dibuja una gran sonrisa-

— Oh no, conozco esa mirada.

— Le prometí a Simone que estaría con ella dentro de unos días para para vacaciones juntos, pero tengo una pesada cena con los padres de Nicole.

— Simplemente cancélales. — me encojo de hombros.

— No es tan fácil, ya conociste a su padre, en cambio si es por decreto de la Reina…

— Esta bien. — coloco los ojos en blanco.

— Te amo, te amo, te amo, eres la mejor hermana. — Mikelson me abraza con fuerza mientras que yo comienzo a reír.

La tarde fue cayendo poco a poco, miraba a través de la ventana como el cielo se iba tornando en naranja oscuro, ya estaba lista para primera cita, desafortunadamente no podía darme la dicha de rechazar las citas ya programada. Me vestí de forma cómoda, sin tacones, con maquillaje ligero y con un vestido floreado que llegaba debajo de mis rodillas y cubría mis hombros, deje mi cabello liso caer hasta la mitad de mi espalda y me aplique una de mis fragancias favoritas.

Salgo de mi habitación y voy directamente hasta donde se encuentra Martín, el hombre me saluda con un movimiento de cabeza y luego me abre la puerta del auto. Por petición mía insistí ir por mi cuenta hasta el restaurante donde me habían citado. Mientras llegábamos me dedique a ver mis redes sociales, a pesar de no publicar nada, me gustaba ver a todos disfrutando de ellas, inclusive Paul.

Mi pequeño hermano practicaba equitación y era buenísimo, en su habitación había toda una pared llena de medallas y trofeos tanto de primer puesto y tercer puesto en el video que presumía en las redes sociales era de él limpiando a Manchita, su caballo pura sangre, el cual había sido desechado por los dueños por tener una pequeña mancha negra en todo alrededor de su ojo izquierdo. Mi padre lo tomo en su poder y se lo obsequio a Paul y desde entonces son el uno para el otro, toco dos veces la pantalla y un corazón se dibuja hasta desaparecer.

— Ya llegamos señorita Ainara.

— Gracias Martín. — le doy una sonrisa. — Martín ¿No te molestaría quedarte estacionado por una hora? No pienso irme con ese tipo. — hago una mueca. —¿O tienes algo importante que hacer? Porque no quiero interrumpir sobre todo cuando dentro de poco comienza tu descanso.

— No tengo ningun problema señorita. — se gira a verme.

— Te lo agradezco, prometo darte tus merecidas vacaciones para que disfrutes con tu hermosa familia.

— Se que así será.

Salgo del automóvil y como si hubieran aparecido de la nada, los paparazzi comenzaron a tomarme fotografías, Martín tuvo que salir de inmediato del auto para protegerme de toda la aglomeración, estaba furiosa, ni siquiera Sali con automóvil habitual para no ser reconocida, y tampoco Sali por la salida principal del castillo.

— ¿Quién los envió? — pregunto tratando de cubría mis ojos de los flashes.

— Sergey De Basilia. — respondieron algunos.

— Regresamos a casa Martín. — el chofer me ayuda a subir al auto y luego el sube al lado del copiloto.

No iba a permitir que nadie comercializara una maldita cena que no iba llegar a segunda base.

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