Diamante auténtica: hora de brillar

A Silvia lo que más le repugnaba era la actitud distante de Elena, como si nada en el mundo le importara. Y lo peor era, ¿cómo podía Elena, descendiente de una don nadie, poseer una belleza tan sobrecogedora?

Silvia estaba ansiosa por que Elena regresara a aquel pueblo remoto, donde el trabajo interminable bajo un sol abrasador la despojaría de su refinada elegancia. Era imposible que Elena siguiera siendo tan arrogante como lo era ahora.

Cecilia, que ya guardaba rencor porque supuestamente Elena ocupaba el lugar que le correspondía a Silvia, se enfureció todavía más al oír las provocadoras palabras de su hija. Le dio unas palmaditas en la espalda para reconfortarla. "¡Elena no se atrevería, no después de haberte robado tu identidad! Alguien como ella, de origen tan humilde, ¡ni siquiera sería digna de servir a Darren, y mucho menos de convertirse en su prometida!".

En realidad, Elena era tan víctima como cualquiera en todo aquello, pero Cecilia la culpaba de todo. Si hubiera podido elegir, Elena habría cortado cualquier lazo con la familia Reed.

Darren era el único hijo de los Griffiths, y su familia no solo era la más rica de Foiclens, sino que también se contaba entre la élite de Klathe. Aunque los Griffiths no figuraban entre las cien familias más importantes, seguían estando muy por encima de los Reed.

Elena y Darren habían crecido juntos, y su compromiso surgió de forma natural. Elena llegó a creer que sus sentimientos eran sinceros, pero en cuanto la verdad salió a la luz, que no era una verdadera Reed, Darren le dio la espalda. No solo rompió su compromiso de inmediato, sino que, además, empezó una relación con Silvia.

El rostro de Elena permaneció inexpresivo. "No quiero nada de la familia Reed, ni siquiera un prometido elegido por ustedes".

Se dio la vuelta para marcharse, pero la voz de Silvia la detuvo en seco. "Si no te importa nada de esta familia, abre el bolso y demuéstralo. No finjas que no quieres nada mientras te llevas cosas a escondidas".

Cecilia intervino al instante: "¡Exacto! Tu pueblo es miserable; con robar una sola de nuestras joyas podrías alimentar a tu familia durante años. ¡No creas que puedes robar a los Reed para mantener a esos padres campesinos que tienes!".

Silvia se abalanzó sobre Elena y le abrió el bolso de un tirón, revelando algo asombroso. Un collar de esmeraldas rodó fuera del bolso.

Silvia no tardó en exclamar: "¿No es este el collar que me regaló mi madre? ¿Cómo ha acabado en tu bolso...?".

No pudo ocultar una sonrisa de satisfacción. Sabía que la otra no se iría con las manos vacías teniendo tanta riqueza a su alcance.

Cecilia recogió el collar del suelo con brusquedad. "¡Ladrona asquerosa! ¿Sabes lo que has hecho? ¡Esta joya fue diseñada por la mundialmente famosa Helena Walsh! Pagué cinco millones por ella. No eres más que la hija de un palurdo. ¡Voy a llamar a la policía!".

La expresión de Benjamín se ensombreció por la furia y su mirada se volvió cortante. "¿Qué tienes que decir en tu defensa?", preguntó, con una fría hostilidad en la voz.

Silvia fingió mediar, aunque en realidad no hacía más que avivar el fuego. "Papá, mamá, no sean demasiado duros. A Elena debió de gustarle mucho el collar y lo tomó sin preguntar. Como lo desea tanto, no voy a discutir por él...".

La ira de Cecilia no hizo más que aumentar. "No solo te robó la vida, ¿y ahora también quiere un collar de lujo de cinco millones? ¡Si la dejamos irse de rositas, solo traerá desgracias a la familia Reed! Este diseño es una de las creaciones limitadas de Helena, cada una con un número de serie único. ¡Tengo que denunciarlo a la policía!".

Silvia fingió preocupación. "Mamá, si involucras a la policía, Elena acabará en la cárcel. ¿No crees que eso arruinará su reputación?".

"¡Una ladrona como ella merece estar entre rejas. Tiene que aprender la lección. ¡Sería mejor que se pudriera en la cárcel para siempre, ahorrándole así a la familia Reed cualquier humillación futura!" replicó Cecilia con saña.

Benjamín no dijo nada, asintiendo en silencio a la decisión de su esposa. Prefería ver a Elena encerrada antes que permitir que manchara el nombre de su familia.

Elena se enfrentó a la mirada cruel de Cecilia y a la expresión indiferente de Benjamín. Durante veintitrés años los había llamado "mamá" y "papá". Hubo un tiempo en que estuvo agradecida por la educación que le había brindado la familia Reed y se resistía a pensar mal de ellos. Pero ahora se daba cuenta de que eran mucho peores de lo que jamás había imaginado. Realmente deseaban que se consumiera en una celda. El poco afecto que aún sentía por la familia Reed se desvaneció por completo.

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