Se sentaron juntos en la biblioteca. Faltaba la última materia de la tarde, y ella tenía que terminar un trabajo práctico para presentar hoy mismo.
Él ya lo había entregado, pero fingió estudiar para el próximo examen, aunque la profesora lo amaba y ya tenía asegurado un diez.
Aprovechó para observarla leer. Se la veía algo cansada, pero nada que unas vacaciones no pudieran curar.
La imaginó en una cabaña, en las montañas, descansando desnuda entre mantas abrigadas... "oh bien, acá va de nuevo la fantasía" se autorreprimió al sentir la erección que comenzaba.
Lilian intentaba concentrarse en la lectura, y escribía en su laptop la monografía. Le faltaba sólo la última página, pero ya había leído unas cien veces el mismo párrafo sin poder avanzar. Lo percibía demasiado cerca y se descubrió sintiendo un deseo que le era desconocido. Si, alguna vez se había enamorado, y había pasado algunos años de novia con un chico amable, habían perdido su virginidad juntos y ella seguramente había disfrutado el sexo... pero esto era diferente. Un deseo que le arrugaba las entrañas y la hacía desconocerse. Se había querido escapar, pero él la siguió a la biblioteca y ahora estaba ahí, con esa intensidad azul que tenía en la mirada y ese olor, moriría por olerlo de cerca...
Al fin terminó el trabajo y lo envió por mail. Fingió seguir leyendo porque no se atrevía a moverse. No tenía idea de cómo continuar. Quería escaparse, pero también quería seguir cerca de él. Imaginó esas manos fuertes apretando sus contornos... ¿Cómo sería el sexo cuando no te arrastra más que la pasión, cuando te consumen el fuego y la humedad?.
De repente su fantasía se disparó. Estaba en el bar nocturno, trabajando. Su jefe no era su jefe, si no Alex.
El lugar estaba lleno, la música muy alta. Mientras servía tragos, ella deseaba moverse al ritmo de la música, estar del otro lado, si él pasaba detrás de ella la agarraba de las caderas. Si se encontraban de frente, él apoyaba sus manos en sus pechos.
Entonces, pese a toda la gente, él la agarraba desde atrás, mientras ella se apoyaba en la barra. Estaba nerviosa, no quería emitir sonido por la cantidad de clientes. Él levantaba despacio su pollera, rozando sus glúteos con los dedos y bajando sus bragas con los pulgares. Súbitamente uno de sus dedos entraba y salía varias veces de su hendidura, ya completamente húmeda. Se mordía para ahogar los gemidos en su garganta, mientras con sus dedos Alex hacía círculos en su pequeño botón.
De pronto el lugar estaba vacío y la música enmudeció, por lo que lo escuchaba decir su nombre con voz grave y cargada de deseo, antes de penetrarla sin darla vuelta, abrir el escote de su mini camiseta y agarrarla firmemente de sus pechos, con sus grandes y fuertes manos, que encajaban, tan perfectamente, mientras la embestía y el orgasmo se acercaba...
- Lilian, Lilian... ¿Estás bien?- su voz atravesó el velo de la fantasía y la sacó del sueño.
Se puso completamente roja y corrió al baño dejando sus cosas en la biblioteca.
Necesitaba refrescarse, acomodar su respiración, secar su entrepierna.
Nunca se había sentido así. ¿Lo habría visto él? ¿Acaso gimió en voz alta? ¿Cuánto tiempo pasó en ese extraño trance?...
Alex se había distraído apenas unos minutos con un mensaje en su móvil, levantó la vista para ver a Lilian, que estaba con la mirada perdida y los labios entreabiertos, como invitando a un beso... pero se había contenido para preguntarle si estaba bien. Por alguna razón que desconocía, ella salió corriendo dejando sus cosas.
Así que él guardó todo y la esperó.
Se quedó pensando en lo diferentes que habían sido sus vidas. Aunque él también tenía un trabajo que odiaba y sus padres aún no le perdonaban su negativa por continuar en la empresa familiar y su deseo de emprender por su cuenta.
Al menos no habían decidido desheredarlo, y a pesar de haber elegido buscar su camino, sus habilidades en la empresa eran innatas.
Sin embargo había preferido mudarse a un departamento, un poco menos ostentoso que la casa familiar, con la excusa de estar más cerca de la universidad.
Tenía dos hermanos menores, los mellizos, más que ansiosos de ocupar su lugar como herederos y que trabajaban exactamente en lo que su padre quería.
Alex tenía otras aspiraciones, le gustaba la idea de crear su empresa desde cero y quería seguir estudiando y especializarse en todo lo necesario para ello. No era un iluso, y aunque de pequeño se había fascinado por algunos conocidos de la familia que relataban sus esfuerzos por hacerse de un imperio mercantil, al menos si esperaba poder estudiar y encontrar su propio camino.
Sin embargo, la universidad había sido menos estimulante de lo que esperaba, por lo que había encontrado entretenimiento en sus estiradas compañeras de clase con cuerpos de modelos de pasarela, hasta que a comienzos de este año descubrió a Lilian y su pronunciado escote y redondeado trasero.
Lamentablemente, resultó ser tan escurridiza como sensual, y pronto descubrió que no sería tan fácil de pescar.
Sólo la veía en clase, siempre apurada, cada vez más cansada... y aún así, mientras más imposible parecía, menos podía dejar de imaginarse esas curvilíneas piernas rodeándolo mientras él se abría un camino a su interior...
Lilian salió del baño más repuesta y se encontró con él en la puerta de la biblioteca. Llevaba su bolso. Al escucharla, él levantó la vista y le sonrió... "ay, que me derrito".
-Perdón, tuve un poco de malestar, quizá la calefacción de la biblioteca. Gracias por guardar mis cosas. Tal vez será mejor ir a descansar a mi casa, total el trabajo ya lo envié por mail y la clase de la tarde es sólo un repaso.
-¿Estás segura? Se te ve algo pálida- mintió él- No parece buena idea que tomes un autobús en esas condiciones, no me perdonaría que te pase algo en el camino... ¿y si mejor te llevo en mi auto?...
Oh no, mala idea, mejor evitar los espacios cerrados con Alex al lado. Además, no quería que viera el lugar dónde vivía. No se avergonzaba de su pequeño hogar alquilado, pero la invadió el temor de que él pensara que había aceptado su acercamiento por interés.
La vio dudar, pero estaba decidido a no perder esta jugada:
-Si no quieres que te lleve a tu casa, y aún necesitas estudiar, podemos ir a la mía. Tengo todos los libros y así me aseguro de que te sientas realmente bien antes de ir a tu casa. Vivo cerca.
Lilian buscó desesperadamente en su mente alguna excusa, una que en realidad no quería encontrar, porque la idea de separarse de Alex, de ese aroma embriagador, se le hizo repentinamente dolorosa.





