Podía decir que la esperaban, pero ya le había dicho que vivía sola. Podía decir que no se conocían lo suficiente, fingir una desconfianza que no sentía...
-Está bien, podriamos comprar comida y tomar algo juntos, repasar para las materias de mañana temprano...
-Perfecto, pero no es necesario comprar nada, en casa hay de todo- "Aunque ya tengo en frente lo único que quiero comer"- Seguramente te jugaron una mala pasada el hambre y el cansancio. Cuando te sientas mejor, te llevo a tu casa y listo. Aún es temprano. Vamos, mi auto está cerca.
Lilian difícilmente podía ocultar su nerviosismo y su ansiedad. El auto olía a Alex con mayor intensidad, y estaba confortable. Él estaba hablando sobre algo, pero no podía enfocar su atención... por suerte era cierto y vivía muy cerca, llegaron pronto a un lujoso edificio de departamentos, entraron al estacionamiento y bajaron del vehículo.
De repente ambos estaban nerviosos y en silencio.
Ella empezó a pensar que quizás no había sido tan buena idea, jamás había hecho algo así. Conocer a alguien, dejarse llevar por el deseo, ir a la casa de un hombre...
Alex se sintió nervioso cuando entraron al ascensor. Los minutos se le hicieron eternos mientras subían al último piso, conteniendo el impulso de acercarse a ella y besarla allí mismo, detener el elevador y arrancarle la ropa... aún no era el momento. Si había soportado tanto tiempo, bien podía esperar un poco más.
El departamento era realmente amplio, bien amoblado, aunque algo impersonal. Parecía salido de una revista, excepto por la biblioteca que enseguida llamó la atención de Lilian.
Él le pidió que se quitara el calzado e hizo lo mismo, tenía esa costumbre oriental y a ella le pareció genial.
El piso no era frío y se sintió confortable.
-Adelante, ponte cómoda en el sillón, enseguida traigo algo para que comamos y busco los libros.
-Bueno, gracias.
Alex fue a la cocina, y ella en lugar de sentarse fue directa hacia la biblioteca. Desde pequeña sentía un magnetismo especial por los libros, quizás porque era lo poquito que podía recordar de su infancia y de sus padres. Luego del accidente y al vivir con su abuela, los libros la siguieron acompañando, siempre fue la niña rara que leía mucho.
Alex tenía una hermosa colección, algunos eran ediciones casi imposibles de conseguir. Podría pasar ahí días enteros leyendo, era increíble. Envidió más esa biblioteca que cualquier departamento o auto de lujo.
-Lindos ¿no?- la interrumpió la voz de Alex -Algunos de esos libros me costó muchísimo conseguirlos, son mi pequeño tesoro.
-Es una bellísima colección, estoy fascinada.
-Gracias. Ahora ven, comamos algo.- Al escuchar eso, Lilian se dio cuenta que estaba realmente hambrienta. El almuerzo rápido había sido más que frugal y la noche anterior había llegado tan agotada que no había cenado. Notó con vergüenza el rugido de su estómago ante la mesita en la que se desplegaban unos café latte, sándwiches, croissant y frutas cortadas.
Comieron animadamente mientras conversaban de la universidad, se fueron relajando y sintiendo más cómodos.
La conversación se volvió personal, y ella le contó que desde el accidente de sus padres, cuando tenía cuatro años, había crecido con su abuela en un pueblito, hasta que decidió mudarse para poder estudiar.
Él le confesó sus sueños de empresario autosuficiente, y se rieron juntos al imaginar cómo serían sus empresas en el futuro.
Sin darse cuenta, sus cuerpos se habían ido acercando en el sillón, como atraídos por magnetismo y la mano de él se apoyó en la espalda de Lilian.
Instantáneamente ella sintió el fuego del contacto y lo miró. Los ojos de Alex brillaban con lujuria y leyeron el deseo en los de ella. Se atrevió a besarla y ella respondió entreabriendo sus labios. Entonces la tomó de la nuca y hundió su lengua profundamente en esa boca de labios rosados que hacía tiempo anhelaba. La besó hasta perder el aire mientras ella le devolvía la pasión con su anhelante lengua, cruzando sus manos detrás del cuello de él.
Aproximaron sus cuerpos, friccionándose uno contra el otro sin atreverse a separarse para quitarse la ropa. Hasta que la tela se les hizo intolerable. Él se separó de golpe, y se quitó la camisa. Ella miró embelesada ese cuerpo marcado que tan bien había adivinado, aún más perfecto que en su fantasía. Su piel dorada la invitó a acercarse con urgencia. Hábilmente, él desabrochó el pantalón de Lilian y se lo quitó en un movimiento rápido.
Se estaban dejando llevar, y a ella ya no le importó. Se quitó la camisa fucsia y él descubrió con placer que, tal como había sospechado, no llevaba sostén. Los grandes y firmes pechos canela estaban terminados con unos pezones prominentes y sonrosados. Él la tomó de las caderas y la sentó encima de sus piernas. Sopesó los senos con las manos y rozó los suaves botones con los pulgares. Ella dejó escapar un leve gemido, que se multiplicó cuando la lengua de Alex comenzó a lamérselos mientras sus manos viajaban entre los pechos y sus glúteos. El calor les iba creciendo en la entrepierna y ella comenzó a moverse rítmicamente, bajó sus manos y sintió la enorme erección debajo del pantalón. Así que, con más habilidad de la que se creía capaz, liberó el miembro y lo observó brillar con incredulidad y adoración. Alex abandonó momentáneamente el esmero con que mordisqueaba un pezón y apartó las bragas para sentir su sexo. Estaba tan húmeda y cálida, que metió un dedo y ella se retorció, así que metió dos y la penetró varias veces hasta que ambos estaban desesperados por acoplarse. Él la levantó de la cintura y la acomodó suavemente en su erección. Encajaban tan bien, que enseguida comenzaron un baile desesperado pero suave, gemían acompasados en una melodía invisible, él agarraba sus redondos glúteos con sus grandes manos, dejándola marcar el ritmo mientras hundía su cara en sus pechos. Cuando el ritmo fue aumentando y creciendo, soltó sus caderas y apretó y masajeó sus senos mientras la besaba. Quería prolongarlo, pero el deseo había sido tan intenso, tan urgente, que ninguno deseaba demorar el placer final.
Ella sentía la fricción, y el miembro empujando en su interior con un fuego que no había experimentado jamás. Se sabía llena, deseada, plena... tan mujer.
Como si estuvieran hechos uno para el otro, acabaron juntos, con intensidad. Él se sintió enceguecer y ella tuvo el orgasmo más intenso que pudiera recordar.
Abandonó su cuerpo y cuando volvió, Alex abrazaba su cintura y ella reposaba su cabeza en el hombro de él, llenándose de ese olor que la enloquecía y que el sexo había intensificado.





