Pauline se apresuró en recoger los billetes mientras sostenía con fuerza la maleta, temiendo que el resto del dinero también se fuera volando, pero en ese momento, un trueno retumbó en el cielo, como si este estuviera a punto de colapsar, y la lluvia volvió a intensificarse.
Bajo el resplandor del relámpago, en el puente se podían apreciar las sombras de los árboles y eso envió un escalofrío por la columna vertebral de la mujer, quien sacó su teléfono a toda prisa para llamar a un taxi solo para descubrir que se había quedado sin batería. Entonces dejó escapar un suspiro abatido y, sin saber qué otra cosa hacer, comenzó a arrastrar la pesada maleta bajo la lluvia en dirección a su casa.
Como en todo el camino tuvo la inquietante sensación de que alguien la estaban siguiendo, en cuanto vio que un taxi se acercaba a ella, inmediatamente le hizo señas y se subió sin dudarlo ni por un momento.
"Por favor, llévame a South Mansions", dijo ella y el conductor se dio la vuelta para responderle, pero cuando vio su rostro, tragó saliva y volvió a girarse.
"¿Por qué no arrancas?", preguntó Pauline después de un rato, sintiéndose confundida al ver que el conductor se había quedado inmóvil.
"Enseguida, señorita", le respondió el hombre apresuradamente y, mientras conducía, unas gotas de sudor frío se deslizaban por su frente, pero siguió agarrando con fuerza el volante.
El coche avanzaba a un ritmo tan agradable que, al cabo de unos minutos, Pauline empezó a relajarse e incluso a sentir sueño, aunque justo cuando estaba a punto de quedarse dormida, el conductor se dio la vuelta y le entregó un recipiente. "Esta es la sopa de jengibre que mi esposa me preparó hoy. Seguramente estarás muerta de frío por la lluvia, así que bebe un poco de esto para calentar tu estómago", le dijo él y el primer instinto de Pauline fue negarse, pero el hombre parecía una persona de confianza y no pudo resistirse a su entusiasmo. Sin embargo, al acercarse para recibir el obsequio, la mujer se vio sin querer en el espejo retrovisor y se quedó de piedra, pues su rostro estaba increíblemente pálido y su largo cabello oscuro estaba pegado a la piel de su cara, goteando agua. De hecho, parecía un fantasma y ahora ya no le parecía tan extraña la actitud que el conductor había tenido cuando se subió al auto. Mientras tomaba la sopa de jengibre, Pauline se quedó observando a su benefactor y no pudo evitar pensar que le resultaba un poco familiar, aunque no sabía por qué.
Cuando llegaron a South Mansions, ya era la una y media de la mañana y, en cuanto la chica salió del coche, una ráfaga de viento frío sopló de repente y la hizo temblar.
La mujer entró en la casa con una expresión solemne, llevando la ropa medio mojada y la maleta en la mano, pero mientras subía las escaleras, escuchó una leve risa, así que se acercó a su habitación con el ceño fruncido. A medida que se acercaba, distinguió dos voces que llegaban desde el interior, por lo que se detuvo en la puerta, que no estaba completamente cerrada, dejando que la luz se filtrara fuera del cuarto por el delgado espacio. Desde su posición, Pauline pudo ver un montón de ropa esparcida por el suelo, desde la puerta hasta la cama, y parecía que las dos personas que estaban dentro de su habitación habían tenido tanta prisa que ni siquiera se habían molestado en cerrar la puerta. Mientras ella pensaba en eso, se escuchó otra carcajada, seguida de una voz de mujer, que dijo en un tono seductor y juguetón, "Peter, ¿qué pasa si mi hermana se entera de nuestra aventura?".
El hombre le respondió divertido, "¿Y qué? De todos modos, no hay nada que ella pueda hacer al respecto, pues el anciano ya no tiene las fuerzas necesarias para ayudarla". Al terminar de hablar, el hombre debió haber vuelto su atención al cuerpo de la mujer, porque al segundo siguiente, ella gimió y le dijo, "Mmm... Eres tan malo, Peter...". "Ya sabes que te gusta esto, zorra", soltó él. "Peter, cuál de nosotras es mejor en la cama, ¿mi hermana o yo?", se interesó ella a continuación.
"Ni menciones a esa mujer aburrida. Si ni siquiera la he tomado de la mano, ¿cómo podría compararse contigo, cariño? Si no fuera por las acciones que tiene el anciano...", le respondió el hombre.
Pauline ya había oído suficiente y sintió nauseas al darse cuenta de que las dos personas de la habitación no eran otras que su prometido, Peter Gu, y su hermana mayor, Tiffany Song. Lo peor era que, aparentemente, tenían una aventura desde hace mucho tiempo y le habían estado engañando como a una tonta. Al darse cuenta de todo eso mientras seguía allí de pie, sus hombros se hundieron abatidos y pensó, 'Pauline, tu vida es un desastre. Toda la familia te odia y, de las dos personas que pensabas que te amaban, una de ellas está en el hospital en estado crítico y la otra se está acostando con tu hermana. ¡Qué absurdo!'.
"¿Qué deberíamos hacer con el anciano después de conseguir las acciones que tiene en su poder?", preguntó después Tiffany con una risita y, para su hermana, esa había sido la gota que colmó el vaso. En ese momento, Pauline abrió la puerta para entrar, sin darse cuenta de que la maleta que tenía en la mano cayó al suelo, y soltó una risa burlona al ver a las dos personas que estaban en su cama esforzarse por cubrir sus cuerpos desnudos con la colcha. "¿Por qué no siguen? Teniendo en cuenta lo aburrida que soy, deberían dejarme ver qué es lo que implica ser interesante", dijo ella mientras su hermana se escondía detrás de Peter, con lágrimas en los ojos. "Pauline, esto no es lo que parece", dijo Tiffany y, al escuchar eso, su hermana menor la miró con desprecio. "¿En serio? ¿Por qué no me lo explicas entonces? ¿Acaso Peter quería mostrarte cómo brilla su nuevo reloj en la oscuridad, o fuiste tú la que quería enseñarle a él tu nuevo collar luminoso? Eres una zorra. ¿Cómo te atreves a seguir haciéndote la inocente?", le reprochó Pauline y los ojos de Tiffany se pusieron rojos al oír sus palabras. "Pauline, no culpes a Peter por esto porque yo soy la responsable de todo. Lo cierto es que lo amo demasiado y, aunque he tratado de romper con él, finalmente no he podido controlar mis sentimientos", dijo la mayor con un aire abatido y entonces Pauline comenzó a aplaudir mientras se acercaba a ella exclamando, "¡Qué gran historia de amor! Será mejor que te vistas. ¿Acaso no tienes vergüenza?". Luego extendió la mano para levantar la colcha, pero antes de que pudiera hacerlo, Peter la detuvo y, al mismo tiempo, protegió a su acompañante, quien seguía desnuda detrás de él. "¡Ya está bien! ¿Cómo puedes insultar a tu propia hermana de esta manera? Además, ¡no tienes ningún derecho a culparla! ¿Acaso crees que eres mucho mejor que nosotros?", dijo él, señalando con la mano la maleta que se había quedado cerca de la puerta, "¿O es que me vas a decir que no obtuviste todo ese dinero acostándote con alguien? ¡Eres tú la que se está haciendo la inocente a pesar de ser una zorra!".
Inmediatamente, Tiffany aprovechó la oportunidad para intervenir. "Así es, acuérdate cuando traicionaste a Peter hace tres años. ¿Cómo pudiste hacer eso?", gritó ella y luego añadió en un tono burlón: "¿Qué tipo de hombres te atrae ahora? ¿Acaso ya cambiaron tus gustos en estos últimos tres años?".
Peter se levantó de la cama, dejando a la vista su pecho desnudo, y se paró frente a Pauline para acariciar lentamente su rostro. "Tengo que decir que tienes un aire bastante seductor, pues de lo contrario, no podrías haber atraído a tantos hombres", dijo él, pero esta giró la cara hacia el otro lado para evitar que siguiera tocándola y le respondió con frialdad: "No me toques, asqueroso".
"¡Ahora no te hagas la santa, Pauline! A mí no me permites que te toque, pero en cambio vas y te acuestas con otros hombres. ¿Acaso es porque yo no te doy suficiente dinero?", le reprochó Peter en un ataque de furia, dejando de lado su apariencia amable, y luego gritó mientras señalaba la maleta: "¿Este es el precio por pasar la noche contigo?".





