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El amado hombre que era Esteban, un chico que tiene el pelo largo color negro atado con una cinta, usa aretes en forma de luna, su piel es de color blanca crema, sus ojos son azules.
Es un chico atractivo para la mayoría de las jóvenes, también es honesto, divertido, alegre, y de buenos sentimientos. Le encanta escuchar música, bailar y tocar la guitarra eléctrica. Aunque todo lo dejo al entrar al dedicarse a sus estudios de contabilidad ya que su padre le propuso estudiar aquella carrera para que tuviera un buen futuro. Del que Carolina se enamoró perdidamente años atrás apenas lo vio, ya no estaba ni su rastro.
Se conocieron cuando comenzaron a estudiar en la misma universidad, de inmediato sintieron una conexión especial, salieron un par de veces más, pero él tuvo que irse a Inglaterra para finalizar sus estudios por darle gusto a su padre Alfonso Soler.
Lo esperó durante dos largos para seguir su noviazgo. Fue cuando le propuso matrimonio de la manera más hermosa que pudo esperar, al finalizar sus estudios como Psiquiatra y el como un gran contador.
Carolina consiguió un puesto temporal en el corporativo de Samuel Esquivel, era una verdadera oportunidad que no podía perder, aunque no fuera de su área, trabajar allí le abriría puertas en un futuro.
Jamás se imaginó que él también estuviera trabajando con su jefe Samuel Esquivel en cuanto se presentó aquel primer día muy contenta por la oportunidad cuando le asignaron su puesto, se veía muy elegante como siempre, algo que ella adoraba de su novio.
—Carol. ¿Tú aquí? — Se le acercó, apenas bajo del asesor notando lo hermosa que estaba ese día.
—Si. Qué sorprendente, ¿no? Parece que el destino nos quiere juntos, mi amor. — Carolina dijo muy coqueta, tocando su pecho para sentir su aroma.
—Sí, disculpa que no te dije que trabajaría aquí, sabes que estaba tan cansado anoche que nos vimos. — Esteban estaba algo avergonzado por ocultarle aquello.
—Lo entiendo, yo tampoco te dije. Pero es que necesitaba esperar a que todo fuera confirmado hoy. —La rubia le mostró el carnet que la hacía trabajadora del lugar.
Sin importarle nada a Esteban, besó muy cariñoso a su amada, era una de las cosas que deseaba y que no espero hacer en su sitio de trabajo.
Samuel salió de la oficina de presidencia con su hija Amanda, notando aquellos acercamientos entre los chicos.
—Veo que ya conoces a mi asistente Esteban Soler. — Interrumpió aquellos mimos.
—Sí señor, no quiero que haya mal entendido en esto, pero él es mi novio. — Carolina hablo muy apenada, tomándole la mano a su novio.
— ¿Es tu novia, Esteban? — Amanda hablo sorprendida, como si no le gustara la idea.
—Sí señorita Esquivel, mi futura esposa. —Esteban afirmó sonrojado, observando a su prometida.
—Me agrada Soler, sólo una cosa, no anden demostrando afectos en público por favor, no quiero malos entendidos. —Samuel le recomendó en un gesto de agrado por su relación.
—Claro señor, no habrá problema. —Declaró con vergüenza.
Amanda estaba furiosa ante las tonterías que su padre les demostraba a sus empleados.
Deseaba ser ella la que manejará todo lo que le pertenecía.
Esteban le miró con picardía, sabía que esto no les dejaría tiempo de nada, aun así, de alguna manera debían encontrar un espacio para los dos, era algo que les encantaba, sobre todo si era en su casa que meses antes de graduarse habían comprado para vivir juntos.
Llegaban a su refugio de amor algo cansados, sin embargo, contentos de estar juntos, aún no habían tenido aquel primer encuentro de amor, pues deseaba que fuera una inolvidable oportunidad el día que se casaran.
Él era muy respetuoso con su prometida, un día, Carolina decidió que quería dar el primer paso, entregándosele, en verdad lo deseaba y supuso que él también, pero no quiso hacerlo, le dijo que esperaran, lo cual aceptó, otra prueba de que lo amaba.
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Tras dos meses de espera para la boda, dieron aquel importante paso.
Llegaron a su casa después de la fiesta, la cargó de la manera más hermosa hasta la cama, que estaba hermosamente decorada con pétalos rojos, sus besos tocaron sus labios que no paraba de probar en toda la noche.
Poco a poco, fue despojando el vestido sonriendo, mientras ella le desabotonaba su camisa viendo su lindo cuerpo, era un manjar para sus ojos.
Esteban se acercó a su cuello besándolo apasionadamente, a tal punto que no paraba de excitarse con sus besos, sus manos eran una delicia para ella que le estremecía, bajo su mano hasta el vientre, aún con la lencería blanca puesta.
Fue subiendo la mano, le acariciaba la pierna, pasaba sobre su pierna, la apretaba, le acariciaba y se fue acercando más a ella. La respiración comenzó a ser más agitada, no podían controlarse.
Carolina cerró los ojos y él fue subiendo su mano hasta llegar sobre la ropa íntima, fue acariciándole tiernamente, sintió lo mojada que estaba.
Le besó, no lo apartó de ella, se dejó besar, y con su mano retiro sus brazos que cubrían aquellos pechos besándola en el cuello, le estaba gustando lo que hacía, era totalmente nuevo para ella, podía sentir a un verdadero hombre a su lado.
Le besó con ternura y a la vez salvaje sobre sus pechos, los besaba y los apretaba, luego fue besando, bajando hasta llegar a su abdomen, donde besó sobre los pantys, en las piernas, se desvanecía en la cama, él se quitó la ropa, pudo notar desde el momento en que se bajó el pantalón, aquel enorme miembro que guardaba en su bóxer, no podía creer que estuviera así de excitado.
Ya no podía más, sentía esa necesidad de sentirse mujer, de que alguien que le hiciera su mujer, tanto desearlo cada noche, le hacía quererlo más.
Se estaba dejando hacer lo que él quería, bajó la lencería con delicadeza, vio lo húmeda que estaba, le besó ahí, nunca había sentido esa sensación, pero lo mejor fue cuando se acercó a su intimidad.
Sentir su boca y su lengua recorriéndola, no dejaba de besarle, hasta que se levantó y se quitó su estorbosa ropa interior, vio su miembro enorme, grueso y a punto de estallar.
Se acercó para que lo tocara, ella deseosa lo acarició, notó su rostro de satisfacción, luego, se acostó sobre ella y le siguió besando en el cuello, en los pechos, pudo sentir aquella excitación junto a su intimidad, que pedía que entrara por primera vez y que se adueñara de su ser, sabía que estaba ardiendo de deseo, así que la volteó y besó toda la espalda hasta los glúteos.
Luego puso boca arriba y abrió las piernas, se puso entre ellas con su miembro en las manos, lo comenzó a pasar sobre su intimidad, pero no le hacía suya, pensaba que otra vez no iba a ser.
Siguió excitándola cada vez más, hasta que ella pidió deseosa aquello.
— ¡Por favor, ya hazme tuya, quiero ser tu mujer ahora, mi amor! — Gritó con desespero.
Y fue cuando se acostó encima de ella y le fue penetrando. Estaba abrazada a él cuando se adentró en ella fue un grito, y le abrazó más fuerte, fue cuando lo vio a los ojos que en ese momento tenía unas lágrimas, de dolor, pero más de agradecimiento por que era maravilloso tenerlo dentro y le besó, acariciaba, con más ganas, fue disfrutando de que era el primero y único.
Estaba llorando de emoción, por fin era suya, por fin sentía su esencia dentro de ella.
Se quedó largo tiempo así, dolía un poco cada arremetida, pero le gustaba, hasta que sintió sus fluidos dentro de ella, fue maravilloso esperar a esa noche que jamás olvidaría, las sábanas que fueron testigos de su gran y mágico amor.
Después de eso, las cosas cambiaron para los dos al quedar embarazada y su maldito engaño con Amanda Esquivel que aún duele, porque, aunque tiene consuelo en Daniel, lo ama y no desea que su pobre hija Amelia, de apenas un año sufriera por culpa de los problemas de sus padres.
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Pocos meses después de su matrimonio jugaban a escondidas en las oficinas de las industrias Esquivel, una empresa muy codiciada en el país, aprovechaban para escapar en su tiempo libre, iban al archivo de la oficina principal sin que nadie los descubriera, ya que Carolina era la encargada de ese lugar.
Él comenzaba a seducirla, tocando sus piernas y besando el cuello, estaba desesperada por saber si en menos de un momento Esteban la haría suya, como podíamos se deshacían de la ropa para más comodidad, él la besaba apasionadamente, mientras que la atrapa en una pared.
—Creo, Señor Soler, que nos descubrirán si no me suelta ahora. — Dijo pícaramente, excitada.
— ¿Verdad, Señorita Ferreira? Porque ansiaba estar así contigo. — susurró en su oído.
Cada palabra la excitaba más, subió a sus piernas y lo atrapó, pues ya estaba dentro, evitar gemir de placer, en un momento así en la oficina fue algo muy especial, sobre todo si él le besaba para ahogarlo, mientras la embestía cada vez más rápido.
Fueron tantos los momentos en ese lugar, que nadie se dio cuenta, hasta que recibieron la noticia de que el señor Samuel había fallecido, fue muy fuerte para todos, sobre todo para ellos, pues lo apreciaban por dejarlos trabajar juntos al ser pareja.
En esos días, se leyó el testamento de aquel hombre, sin saber que lo que ocurriría les cambiaría la vida a Carolina y Esteban ante la decisión de la junta directiva.
La rubia se había quedado en casa, por un terrible malestar estomacal y vomitando mucho durante la noche, Carolina sacó la prueba que Esteban había comprado con anterioridad, al realizarla, no podía creer que estuvieran esperando su primer hijo con su gran amor, era algo que deseaba desde meses atrás.
Esteban le llamó pidiéndole que fuera a la playa cercana al corporativo para que le dijera si serían padres o no, también que tenía otra noticia más.
Así que fue rápido hasta ese lugar que era especial para ellos, pues era el lugar en que tenían citas cuando eran novios.
—Dime que sí, por favor, Carolina…no es una broma. ¿verdad? — Susurró en su oído, con una alegría de ilusión.
Le mostró la prueba y se alegró tanto que la cargó, comenzó a darle vueltas de felicidad, esa fue la última vez fue feliz junto a la chica.
—¿Qué noticias debes darme, mi amor? — Carolina mencionó momentos después de tanta alegría compartida.
—Carol, tú sabes que el señor Esquivel era mi jefe. —Esteban habló, observando el hermoso paisaje que había en ese instante en aquella playa.
—Sí, era un gran hombre. — Carolina sentía nostalgia pensando en aquel humilde hombre.
—Hace unas horas leyeron el testamento, dejando todo a su hija Amanda. — El chico la miro a los ojos, algo serio.
—Ya era hora de que esa niña tomará sus riendas con 18 años. — Carolina afirmó.
—Pero, ella me pidió que fuera su presidente. — Esteban le comunicó a su esposa.
— ¿Qué? ¿Tú, de presidente de esa empresa? — Carolina dijo, impresionada.
—Sabía que dirías eso, todos me dijeron que está enferma y que no puede. —Esteban le tomó la mano, muy cariñosamente.
—Mi amor, tu sueño es ser compositor, no quiero que lo olvides, Esteban. —Le recordó, con algo de enfado.
—Pero Carol, será una gran oportunidad, además, podemos tener nuestros momentos juntos sin que nadie nos moleste cuando seas mi asistente, ganaremos bien los dos. —Esteban le miro pícaramente, recordándole sus momentos íntimos.
—Creo que suena tentador, ya cambiaremos de sitio, paso de ser la amante del asistente a la esposa del presidente. — Carolina dijo un tanto emocionada y con la mirada de lujuria, cuando este se acercó más, sintiendo su esencia. Esteban le besó tan cariñoso, sin pensar que esta decisión acarrearía problemas en el futuro.
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Semanas después su amado esposo la nombró asistente como lo acordaron aquel dia, la junta no opuso problemas, pues la chica era muy eficiente a pesar de no tener experiencia en esas áreas, cuando le llamaba a su oficina pasaban días inolvidables, era fascinante cada que tenían pocas visitas y reuniones podían estar encerrados el día entero amándose sin interrupciones.
Se reunían a solas para tener intimidad, sin que nadie los molestase.
Pero un día, Carolina recibió una carta de despido por estar embarazada, tenía la firma de su esposo.
—Esteban, querido. ¿Dime qué es esto? — Entró a la oficina algo mal humorada, reclamándole.
El chico tomó la carta y dijo que él no había enviado nada.
—Creo que la señorita Esquivel lo hizo. — Apreció la causa de despido muy enojado.
—Cariño, haz algo, eres el presidente, ¿no? — Lo abrazó, besando su mejilla.
—Pero yo soy la dueña, Señora Ferreira. — Los interrumpió aquella chica.
—Disculpe, pero soy la señora Soler. — Le recalcó, tomando la mano de su esposo.
—Me da igual, usted está embarazada y no servirá más como antes, desconcentra al señor Soler.
—Con el debido respeto, Señorita Esquivel...
—Amanda, solo llámame así. — Le mencionó en tono seductor, sin importar que estuviera al lado de su esposa.
Esteban no se atrevió a tutearla como quería, tomándole la mano a su esposa.
— Está embarazada y puede regresar a trabajar después de tener a nuestro hijo.
—Esteban, no pidas clemencia, por favor. — Carolina habló, enojada.
—Ya di una orden, Señor Soler y esta mujer se va hoy. — Le apuntó muy enardecida para marcharse, sin importar lo que el chico dijera.
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Jamás imaginaron lo malvada que era esta niña, su temperamento era distinto al de su padre.
Esteban la llevó a calmar la furia apenas se fue ella, sabían que con lo que ganaba en ese rango pagarían la casa en pocos meses, antes de que su bebé naciera.
Recibió la liquidación de sus años de trabajo, pagando algunos meses a la deuda y se dedicó a cuidar de su embarazo para que llegará a feliz término.
Los meses pasaban rápido, Esteban poco a poco no estaba en casa, sólo llegaba a la hora de la cena, otras veces llegaba de madrugada, se sentía tan cansado, que solo la besaba para darle las buenas noches.
El día que tuvieron a Mia, por poco y no llega al parto para acompañarla, aun así, se veía feliz con su hija en brazos, compartir un momento así con él era un milagro y un recuerdo que conserva en un álbum de fotografías.
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Una tarde, quedó en llegar a tiempo para celebrar su tercer aniversario de casados, se vistió para él, ya era de noche y no llegaba, pensó que seguro algo le había ocurrido. Decidió llamarlo, pero la voz era de una chica.
— ¿Quién eres? ¿Dónde está mi esposo? — Dije enfadada.
—¿De verdad quieres saberlo? — Habló en tono de burla.
— ¿Amanda? — Carolina quedo estupefacta al reconocerla.
—Así es, Esteban está conmigo, ven a verlo como disfruta haciéndome suya.
El corazón se detuvo al oírla, él no podría estar engañándola.
Fue rápido a donde él estaba y lo encontró con ella encima, disfrutando llena de placer, no le dijo nada y se fue enojada a un bar cercano, pidiendo vodka para tranquilizarse, pero era evidente no llorar como lo hizo esa noche.
—Señorita, el joven de la barra le envía esto. — El chico se acercó llevando una copa.
—Pero no puedo aceptarlo. — Habló molesta.
—Dijo que lo aceptará o me echaría de aquí. — El joven insistió.
Carolina no tuvo otra opción más que aceptar y agradecer al hombre. Este se acercó cuando ya estaba realmente borracha, quería invitarla a bailar, lo cual aceptó con gusto.
Mientras bailaba podía sentir sus músculos tan exquisitos, sus toques sensuales la estaban enriqueciendo, pero le recordó a Esteban y no quería eso, deseaba algo diferente que le hiciera olvidar su maldita traición.
Puso sus brazos en el cuello del chico mirándolo y sonriéndole para después besarla, dejándola sorprendente hipnotizada con su néctar, era algo que esperaba.
Estuvieron bailando con él por cerca de media hora más, hasta que regresaron a la mesa, el pidió que le trajeran más bebidas.
Poco a poco en medio de su borrachera lo besó, a tal punto que deseaba más y él lo notó.
—¿Seguro que quieres esto mi reina? — Besó sus manos con lujuria.
— ¿Reina? ¿Por qué me dices así? — Dijo con dificultad al respirar.
— Pareces una de ellas, eres demasiado hermosa. — Daniel se acercó, llevando una mano a su hombro.
—Gracias. — Carolina estaba ruborizada.
—Veo que tú marido ya no vendrá.
Notó la argolla de matrimonio, suspiró, mirando ese hermoso anillo que le unía a Esteban y después lo miró a él.
—Es un desgraciado, me engaño con otra. ¿Crees que no es justo que le pagué con la misma moneda? — Carolina habló con una voz seductora.
—Si eso quieres, podemos ir a mi casa. —Daniel le susurró.
Carolina mordió su labio con aquella petición, unos minutos después, se marcharon.
Aquella chica dejó que esa noche la hiciera suya, sintiendo muchísimas sensaciones nuevas que hacía tiempo no tenía con Esteban.
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La mañana siguiente, despertó viéndolo a su lado, ya era demasiado tarde, había engañado al hombre que más amaba.
Daniel le besó, pero se alejó de este, le pidió que sólo fueran amantes y que se verían cuando ella sintiera deseos de hacerlo.
El comprendió lo que sucedía, besándola de nuevo.
Al volver a casa, vio que Esteban aún no se encontraba allí, sólo fue a la cama para calmar la resaca que aún tenía.
Por suerte, su hija estaba en casa de sus padres. Ya que esa noche festejaría su aniversario con su esposo. Al medio día, Esteban llegó algo adolorido de su cabeza, la abrazó y besó.
La chica no quiso reclamarle nada, pues si lo hacía, seguro se enteraría de todo lo que hizo con su ahora, amante Daniel Blanchett.
Así ya pasaban más de dos meses y aún continuaba su aventura con Daniel Blanchett, sólo han salido un par de veces, de los cuales en dos ocasiones han tenido intimidad, en él lo que busca es tranquilizarse y sentirse deseada y amada nuevamente ante el abandono de Esteban.
Lo que no sabía Carolina Ferreira, era que su amado Esteban Soler, había caído en una trampa de Amanda, quien se obsesionó de él desde antes de saber que era novio y prometido de la rubia, Daniel Blanchett era un títere de esta enferma mujer, pues estaba usándolo para separarlos.
El chico también se había obsesionado con Carolina desde que la vio una vez cerca al corporativo, meses atrás, desde allí no podía controlar las emociones que sentía cuando estaba con Amanda y pensaba en ella cada que se acostaban.





