Aquella mañana que despertó, fue a darse un baño pensado en todo lo que le ocurriría, no sabía si podía continuar con la doble vida que tenía con Daniel, se vistió para ir a preparar algo de comer a su hija antes de ir a trabajar.
Carolina actualmente trabaja como psiquiatra sobre todo de niños en uno de los consultorios más importantes del país gracias a que su suegra le había dado un puesto después de terminar la dieta de su pequeña hija.
Manejaba diferentes tipos de conflictos con sus pacientes, por eso era que manejaba las cosas con calma con Esteban y la traición que ambos tenían y ninguno se atrevía a revelar sus engaños.
La chica al comedor y se sorprendió de notar a su esposo allí sentado en el sofá con la bebé, se notaba que la pasaba bien con la pequeña Mia, haciendo pucheros mientras se reía.
—¿Esteban? — Se impresiono al verlo en pijama y no vestido de traje para ir a la oficina.
—Hola cariño. —Sonrió al verla tan elegante o eso aparentaba ante ella.
—No tienes que ir a trabajar hoy? es viernes. — Le comento un tanto inquieta por su presencia en la casa.
— Decidí que tomarme desde hoy un descanso para compartir contigo unos días, ya hablé a tu oficina y le dije a mi madre que irás de vacaciones conmigo todo este tiempo.
—Pero, hay muchas cosas que debo organizar y seguro Amanda te necesité en el corporativo. — Habló de esto llena de celos, no podía evitarlo al mencionar aquella mujer despreciable
Esteban se acercó tocando su cintura sorprendiéndole y dejándola sin habla, el corazón de la chica latía a mil ante su contacto.
No podía evitar sentirse nerviosa, era algo natural desde que lo conoció aquella mañana sin camisa en la universidad.
—No tienes que preocuparte mi hermosa Carol, quiero estar con mi esposa, sé que te tengo abandonada desde que nació nuestra Mia. — Esteban le susurró a su oído.
Esas palabras entraron a su corazón como cuchillo, no sabía que decirle, no podía olvidar aquella traición con Amanda, le dolía demasiado.
Le besó tratando de contener sus lágrimas para que no notará nada extraño en ella, pues no quería que sospechara ahora que al parecer estaba regresando a casa.
Fueron a sentarse al lado de su hija, este le hacía pucheros a la pequeña en forma de juego, había olvidado el día en que la vio por última vez así de contento y entretenido con la niña.
El celular de Carolina sonó en ese momento, era Daniel, no podía creer que la llamara justo en ese instante que compartía con lo que quedaba de su familia.
Se alejó de ellos diciéndole a Esteban que era uno de sus pacientes, al llegar al jardín contesto con enojo y miedo a que su esposo la descubriera.
—Hola mi reina... —Daniel le hablo muy seductor mientras revisaba unos documentos en su escritorio.
—¿Qué haces llamándome? —Le pregunto muy alterada.
—Siempre lo hago amor lindo. — Le recalcó.
—No me llames así, ya te lo dije, además estoy con Esteban en casa. —Susurro observando que su esposo no estuviera cerca.
—Pensé que estabas en tu oficina, además quiero verte y hacerte mía de nuevo. —Le insinuó esperando su aprobación.
—Creo que ya habíamos quedado claro que solo yo te buscaría para eso, tu jamás me darás órdenes.
Daniel estaba sorprendido al notar aquella actitud con él, era la primera vez que se comportaba de esa manera cuando la llamaba. —Mi reina...
La chica muy enfadada colgó su teléfono sin decir más volviendo adentro, Esteban servía el desayuno, unos deliciosos panqueques con miel. Se sentó en la mesa controlando la rabia que sentía por la llamada de Daniel.
—Aquí está para mí preciosa Carol. —Le comento mientras esparcía la miel en su panqueque como a ella le gustaba.
Comenzó a comer agradeciéndole, estaba delicioso y era una de las especialidades culinarias de Esteban, siempre que se decidía a cocinar lo hacía con esmero y dedicación, algo que se había olvidado por completo por no tenerlo cerca.
—Espero que tengas mucha hambre porque prepare muchos por tu cumpleaños. —Esteban le mencionó contento el chico.
Escuchar eso hizo que por poco se atorara, era verdad, su cumpleaños era ese día y lo había olvidado, supuso que por eso que Daniel le llamo por esa razón y ella sólo lo trato muy mal.
No podría ser, apenas llevaba saliendo con él dos meses y no le dijo nunca sobre eso y otras cosas más. Pues simplemente se desahogaba teniendo intimidad cuando sentía deseo de perderse en sus caricias.
— ¿Estás bien Carol? —Pregunto notándola nerviosa ante su actuar.
Carolina tomo el vaso con jugo para disimular su atoramiento sonriéndole mientras en su mente se debatía una batalla de emociones encontradas por las nuevas atenciones que Esteban le demostraba.
El chico se acercó besándola de una manera que le sorprendió a la madre de su hija.
—Feliz cumpleaños cariño. —Esteban le acaricio su mejilla muy cariñosamente.
—Tu, nunca lo olvidas amor. —Declaro muy impresionada con aquel gesto de su esposo.
—Jamás me olvidó de fechas importantes, por eso decidí escapar de ese trabajo tan cansado y dedicarte tiempo, te tengo demasiado abandonada mi amor.
No dejo que la besara dando una vuelta a su cara llena de vergüenza, las lágrimas comenzaron sin poder esconderlas.
¿En verdad le estaba doliendo engañarlo? No podría estar sintiendo esto cuando él lo hizo de la misma manera con aquella maldita mujer.
Pensó que el quedarse a su lado era por tonta y también porqué su hija creciera con su padre era más, su pequeña era la causa por la cual no se ha arriesgado a dejarlo, ya que esa infeliz mujer podría tenerlo en bandeja de plata muy fácilmente. Era un gran padre para Mia después de todo y eso no lo podía negar jamás.
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Amanda llegó a la oficina principal del Corporativo Esquivel enfurecida de percibir que Esteban no estaba, pregunto a donde se encontraba, le respondieron que él había decidido tomarse unos días para estar con su hija y su esposa.
Amanda al oír eso de la asistente se acercó al escritorio arrojando varios papeles y objetos de valor.
—¡Maldita infeliz Carolina Ferreira! ¿Por qué te metiste con el hombre que yo quiero? —Gritó llena de desesperación.
Su rabia era evidente, no soportaba la idea de que estuvieran juntos después de cómo le costó alejarlo de Carolina para mantenerlo en la oficina durante todos estos años, llenándolo de trabajo.
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Meses atrás:
Terminada una reunión realmente complicada en el corporativo, Esteban estaba listo para irse a casa con su esposa, quien le esperaba para celebrar su tercer aniversario de casados, la rubia le envío una foto mostrándole lo hermosa que se veía con un hermoso vestido elegante color rojo muy sexy y que seguro el sería el único que tendría el gusto de quitárselo, también le envió un mensaje diciéndole que lo esperaba pronto en casa.
Esteban sonrió al ver el mensaje, sentía emoción, ya que le tenía preparado una joya especial que compro para ella, quería llegar a tiempo, pero esa mujer lo detuvo en cuanto encendía el auto en el parqueadero de la empresa.
—Señorita Esquivel. —Esteban se impresiono de verla en el estacionamiento frente a su carro. Bajo del mismo preguntándose qué quería ahora que ya había terminado su hora de trabajo, ya no había más que hacer después de esa extenuante reunión.
—Te he dicho que no me llames así, tenme confianza. —La chica se le acerco tocándole su mejilla de forma coqueta.
—Lamento esto, pero es mejor así, usted es la hija del fallecido dueño de este lugar y no sería nada bueno tutearla. —El chico intento ser lo más cortes que pudo ante la prisa que tenía.
—Eres ahora el presidente y puedes hacerlo querido Esteban, desde que te conocí supe que eras especial, acompáñame a la fiesta que habrá en unos minutos en el gran salón del corporativo, lo mereces. — Suplico la chica.
—No puedo ir, hay algo primordial con mi esposa y no deseo fallarle ahora.
—Tu esposa puede esperar. Además, ¿Qué hay de valioso en ella? Eres el presidente de la compañía más importante del país. —Amanda lo miro con algo de enfado recalcándole que ella era quien lo necesitaba.
—Es nuestro aniversario y eso no es cualquier tema señorita Esquivel. —Le afirmo que Carolina no era una segunda opción de su tiempo libre.
—No quisiste ir a la fiesta que organizo la compañía por los logros que hemos tenido.
El chico le repitió que no podía, pero la vio desvanecerse en sus brazos, esto le preocupo al notar que no despertaba, trato de buscar ayuda, pero no pudo encontrar a nadie, así que la llevo a su auto para ir a dejarla en su casa, en cuanto llegaron no encontró a nadie, ¿Qué estaba ocurriendo para que su noche de bodas con su esposa no se efectuara?
La cargo hasta la habitación con sus indicaciones recostándola en la cama para después marcharse a su cita con Carolina, Amanda le detuvo cuando despertó.
—¿Esta bien Señorita Esquivel? —Pregunto al sentir su mano un poco fría.
—Quédate por favor. — Fue lo único que dijo ante su aparente dolencia.
No podía hacerlo, eso le traería problemas con Carolina, ya que no confiaba en esta mujer por su instinto de mujer, y no por estar celosa de una pequeña malcriada, sabe perfectamente que la ama con locura.
La chica se levantó de la cama corriendo a la cocina trayendo consigo unas copas llenas de vino, al parecer su recuperación fue muy rápida.
—Disculpe, pero no beberé nada, debo conducir ahora mismo hasta mi casa. —Se alejó de la chica muy molesto al ver que ya se veía bien de salud.
—Es solo un poco, no te afectará. Además, ya me siento mejor, te agradezco que me trajeras a casa. —Le ofreció una copa. —Brindemos por tu excelente presidencia.
Amanda bebió de un solo sorbo una copa para demostrarle que no había nada de malo, así que el chico solo tomo un poco de aquella bebida para no hacerla enojar.
Después de haber bebido un poco comenzó a sentirse raro, parecía como si no fuera él mismo, hablaba algo loco con ella sentándose en el sofá de la habitación, hasta el punto que le dio un beso de una manera que los sorprendió a ambos.
Lo único que recuerda de aquel momento es que despertó en su cama desnudo y en sus brazos. La culpa de esa noche no le permite estar tranquilo, no recuerda bien que sucedió con aquella mujer que simplemente le había tenido una trampa y eso no se lo perdonaría nunca.
No sabía que Amanda lo drogo para después vestirse como Carolina, pues había comprado una peluca parecida a su cabello, ya que el chico alucinaba que estaba con ella mencionándola, pensaba que estaba con su esposa en casa en su aniversario.
Pero un rato después Amanda no pudo siquiera tocarlo para hacerlo suyo, estaba muy dopado con la droga que había usado.
Cuando Carolina llegó, les pidió a sus empleados de la casa que la dejaran entrar y simplemente comenzó a gemir encima de sus boxers dejándole ver que sus manos la tocaban sin que se notará que ella era la que las manejaba a su antojo.
Unos minutos después noto disimuladamente que estaba estática observando todo, comenzó a gemir de manera que la escuchara, la rubia escapó del lugar sin decirle más Amanda llamó a Daniel para que la siguiera para hacer su parte, esperaba buenos resultados.
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Amanda recordaba cada momento en que tuvo en sus brazos a Esteban, pero le frustrada que no lo hubiera tenido del todo para ella.
—Cariño. ¿Ya sabes que tu amante estará todo el día con mi Esteban? —Amanda hablaba con Daniel por su teléfono entrando a la oficina del corporativo.
—Ya sé, no sabes lo loco que le pone. —Daniel hablo enfurecido.
—Sabes que puedes consolarte conmigo querido. —Mordió sus labios. — O acaso. ¿Ya te enamoraste de esa inútil?
—Amanda sabes que ella no lo dejara y tal vez algún día sepa lo que pasó. —Afirmo Daniel muy enojado.
—Sera muy tarde para ella, porque le pertenecerá a otro y debes lograrlo. —Puntualizo Amanda bebiendo una copa.
—No lo acepta Amanda, ella aún lo ama, supongo que es una estupidez.
—No es ninguna estupidez, Esteban Soler me pertenece a mi solamente, por eso lo tengo todo el día aquí, más nos vale que siga así o mataré a esa mujer. —Arrojo la copa en dirección a la puerta de su oficina.
Estaba realmente enfadada, pues su cómplice no quería seguir con sus planes de enamorar y separar a Esteban y Carolina.
Esteban se había vuelto su vida entera desde que lo conoció aquella mañana y si había una mujer que le quitará ese deseo de que fuera sólo suyo no duraría en destruir lo que sea.
Su amante diario era una de las cosas más maravillosas que había conseguido, pero necesitaba encontrar y comprobar que cada uno de los hombres de la tierra podrían caer ante sus encantos.





