DE DAMA A REINA

Capitulo 1:“El inicio de todo”

•Años atrás… •

¿Quién era Carolina Martínez?

Vamos a iniciar con su infancia una llena de amor, donde sus padres a pesar de que siempre estuvieron ahí en cierto momentos de su vida, había ocasiones en donde pasaba parte de esta misma sola, sin que ellos estuvieran cerca en los momentos en donde caía y se golpeaba con fuerza su pequeño cuerpo, también debía de saber que no faltaron besos de buenas noches en su frente cada vez que estaba en cama cuando ellos estaban en casa, la niña que le llevaron a los juegos de distintos centros alrededor del país, de la chiquilla que le temía a las noches de lluvia, que creía en los monstruos debajo de la cama o en el armario, y que no se olvide de la pequeña niña que soñaba con ser cantante de ópera solo porque a sus padres les gustaba ese tipo de música y que juraba darles un concierto gratis solamente a ellos. Con tal de que no le dejarán sola.  

Ahora vamos con su adolescencia, no fue como la de cualquiera chica se su edad, esas que eran llenas de risas, llena de anhelos, pero no de amor, a pesar de que estaba acostumbrada a que sus padres estuvieran viajando dejándola sola con sus abuelos, esas personas que le dieron el amor más auténtico y puro que puede existir, fueron ellos quienes le motivaron a ser lo que deseaba, que no tuviera límites, que sus sueños sí se podían cumplir y que nadie debía detenerla, pero cuando llego a la universidad descubrió cosas, un mundo distinto, momentos distintos, personas que le entendían y no juzgaban, pero habían personas que no comprendían que dañaban y causaban un gran odio en su ser, que guardaba muy bien en su interior. Un odio que crecía a pasos grandes, para que el día en que saliera sería el peor momento de la vida misma.

Nadie quería ajuntarse con una chica que sus ojos cambiaban repentinamente, que sus cambios emocionales eran igual, que poseyera dos personalidad o más, según su psicólogo decía que una persona así era especial, como los que padecían de esquizofrenia ellos tenían un don diferente a los humanos corrientes, ¿Por qué siendo diferente deseas ser alguien normal? Era la pregunta que le había hecho una vez, y no supo que responder en ese momento.

Y él tuvo razón, fue cuando se aceptó como era, una mujer que tenía una personalidad distinta y única. Ha ella le gustaba ver sus manos manchadas de sangre, que sonreía cuando sentía que está comenzaba a escurrirse entre sus dedos, para muchos le podía parecer asqueroso, repulsivo e incluso un asesino en serie, aunque bueno esto último lo era; pero nadie sabía el trasfondo de ello. Solo era una mujer que liberaba al mundo a personas que eran un asco en la sociedad, total nadie los extrañaría y si lo hacían ¿Quién en su propio juicio se a juntaría con un pedófilo? Porqué ella estaba claro que ni loca lo haría, aunque bueno loca ya estaba ¿Pero a quien le importaba saber eso?

Pero no hacia eso sola, no, ella tenía a una persona que le ayudaba en investigación de dicho muerto, eran un dúo se complementaban al perfecto, todo había iniciado cuando ella cumplió los dieciséis años ella lo recordaba como si fuese sido esa misma noche, un día lleno de nieve, el mes de diciembre, se suponía que ése mes era uno de amor, paz y muchos regalos pero no es así, ya que para su suerte encontró a una persona que no destilaba amor, al contrario destilaba un hedor a alcohol y a suciedad que le revolvieron el estómago.

No para ella que la pasaba sola, exactamente un quince de diciembre a las once y veinticuatro minutos de la noche, fue cuando sucedió su mente quedo en blanco, transformándose en una jovencita peligrosa que mató a un hombre con una piedra que le dejó el rostro desfigurado y que en el pecho le hizo una «C» con la misma piedra, sus manos, rostro y ropaje estaba lleno de sangre, eso a ella le causo satisfacción que no podía igualar, le pareció extraño sentir esa sensación pero le gusto y anhelo más.

Pero no supo nada de ello hasta que un muchacho se acerco a ella vestido de negro, en su rostro traía una sonrisa lobuna y divertida, el brillo en sus ojos color turquesa le hacia dar un toque de misterioso, ella tragó saliva y se frotó las manos cuando el apoyo una de las suyas sobre el hombro de ella, haciendo que brincara del susto, aunque no le asustaba que le viera ¿Era raro? Pero eso era la verdad, no sintió miedo de que haya presenciado ese exacto.

—¿Qué harás con el cuerpo? —preguntó el chico, el acento de él a ella le causo un escalofrío en su espina dorsal y que se expandió por todo su cuerpo.

—Dejarlo ahí —respondió ella encogiéndose de hombros, se había dilató en responder.

Porque primero no había pensado en ello, la ira le había llegado con la misma rapidez que el este se esfumó. Odiaba todavía sentir el aire que salía de sus labios por el cuello, las manos de ella en su cuerpo.

El chico sonrió divertido soltando un suave risa, haciendo que ella lo observara confusa ¿De qué se reía ese chico? Se pregunto así misma. Rodó sus ojos segundos después y volvió a fijar su mirada en sus manos esas que estaban bañadas en carmesí, el chico se puso frente a ella y con dos dedos de su mano derecha le hizo subir la mirada haciendo que sus ojos se encontrarán.

—Tus ojos, tus manos y rostro tienen el arte de la misma masacre —comentó él, recorriendo con sus yemas los labios de ella.

Aquella frase hizo que el rostro de ella se llenará de un sonrojo poco inusual. Era un halago sumamente raro, pero que le gustó.

—¿Me miro hermosa? —le preguntó ella en voz baja, mirándolo a través de sus pestañas.

Aquel individuo asintió sonriendo acercando su rostro al de ella, mientras su mirada estaba fija en sus labios y la de él en los suyos donde por inercia se paso la lengua por los labios los cuales estaban salpicados de sangre, fue entonces donde ella dio su primer beso, un beso lleno de sangre y deseo. Ambos jóvenes se besaron sin importarles que estaban a oscuras y salpicados de sangre caliente.

—Mucho más hermosa de lo que te imaginas —susurró cuando el aire les faltó y se tuvieron que separar.

Ella le sonrió, dejando ver sus dientes. Sus ojos brillantes y apoyando sus manos en el pecho de él, sintiendo en sus palmas el fuerte palpitar de su corazón.

Desde entonces ambos fueron inseparables, ambos eran igual de locos, tóxicos y anhelantes de sus cuerpos, ella se entregó a él, fue su primer hombre, su primera vez, su primer en todo referente a su vida sexual y estaba ahora el tiempo ese que pasaba sin importarle lo que pasará y sin impórtale que sentimientos cultivaba, esperando la cosecha.

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Carolina siempre ha sabido disfrutar, definir y analizar su entorno en su exterior. Desde que tenía uso de razón había sido así, por eso decidió estudiar Derecho con especialidad en casos Penalistas, aunque tomaba casos comunes con tal de hacer los actos que personas no deseaban, sólo porque no tenían dinero para pagar sus servicios.

A su veintiséis años tenia la reputación que siempre deseo, aunque su apellido influenciaba en casi la mayoría del tiempo, detestaba muchas veces que en referente a su vida, ellos no deberían de meterse en sus pasos, aún así fueran malos, ella se prometió empezar desde cero, no tanto su padre como madre no metieran sus manos en las decisiones que tomaría respecto a su carrera y así fue.

En su primer semestre conoció a quienes ahora eran sus amigos más cercanos, el que se conformaba por tres mujeres y dos hombres, eran el grupito popular de la universidad, aunque no cursaban todos la misma carrera, las que estudiaban Derecho era Karev Montenegro y ella. Ambas fueron las mejores de la carrera en todo el tiempo en que la cursaron, mientras Mario Ulloa y Meredith Ríos quienes cursaban Medicina especializados en Obstetra y Ginecología, ellos dos habían sido los mejores también.

Aunque estos dos últimos se habían casado con sus parejas al solo graduarse de la carrera y de eso ya habían pasado casi cuatro años, el matrimonio de Mario era complicado y tóxico a punto de vista de todos, aunque esté se enojaba cuando se lo decían; ya que era consciente de que todo lo qué le decían era verdad, aunque le causará enojó; pero no por menos importe estaba el último hombre del grupo, Raúl Carrillo quién era un Arquitecto; el cual se manejaba haciendo grandes construcciones alrededor del país y del mundo.

La amistad que creció entre todos se mantuvo al paso de los años, exactamente a casi ocho o nueve años. Carolina soltó una risa al ver la fotografía de todos vestidos como héroes, Mario de Capitán América, Raúl como el Hombre Araña, Karev como la Mujer Maravilla, Meredith como La Viuda Negra y ella como Harley Quinn aunque sabía que no era héroe alguno; ese era su propósito no encajar con los disfraces de los demás.

La foto fue tomada el día de Halloween, todos estaban cursando el tercer semestre de sus carreras, ese día todos comenzaron a quejarse de que porqué no se vistió a como habían acordado, pero ella solo dió un encogimiento de hombros expresando de esa manera que no se arrepentía de su elección. Una lágrima salió de su ojo izquierdo recorriendo su pómulo, cuando de sus labios salió un sollozó, esa noche fue cuando le avisaron que sus abuelos paternos habían fallecidos a causa de un accidente a poca distancia de donde ellos se encontraban. Había salido corriendo con el cabello revuelto y grandes lágrimas corriendo su rostro. Con un solo propósito en su destino y era llegar donde estaban sus abuelos.

Los recortes de periódicos estaban ahí, todos ellos corrieron cuando escucharon las ambulancias, después de que el celular de ella había sonado informándole de lo sucedido, los corazones de los cincos latían con frenesí, pero el de Carolina se detuvo por lo que parecía minutos, al observar la matrícula y modelo del auto y entonces supo quienes eran, sus pies se habían quedado pegados a la acera de la calle. Cuando ella pudo salir de su shock corrió con lágrimas en las mejillas, no supo en que momento la policía, los medios de comunicación y los de la ambulancia la apartaban del cuerpo lleno de sangre de su abuelo, a quien le pedía a través de gritos que despertará, qué le dijera que todo había sido una broma, pero no sucedió.

Ese día no sólo supo lo que era perder a los seres que más amaba, si no que también se entero de los abogados que defendían a personas que conducían borrachos y drogados por una fuerte cantidad de dinero hacían lo posible por librarlos de cualquier cosa, se vendían por unos cuantos fondos monetarios.

Durante por dos semestre después de aquella tragedia ella no salía, comenzó a beber hasta perder el conocimiento, odiando a sus padres, al mundo, a todos aquellos que no comprendían su dolor, muchas la criticaron, señalaron y perjudicaron, aunque ella tuviera esa actitud no perdió el nivel intelectual de sus notas, ya que aun asistiendo con resaca, dolores de cabeza y el estomago revuelto se mantenía como la mejor de su carrera. Pero entonces llegó un chico a la universidad. Uno que la sacó del pozo en que se encontraba en esos momentos, con las palabras dulces, gestos lindos, poco a poco fue regresando la mujer de siempre la que reía de todo, la que salía a divertirse en discotecas, bares y restaurantes.

Aunque de cierto modo también la comenzó a separar de sus amigos, fue con el quien tuvo sexo con otra persona que no fuera su amigo. Un día de donde pasaban juntos él la incitó a probar algo nuevo en referente al sexo, fue cuando recibió el primer latigazo y después continuaron más y más, aunque al principio el picor del cuero al contacto con su piel la incómodo y causo malestar. Terminó en un orgasmo muy raro para la mentalidad que poseía en aquel entonces, pero le gustó; ya que fue donde comenzó a integrarse en la información referente a ello.

Fue tiempo después donde se enteró de la verdad todo fue por querer tirarse a la popular, a la del grupito de alumnos que eran los mejores de su clases, ese día ella lo recuerda con perfección tanto sus amigos como ella, consiguieron huevos y los comenzaron a batir para tirárselo en el carro del año color blanco, dejándolo así apestoso al olor que poseía el huevo, aunque eso no quedo solo con eso; al contrario, a la salida Carolina se acercó a él con aparente normalidad, pero el golpe que recibió y que ella le dio en su mandíbula lo mando al suelo mientras se tocaba la parte donde ella le dio. El primer golpe con la punta del tacón se hundió en la costilla derecha sacándole el aire, los golpes de diferente lugares impactaron el cuerpo del individuó que merecía morir y que obtuvo más de un moretón.

Ese día se obtuvo vídeo y fotos por montón, fue tanta la vergüenza que no regresó a la universidad, provocando miedo entre todos los demás estudiantes que hasta ese día no sabía absolutamente nada de él y realmente poco le importaba saber. Cambio de página y observó la foto donde todos se encontraban en la playa de Miami donde fueron ha pasar las vacaciones de verano, la fotografía había sido tomada por un habitante o turista del lugar no recordaba bien, Mario y Raúl se encontraban cargando a sus espaldas a Meredith y a Karev, mientras ella salía con los pechos al aire sacando su dedo de en medio. Carolina comenzó a reír al acordarse de esa foto, ese día fue cuando las tres estuvieron tomando el sol así, llamando la atención de todos los que pasaban por sus lados ya que las tres estuvieron tomando sol solo en bikini que le cubrían la parte de la cintura para bajo o lo esencial por así decirlo, mientras que sus pechos estaban al aire libre.

Los habitantes y turistas masculinos les observaban con morbo, lasciva y deseo, ellas se observaban y sonreían mordiéndose los labios. El sonido de su teléfono la saco de la mirada que tenía en aquellos recuerdos que tanto apreciaba y que jamás olvidaría. Tras dejar el álbum en la mesita de cristal, se levanto para ir a atender la llamada que entraba en ese instante.

—¿Sí? —respondió ella limpiándose el rastro de lágrimas en sus mejillas.

—Seguro que has llorado —comunicó una voz al otro lado de la línea —Por sí, se te olvidó —anunció Meredith —En media hora nos encontraremos en el bar —le informó ella.

Ella asintió antes de morderse el labio inferior, su amiga tenía razón en lo que le había dicho.

—Se me había olvidado —murmuró Carolina pasándose su mano desocupada por el rostro —No tardaré en llegar —prometió cortando la llamada.

Se acercó a la ventana que daba hacia las calles transitadas de Nueva York, el sol se había ocultado por completo aunque el sol salía su poco, en ese mes no calentaba mucho a los habitantes por el inició de otoño; ahora solo se encontraba el cielo oscuro lleno de las estrellas que eran opacadas por las luces de la ciudad, soltando un suspiro comenzó a caminar a su habitación donde se desnudo y se fue a la ducha a darse un baño rápido para comenzar a arreglarse, mientras pensaba que se pondría.

Había perdido la noción de tiempo viendo las fotos de su álbum y siempre sucedía lo mismo, eran de esos días en que ella sentía que el mundo y el propio cielo comenzaba a caerse pedacitos por pedacitos en sí misma, donde prefería ocultarse del mundo hasta que le pasará todo lo que sentía. Diez minutos después salió de su baño envuelta en una toalla mientras caminaba al armario el cual se encontraba medio ordenado, una mueca se formo en el rostro de ella lo único que no le salía bien era tener su armario bien ordenado, tal vez era normal para su vida pensó con una mínima sonrisa.

Tras decidir por unos vaqueros negros ajustados, una camisa de mangas cortas color azul, además de su chaqueta de mezclilla, se vistió dejando su cabello suelto se lo había lavado y no deseaba hacerse peinados complicados, se maquillado un poco sólo aplicando un brillo en sus labios y sus botas de tacón bajo. Tras estar vestida guardo en su bolso tanto las llaves del departamento, teléfono y el álbum lo llevaría entre sus manos para que todos disfrutaran recordando los primeros años en donde se hicieron amigos, siendo tan diferentes en todos los aspectos, pero a la vez tan iguales. Tras analizar que todo lo que necesitaba fuera en su bolso salió, no iría en su auto, quería evitar un accidente en el camino además no era tan imprudente, el taxi la estaba esperando en la acera enfrente del edificio departamental donde vivía, cuando subió y saludo dándole la dirección de donde iría.

Treinta minutos después se abajo y entró al bar después de despedirse del taxista y pagarle claro, el calor impacto en su rostro, el olor a distintos perfumes, sudor, nicotina y todo tipo de alcohol llego a sus fosas nasales. Observo alrededor hasta dar con las manos alzadas de sus amigos, sonriendo comenzó a caminar esquivado a meseros y personas en su camino haciendo malabares con su cuerpo y cintura, hasta llegar a la mesa donde se encontraban todos, Mario, Meredith, Karev y Raúl quienes se levantaron cuando estuvo cerca.

Los primeros brazos que sintió fueron los de las chicas quienes chillaron y saltaron abrazándola, arrancándole una pequeña carcajada, había veces cómo esas que le causaban vergüenza ajena, pero para que negarlo a ella le gustaba pasar dicha vergüenza si era con ellas, con tal de reír y sentirse plena de cierta manera.

—Te vez espectacular —anunció Karev sonriendo mientras le besa una de las mejillas.

—Espectacular es poco —habló está vez Meredith —Éstas como me la recetó el doctor —finalizó riendo.

Carolina sacudió su cabeza al escucharlas mientras les besaba sus mejillas y dándoles un pellizco en sus glúteos a ambas quienes rieron con mucha más fuerza ante dicha acción.

—Yo no he recomendado nada —dijo Mario con sus ojos llenos de diversión, haciendo que ella sonriera divertida por la respuesta que daba.

Mario la abrazo alzándola del suelo mientras ella apoyaba sus manos alrededor del cuello de él, entre ambos había una química demás que provocaba cierta tensión entre ellos. Él le dejo un beso en el cuello de ella, que le erizo todo el vello.

—Sí, como no —le provocó Carolina —Algunas veces tu lado profesional prefiere hacerse el idiota.

Soltando una risita mientras se abajaba y le daba un beso en la comisura de los labios de él, quien tragó con fuerza saliva y le regalaba una sonrisa, a pesar de que él se encontraba casado le daba igual si ella se enteraba, así como le importaba poco a ella.

—¡Raúl! —exclamó Carolina acercándose al mencionado para abrazarlo —Teníamos tiempo de no saber de ti, de no verte por aquí —expresó ella contra la mejilla de él.

Raúl sonrió haciendo que Carolina rodara sus ojos con diversión al ver la sonrisa de él, tras darle un beso en la mejilla se sentó en el asiento libre que había en la mesa.

—Tenía asuntos que atender en ciertos lares del mundo —dijo él haciendo que Carolina entrecerrará sus ojos —Y me han dejado casi sin leche..

La carcajada que soltaron los demás hizo que ella rodará sus ojos y terminará sonriendo, su amigo era así. Algunas veces su forma de decir las cosas hacia que te sentirás tonta por preguntarlas.

—Y siempre concuerdo que cada día te vuelves más estúpido —mencionó ella sonriendo con inocencia.

Las carcajadas volvieron a hacer acto de presencia en la mesa haciendo que Raúl sacudiera su cabeza antes de darle un guiño.

—Ahora tengo una duda —habló Meredith mientras bebía de su copa —¿De que llorabas, cuando te llame? —preguntó levantando una de sus cejas.

Carolina hizo un mohín en sus labios, mientras respiraba con pesadez, tras quitarle el vaso a Raúl y tomarse de un solo tragó la bebida de él que era whisky, saco de su bolso el álbum. Los demás se quedaron en silencio al ver ello.

—Pasa que comencé a ver este álbum, llegue a las fotografías que salieron en el periódico cuando murieron mis abuelos —murmuró con voz ronca y pastosa.

Todos ellos sabían a la perfección el dolor que su amiga había pasado, la ira que había sentido cuando supo el veredicto para el responsable de la muerte de ellos.

—Sabemos que fue difícil —comentó Karev después de un silencio en la mesa —Pero no puedes, ni debes dejar que la tristeza te agobie y te haga regresar al lugar donde estuviste y que por desgracia un imbécil te ayudo a salir —exclamo ella haciendo una mueca en su rostro —Para nosotros tu salud mental tiene que ser lo primordial, siendo abogada te enfrentas a casos que personas como Raúl o yo no haríamos, siempre piensas con la cabeza fría y analizase todo tu entorno —enfatizó —Para que decidas volviera a entrar en un sitio así nuevamente.

—Karev tiene razón —opinó Meredith con una pequeña sonrisa —Las que estudiaron Derecho fueron ustedes dos, mientras ella se especializó en temas familiares y tú en casos penales donde sabemos que encuentras temas tan difíciles para todos, podemos tener carreras distintas; pero sabes que no todos tenemos la capacidad de aguantar atrocidades o tener esa vena de que a quien defenderás es completamente inocente, qué más quisiera yo tener esa sensación de sexto sentido —expresó ella —Te admiramos en muchas formas Carol, te entendemos también y es necesario algunas veces no permitirse volver a caer en donde antes estabas.

>>Porque en esta ocasión no sabes si habrá alguien que te ayude o si tú podrás salir de esta. El destino fue puerco hacia años y decidió hacer de las suyas; pero en este punto de nuestras vidas no sabemos si será igual la caída —murmuro viéndola —No queremos volver a verte así.

Carolina suspiro mientras les regalaba una sonrisa temblorosa y se soplaba el rostro con sus manos, se ordenó no llorar, eso era algo que amaba de ellos, que le decían las cosas en su cara y sin anestesia. Algo que valoraba en gran manera, porque eran pocas las personas que hacían eso.

—Yo soy consciente de ello —dijo ella observando a cada uno de ellos —Y agradezco infinitamente que ustedes no se hayan alejado de mi cuando ocurrió aquello, aunque yo se los hubiera pedido a gritos. Ya no hablemos más de ello —pidió sonriendo —Traje el álbum para que disfrutemos de las imágenes que se guardaron en esas fotografías graciosas que nos tomamos durante el tiempo que estudiábamos en la universidad —determinó tratando de cambiar el tema.

Y así fue, después de pedir otra ronda de bebidas en donde ella incluyo la suya, todos reían al ver las imágenes, contaban las anécdotas que hubo en cada foto mientras bebían y observaban, una foto en particular llamo la atención de los demás, era una donde Mario y ella se encontraban con antifaz y sus ropas eran de la edad media, Carolina comenzó a toser al verla haciendo que su rostro comenzará a sonrojarse a una velocidad impresionante. Y Mario comenzó a reír con diversión al verla como ella se atragantaba con el tragó que bebía, le palmeo la espalda con suavidad mientras ella se recuperaba del ataque tos y suspiraba con fuerza.

La mente de Carolina viajo a ese día, ambos habían acudido a la fiesta de disfraces en el Bar, uno que se llamaba Club Paraíso, ese día la entrada se encontraba llena, pero Mario camino haciéndose espacio arrastrándola en el camino sin importarle que los demás se quejaran y gritarán cuando dieron con el que cuidaba la entrada el enseñó la tarjeta doble para ingresar a la fiesta, la mirada del grandullón recorrió el cuerpo de ella deteniéndose en el escote y el volumen de sus pechos, haciendo que ella tragara saliva, pero alzando el mentón para que no creyera que le intimidaba. Y no es que lo hiciera, estaba lejos de hacerlo, pero había algo en la mirada de ese hombre que pertenecía a la seguridad que no le gustaba, por lo que elevó la comisuras de sus labios en una sombra de sonrisa, haciendo que el grandullón les cediera el paso hacia dentro causando alboroto con los que se encontraban ahí afuera y no los dejaban entrar.

La entrada al lugar fue de otro mundo, la música era actual, pero los diseños eran de la época media, telas finas colgaban del techo, velas aromáticas se esparcían en todo el contorno del lugar dándole ese toque elegante, las luces rojas y blancas bailaban alrededor de los cuerpos de las personas que bailaban en el centro de la pista, los ojos de ella no perdieron ningún detalle del lugar, sintiendo como su piel hormigueaba a causa del ambiente que se creaba a su alrededor, trataba de enfocar con esfuerzo a las personas que bailaban, las que estaban pegados a la pared pareciendo que tenían sexo en ese instante.

La mirada de una mujer y de un hombre en una de las esquinas la tenían de los nervios, los ojos coquetos de la mujer la hicieron fruncir el entrecejo intrigada por la mirada que ella le daba, mientras que el hombre tenía una media sonrisa en sus labios. Mario se acerco al oído de ella informándole que se encontrarían ahí dentro de cuatro horas y que pidiera lo que quisiera en la barra, para después desaparecer de la vista de ella, ocasionado que los nervios se le activaran aún más si es que aquello era posible, además de estar atenta a todos los que le rodeaban. En ese momento lo detestó ¿Sólo la había traído para que ella, se quedará como un farol? Apretó sus manos en puños maldiciendo a su amigo por hacerle ello..

—Maldito idiota —exclamó sulfurada y camino hacía la barra.

Tras beber dos mojitos ella observó la pista de baile, su cuerpo se movía al compás de la música de bachata que el DJ ponía cuando de la nada, tomándola desprevenida sintió una mano masculina en su cintura haciéndola dar un pequeño brinco sobre el lugar y que casi se le cayera de las manos la copa que tenía, por no ser los reflejos de aquel hombre este hubiera impactado en el piso.

—Veo que quieres bailar —dijo aquella voz ronca en su oído —Vamos bailemos —susurró poniéndola de espalda.

El torso y pecho de él, le provocó un agradable calor desde la espalda, ambos se comenzaron a mover, las caderas de él se restregaba en el trasero de ella, haciéndola sentir un inmenso calor en su entrepierna. Una de las manos de él se movió con sutileza al contorno de sus pechos dándole suaves caricias con la palma y las yemas de sus dedos que estaban cubiertos por unos guantes de cuero, acelerándole la respiración de ella, no pensaba con claridad, los ojos de Carolina estaban cerrados mientras bailaba y se dejaba tocar, importándole bien poco que le vieran.

—Vamos a un lugar más íntimo —le susurró, ella asintió y lo siguió cegada por el deseo que sentía en ese momento recorriendo su cuerpo.

Ambos pasaron una puerta que estaba oculta entre las cortinas finas de seda doradas, recorrieron un pequeño pasillo para entrar en una habitación, donde se comenzaron a besar con desespero y deseo. Las risas de los demás la trajo de regreso al presente, podía sentir su rostro y cuello caliente. El de solo recordar aquella experiencia le hacia temblar el cuerpo completo y no precisamente de miedo.

—Mira como esta de sonrojada —exclamó con diversión Raúl.

Quién era el que se encontraba a su derecha, ella le dio un puñetazo fingido mientras rodaba sus ojos y sonreía por lo que decía él, pero estaba segura que no mentía, que su rostro estaba rojo, podía sentir el calor que dicha sonrojes le producía, pero no diría ninguna palabra de ello.

—Esa foto es especial —declaró Carolina con una media sonrisa —El inició de una aventura llena de muchas expectativas y experiencias en mi vida —concluyó con una sonrisa de satisfacción.

Mario le guiño un ojo mientras se mordía el labio inferior con cierta fuerza, decidió invitar a bailar a la mujer que le enseño que aunque hubieran tenido sexo nada cambiaba en su amistad, ellos eran esos amigos que tenían sexo ocasional, cuando las ganas llegaban, sabiendo que en cualquier momento el amor tocaría sus puertas de ambos, aunque él estuviera casado y condenado.

—Vamos —habló Mario ofreciéndole su mano.

Ella asintió feliz y tras levantarse aceptó su mano y caminaron a la pista donde una música del grupo Aventura sonaba, la respiración de él le acariciaba su mejilla y movía sus labios hasta dar con su oreja, que lamió y chupo con suavidad, causándole un escalofrío por todo su cuerpo.

—Te deseo —le susurro él, ella levantó la mirada.

Y se encontró con sus labios, esos que se le tornaban apetecibles en aquel momento pero que en el lugar que se encontraban no podían besarse como deseaban, su relación de follamigos no debía de pasar de dos solamente.

¿Desde cuando no cogía con él?

Se pregunto así misma, las ganas no le faltaban, ella cerró sus ojos por unos segundos y apoyó la frente en el pecho de él, aspiro el olor de su fragancia, ese perfume cítrico y dulce que ella misma había mandado a que se lo hicieran, respiró hondo llenando de nuevo sus pulmones de ese olor mientras se mordía sus labios y levantaba su mirada.

—Nos iremos juntos —fue la respuesta de ella y el asintió, no había que decir más palabras, ambos sabían como terminaría la noche.

El regresó a la mesa consiguió mas risas entre todos, cuando observaron las fotos de sus años de estudios. Carolina se perdió de nuevo en sus recuerdos y sus sentidos comenzaron a estar a flor de piel, llenándola de un placer inigualable. La mano de Mario le acarició la pierna obligándole a que se concentrara en la platica que se mantenía. En ese instante su teléfono comenzó a sonar y tras ver quien llamaba se levanto para contestar.

—¿Diga? —dijo ella.

—Señorita —habló una voz que reconocía perfectamente, haciéndola rodar sus ojos —Disculpe si la molesto, pero hay un caballero preguntando por usted —expresó. 

Ella se pasó una de sus manos por el rostro cansada de que ese hombre volviera a estar ahí.

—Puedes decirle que no me encuentro, que me puede dejar un mensaje contigo y que lo llamaré el día de mañana —determinó cortando la llamada.

Tuvo que tomar respiraciones profundas para calmarse, aquel tipo le estaba buscando la quinta pata al gato y si seguía así la encontraría y no de buenas, lo cual le provocaba ciertos instintos asesinos que desconocía que ella poseía en esos momentos. Le molestaba realmente que sólo a ella le pasara cosas así. Soltando un resoplido audible guardo el teléfono, para regresar a la mesa y continuar atenta a la conversación que se desarrollaba ahí con sus amigos. Sólo había sido una noche hace unos meses después de ganar un caso, decidió salir a divertirse grave error, porque lo conoció a él y ya era hora de ponerle un alto se dijo así misma.

Tres horas después caminaba apoyada sobre el hombro de Mario mientras ella le tocaba el trasero con diversión, al llegar a su puerta él abrió y ambos entraron la oscuridad los cubrió con su totalidad al ingresar, Carolina se dio media vuelta y apoyo las manos en el pecho de él, la respiración de ella había comenzado a acelerarse igual que su pulso, acerco sus labios a los de él y comenzó a dejar besos húmedos en el contorno de los labios hasta pasar la punta de su lengua paso por alrededor del labio inferior de Mario, para después morderlo con suavidad y así comenzar a besarlo con el deseo recorriendo por su cuerpo.

Una de las manos de Mario fueron ha dar al cabello de ella y la otra a la cintura para acercarla mas a él, así también sintiera la excitación que le provocaba sus besos, mientras que las manos de ella se encontraban en su cuello. Cuando el aire les faltó, Carolina con sus manos temblorosas le comenzó a quitar la chaqueta y camisa que llevaba puesta, lo caliente de la piel se podía percibir con solo pasar la mano cerca sin necesidad de rozarle la piel, pero ella quería probar cada parte del cuerpo de él, que aunque ya conocía le gustaba repetir el mismo proceso.

Y eso hizo, los labios de ella comenzaron un recorrido lento y sensual desde la barbilla de él, bajando por su garganta donde beso, lamió y chupo con deleite, bajo hasta llegar a las tetillas donde les paso la punta de la lengua alrededor con una suavidad que le hizo gemir de placer, dándole un mordisco y estirándolo entre sus dientes lo sintió estremecerse de pie, siguió su camino quedándose de rodillas frente a él quien se mantenía todavía de pie. Bajo el cierre del pantalón con lentitud mientras miraba hacia arriba con sus ojos entrecerrados y nublados de placer absoluto.

Los ojos de él brillaba a causa de la lujuria y por lo que pasaría, el suspiro de placer que salió de los labios masculinos cuando ella bajo el pantalón y el bóxer que llevaba revelando así la erección que poseía y que esta se erguía en toda su plenitud, le hizo agua la boca a Carolina quién sopló con suavidad en el glande de él, causándole escalofríos en todo el cuerpo. La punta de la lengua recorrió el glande con una lentitud que le mataba, cuando llego a la punta chupó el liquido pre seminal que había ahí sintió desfallecer, cuando lo introdujo de un sólo a su boca, lo caliente y humedad de la boca de ella lo hizo resoplar y maldecir en voz alta.

—Oh, si.. Si, sigue así —expresó Mario agarrando su cabello alrededor de su puño en una coleta.

Los sonidos que emitía Mario eran fuertes, descontrolados, palabras incoherentes, susurros inauditos, maldiciones y gemidos. El sonido de la saliva que provocaba la entrada y salida del pene de él en su boca era sordo y violento por las estocadas que daba, se follaba la boca de Carolina a gusto y placer. Ella saco el falo de su boca y dejo un reguero de besos en todo el glande hasta llegar a los testículos donde los masajeo con suavidad y después llevó sus labios ahí y los chupo haciendo eco al soltarlos, mientras su mano le masturba con eficiencia.

Una de las manos de ella fue a dar al culo de el mientras con la otra se ayudaba a masturbarlo y lamerlo para hacerlo acabar en sus labios. Aunque eso no significará que ella se tragaría el semen de él, sencillamente le sabia horrible lo caliente, amargo y espeso, le daba arcadas pero lo mantenía en su boca el tiempo adecuado para después escupirlo y enjuagarse su boca, el cuerpo de él comenzó a ponerse rígido y los embiste que hacía con sus caderas fueron con mas vehemencia haciéndole saber que estaba a punto de correrse, los minutos pasaron y con ello llego la liberación de él quien dejo salir desde su garganta un brutal gemido lleno de plenitud, eso era lo que sentía en ese instante.

Carolina se levantó del piso y camino hacía el lavado que había en la cocina donde escupió lo que tenia en su interior, se agradeció mentalmente por no dejar platos sucios en ella porque si no sería otro cantar y realmente no deseaba deshacerse de ellos y comprar otros, tras enjuagarse se dio media vuelta para observar al hombre que le acompañaba esa noche, la sonrisa que le brindó él le provocó estragos en su vientre, podía sentir como sus bragas se humedecían a causa de la excitación que tenía cuando los teléfonos de ellos comenzaron a sonar a unisón junto al del departamento.

La mirada interrogante que se dieron les hizo fruncir el entrecejo a los dos, pero los que le heló la sangre fue el mensaje que quedó en el contestador del teléfono de su casa, haciendo que ha ambos la calentura se les fuera y comenzaran a vestirse con rapidez, aquello era grave y delicado. Carolina podía sentir sus manos temblando y su torrente sanguíneo caliente por que le sucedía a su amiga y ella se encargaría de hacerle pagar. Nadie hería a los suyos sin salir impune de ello.

El camino hacía el hospital le pareció que iba lento, las calles todavía estaban llenas de autos de las personas que regresaban después de estar tal vez el fin de semana fuera de la ciudad, maldijo una y mil veces buscando en su móvil lo que realmente había sucedido, porqué dudaba que ella le dijera la verdad, la sangre le hervía a fuego lento y cuando está estuviera en un punto donde apagabas la llama o la enciendes más sería peor. Cuando estuvieron en el hospital ella fue la primera en entrar al cubículo donde se encontraba, viendo su rostro masacrado, con tres intravenosa, dos de sangre y una de líquidos, se acerco a ella temerosa y llena de irá.

No deseaba llorar, no delante de ella, no se dejaría vencer, ni mucho menos fallar de una o otra manera, ella haría pagar todo y cada uno de los golpes que le habían dado a ella, se mordió el labio con tanta fuerza que se lo hizo sangrar y sentir el sabor metálico en su boca, acarició su piel maltratada y aspiró aire por sus labios con fuerza.

—Meredith, mi hermosa mujer —exclamó ella susurrándole —Juró que le haré pagar todo lo que te hizo ese hijo de puta —dijo acariciándole con suavidad el rostro —Va a conocerme y aprenderá que nadie lastima a las personas que amo.

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