El restaurante era el más caro de la ciudad, el tipo de lugar al que solo vas una vez en la vida para algo realmente importante. Ricardo "Rico" Mendoza había gastado una fortuna, pero no le importaba, porque esta noche era la noche. Había pétalos de rosa sobre el mantel blanco, violinistas tocando suavemente en una esquina y una pequeña caja de terciopelo en su bolsillo que le quemaba la pierna. Se sentía nervioso, pero feliz.
Después de diez años, por fin iba a suceder. Diez años con Sofia del Valle, su novia desde que eran casi niños. Diez años viéndola crecer, ayudándola a levantar su imperio de cosméticos desde cero, siendo su roca, su apoyo incondicional. Él había sido el motor silencioso detrás de su éxito, manejando la logística, las finanzas, todo lo aburrido para que ella pudiera brillar. Y ahora, todo ese esfuerzo, todo ese amor, culminaría en una simple pregunta.
Sofia llegó tarde, como siempre. Entró al restaurante moviendo sus caderas, con un vestido rojo tan ajustado que todos los hombres se giraron para verla. Era hermosa, y lo sabía.
"Hola, mi amor" , dijo, dándole un beso rápido en la mejilla que apenas lo rozó. Se sentó y miró alrededor con una mueca de aburrimiento. "Este lugar es un poco… anticuado, ¿no crees?"
Rico tragó saliva, su nerviosismo aumentando. "Quería que fuera especial, Sofia" .
"Claro, claro" , dijo ella, sacando su teléfono y poniéndolo sobre la mesa. Empezó a teclear rápidamente, con una sonrisita en los labios.
Él esperó a que terminara, pero no lo hizo. Los minutos pasaban y ella seguía pegada a la pantalla. Los violinistas empezaron la canción que él había pedido, su canción. Sofia ni siquiera levantó la vista. El corazón de Rico empezó a sentirse pesado.
"Sofia" , dijo, su voz un poco temblorosa.
"¿Mmm?"
"Tengo algo que decirte" .
Ella suspiró, finalmente bloqueó el teléfono y lo miró con impaciencia. "Habla, Rico. Tengo una reunión temprano mañana" .
El momento estaba arruinado, pero ya no podía echarse para atrás. Se arrodilló, el movimiento torpe y ensayado. Sacó la cajita de terciopelo y la abrió. El diamante brilló bajo las luces del restaurante, una promesa de futuro.
"Sofia del Valle" , empezó, con la voz llena de emoción. "Hemos estado juntos diez años. Te he visto convertirte en la mujer increíble que eres. Eres mi vida entera. ¿Quieres… quieres casarte conmigo?"
Hubo un silencio. Sofia no miró el anillo. Lo miró a él, arrodillado en el suelo, y una expresión de puro desdén cruzó su rostro. No era sorpresa, no era alegría. Era fastidio.
"Rico, levántate" , dijo, su voz fría como el hielo. "Estás haciendo una escena. La gente nos mira" .
Él se quedó paralizado. "Pero… Sofia…"
"¿Casarme contigo?" , se rio, una risa corta y sin alegría. "¿Para qué? ¿Para seguir viviendo esta vida aburrida? ¿Para que me sigas a todas partes como un perrito faldero? No, gracias. Necesito emoción, Rico. Pasión. Algo que tú perdiste hace mucho tiempo" .
Cada palabra era un golpe. Humillado, Rico se levantó lentamente, guardando el anillo en su bolsillo. La gente a su alrededor murmuraba. Sintió que sus mejillas ardían.
En ese momento, el teléfono de Sofia vibró sobre la mesa. Ella lo tomó y contestó, su voz cambiando por completo, volviéndose melosa y coqueta.
"Hola, guapo… Sí, estoy un poco ocupada… No, nada importante, solo una cena aburrida… Claro que sí, te veo más tarde. No tardes" .
Colgó y miró a Rico como si nada. "Me tengo que ir" .
"¿Quién era?" , preguntó Rico, aunque ya sabía la respuesta. Su voz era apenas un susurro.
"Nadie que te importe" , dijo ella, levantándose y alisando su vestido. "Mira, Rico, sé que estás dolido, pero lo superarás. Siempre lo haces" . Se inclinó y le susurró al oído, su aliento olía a vino caro. "Apuesto con mis amigas a que en menos de una semana estás de rodillas, pidiéndome perdón. Siempre vuelves" .
Se rio de nuevo y se dio la vuelta para irse.
"¡Sofia, espera!" , gritó él, desesperado, intentando agarrarla del brazo.
Ella se apartó bruscamente. "No me toques. Ya te lo dije, se acabó" .
Y con eso, caminó hacia la salida, dejando a Rico solo en medio del restaurante, con el sonido de los violines y las miradas de lástima de todos los presentes. Un amigo le envió un mensaje de texto en ese momento: "¿Qué pasó? ¿Dónde está Sofia?" . La pregunta lo sacó de su trance. Tenía que saber. Tenía que ver con sus propios ojos la traición que su corazón ya sentía. Impulsado por un dolor ciego, dejó un fajo de billetes en la mesa y corrió hacia la salida, decidido a seguirla.





