¡Thomas, mi reina! Me ve en la puerta. -Ven a beber con nosotros! Habló borracho sentado en una mesa de póquer con tres amigos.
Mila- ¡Hola! _saludo a sus colegas borrachos sentándome al lado de mi marido.
Thomas- ¡Estás deslumbrante! _habló poniendo sus manos gruesas y ásperas en mi muslo. -TRAIGAN UN WHISKY! _él suelta un grito asustándome.
Mila- Gracias, pero yo no suelo beber! _rechazo, incómodo con su toque.
Thomas- ¿No bebes? __BAR_ me tiraste tu aliento de alcohol en la cara. -Te pones traviesa en la cama cuando te emborrachas?
"¡Qué hijo de puta!"
Mila-N-no es eso... me da vergüenza.
Locos y llenos de ganas de ver lo que tenía debajo de mi ropa, sus amigos comienzan a mirarme con expresiones parecidas a la del Rey.
Thomas- No te preocupes, estás en casa ahora. Si te vuelves loca, ¡al menos estarás en mi cama! _habló riendo con tus amigos. -GANÉ, GANÉ, GANÉ! _jugó las cartas en la mesa con un grito de victoria.
Me las arreglo para escapar de la mesa, asegurándome de que mi presencia permaneciera en su radio de vista. Invento que yo misma haré mi propia bebida, en un intento de que no se quede tanto en mi pie. Entonces me senté en el asiento de cuero rojo, rogándole que no viniera a buscarme, o que notara que no estaba preparando la bebida. Cuando poco a poco mi corazón se iba calmando por ver que su atención estaba en las fijas, una sensación extraña comenzó a instalarse en mi cuerpo, con el presentimiento de no estar sola en el bar.
Mila- ¡Dios mío! _Mi corazón va a la garganta, así que giro mi banco. -Qué susto, Piter!
Piter- ¡Su jugo! _él estira la mano sosteniendo una copa.
"¿De dónde ha salido?"
¡Gracias! _Tomo el jugo dejando que mis dedos se deslicen suavemente por los de él.
Piter- No te enojes... él baja el tono de tu voz y apoya los codos en la mesa, acercándose a mí. -No siempre es un idiota!
Mila- ¡No esperaba algo diferente, su reputación no es de las mejores! _cochicho.
¡Piter inteligente! _rimamos juntos. -Y de dónde vienes? _preguntó enderezándote.
Mila- ¡De un lugar donde las escaleras no están hechas de oro! _pendiente.
Piter-Poxa... Él mira rápidamente al Rey y muy lentamente va arrastrando su mano sobre el mármol hasta llegar a la mía. -Yo juraba que en el cielo tenía oro! _sonrió tocando suavemente mi brazo.
Thomas- ¿De qué se ríen? _él llega por detrás asustándonos.
Piter- ¡Una broma, mi Rey! _afirmó tirando de su mano.
¡Thomas-Conte! _mandó.
¿Piter-C-como? _él se mete en problemas.
Thomas- Cuéntame el chiste, quiero ver si es tan gracioso, ¡hasta el punto de que mi esposa te preste atención!
Mila-Thomas! _reprendiendo su grosería. -No seas tan grosero, él solo me estaba haciendo compañía -
Thomas-CALADA! gritó, espantando a todos. -Quiero que subas a la habitación y me esperes en la ducha.
Mila- Pero acabo de llegar! protesta, frunciendo el ceño.
¡Thomas- Es una ORDEN! _su berro viene acompañado de un golpe en el balcón, haciendo mi cuerpo saltar en el banco.
"Quiero colgar a este tipo!"
No me quedan opciones, sigo el orden subiendo a mi habitación. Allí me arranco el vestido indignada con toda la mierda que estaba pasando y entro en el box encendiendo la maldita ducha.
Una mezcla de ira se apodera de mí, sobre todo cuando acabo de salir de este horrible baño. Me sentía atrapada en un callejón sin salida, llena de sentimientos y decepciones. No había forma de que esta experiencia empeorara, como ser más doloroso y sofocante.
Pasé casi cinco minutos viendo los chorros de agua golpear el porcelanato, con mi mano puesta debajo de las gotas de agua. Hacía frío y no se calentaba. Miré hacia arriba buscando un botón, una cuerda, o incluso una varilla, pero todo aquí era demasiado rico como para entenderlo. Y para mi mala suerte, dos palmas hicieron que todo se apagara, incluyendo las luces que fueron cambiadas por un rojo espeluznante. La ducha inmediatamente se calentó, pero en ese momento la temperatura ya no era un problema.
¿Está mejor así? Sale de la oscuridad rojiza.
Mila-E-e está... tartamudeando, cubriendo mi cuerpo con mis propias manos.
Thomas- No necesita cubrirse... él se queda parado en la puerta del box, evaluándome de cabeza a pies, como si estuviera decidiendo qué parte mía tocar primero. - ¡Eres tan sexy! Se muerde los labios y empieza a quitarse la ropa, pieza por pieza, hasta quedar completamente desnudo.
Ahí es donde descubro su cuerpo y el resto de sus tatuajes que cubrían sus dos brazos. Tenía un porte físico capaz de dejar a muchas mujeres locas. Ojos oscuros, musculoso y muy, muy bien dotado. Pero la forma en que me ha tratado hasta ahora solo hacía este momento más difícil, de una manera extremadamente incómoda.
"No tiene que ser así..."
Arrastra el vidrio hacia la ducha. El agua cae sobre su piel y durante casi dos minutos sus ojos rodean toda mi piel.
Mila- No me siento muy bien! _minto. -Te importa si me voy?
Él se mueve misteriosamente en mi dirección y consecuentemente mi espalda choca con el vidrio delante de mis pasos temerosos. Todavía tengo mis dos manos delante de mis senos, pero él se me acerca, tirando de mis dedos para que yo me revelara completamente a él. Huyo de su mirada sedienta, exprimiendo mis ojos que estaban inclinados hacia el techo. Toca mi cuello e inmediatamente todo mi cuerpo se estremece de asco. Entonces esos dedos duros, van bajando y bajando, hasta que llegan a mis pezones, donde él juega con ellos deslizando mi pico rígido, en círculos.
Mila-Thomas... pronuncio su nombre, demostrando mi incomodidad.
Thomas- ¿No te gusta? _preguntó apretando mi pezón.
Me gustaba, pero en ese momento lo único que mi cuerpo dejó ver fue un suspiro angustioso.
¡Thomas, mírame! Me ordenó arrancarme la cara.
Siento como si fuera capaz de incendiar el mundo para tenerme aquí y ahora.
Thomas- Desde que vi tus fotos, ¡no puedo dejar de pensar en esos hermosos ojos verdes tuyos revolcándose mientras atravieso tu coño!
Mila-Thomas, por favor... le ruego que intente detenerlo.
Los besos comienzan en mi cuello y el olor a alcohol que sale de tu boca me da náuseas. Intento aprovecharme de su borrachera lanzándome contra la salida a la primera oportunidad que veo, pero una enorme confusión se instala dentro del box cuando nuestras pieles mojadas se deslizan una por la otra y sus manos intentan agarrarme, fallando para la espuma.
Es cuando finalmente encuentro un buen espacio para escapar, que me revela su verdadera fuerza, dándome la espalda, por la nuca.
Thomas- ¿CREES QUE SOY IDIOTA, CHICA? _preguntó rechinando sus dientes, agarrado a mi cuello, presionando la frente de mi cuerpo en el vidrio.
Mila- No...no, me disculpa! _inicio el llanto aterrorizada.
Su miembro toca mis nalgas y su mano comienza a pasear por mi cuerpo, sin el mínimo de compasión.
Mila- No..., por favor...
¡Thomas- Eres mía, completamente mía! _afirmó hambriento.
"Un cuadrado sin puertas y paredes sin ventanas. Estoy atrapada sin ninguna luz, oxígeno, o medios para encontrar una salida."
Thomas- Voy a hacerte gritar tanto... _hablar chupándome la oreja.
Una vez mi abuela me dijo, que el mundo no se dividía en personas buenas y malas. Pero que todos teníamos luz y tinieblas dentro de nosotros. Lo que realmente importaba, era el lado que elegíamos para actuar, porque independientemente del resultado, el final y todo el peso que venía con nuestra decisión, siendo buena, o mala, éramos nosotros que íbamos a cargar.
"¿Cuáles fueron las malas decisiones que tomé para ser castigada así?"
Fui atrapada como una cebra, atrapada en medio de sus garras. Sus últimas palabras fueron acompañadas de una sesión de abusos. Estaba incontrolable, loco por poseerme. Mi cuerpo estaba pegado al vidrio y mis mejillas se apretaban cada vez que se forzaba a penetrarme. Yo ya no tenía fuerzas, podía moverlo cuando me debatía, pero hacerlo lo hacía enojar, aplastando mi cabeza. Ahí es donde siento que lo presiono contra mis labios, con su miembro grueso y duro, entrando de forma rápida y rígida dentro de mí.
Ningún grito sale de mi boca, mucho menos una señal de socorro. El único sonido que resonaba eran los gemidos de un borracho a punto de correrse dentro de una mujer acorralada.
¿Cómo son las leyes de Dallnalia?
1- La mujer soltera elegida por un hombre de la sociedad, puede negar la solicitud de matrimonio sin ninguna penalización. Pero la que posee un matrimonio, está sujeta a pasar por acuerdos, donde su marido puede negociar su venta, o intercambio con otro caballero, sin que ella rechace. Destaco también, que la pareja abandonada por su cónyuge, está prohibida de relacionarse nuevamente pasando por la extracción inmediata de todos los bienes adquiridos dentro del matrimonio.
Vale la pena señalar, que las chicas divorciadas quedan marcadas para siempre a los ojos de la sociedad. Involucrarse con otros hombres era violar la ley y desafiar la soberanía. Aquello resultaba en prisión inmediata, si no peor.
2- Ante la petición de un rey, la ley es más severa. Podemos decidir si aceptar o no la invitación de boda, pero si la elección hecha por usted es negar a Su Majestad, su vida nunca será la misma. Ella es clasificada en el mismo segundo como aquella que no puede ser tocada, dado que rechazar un Rey, es imperdonable siendo una afrenta y vergüenza para corona. Y por eso, la misma nunca podrá tener un compañero, viviendo sus días vigilada por los espías del palacio.
3- No podemos jamás pedir el divorcio, está prohibido, ya los hombres, pueden elegir su pareja sea ella de cualquier edad y pedir la separación sin correr el riesgo de manchar su nombre, y perder sus riquezas.
Al día siguiente, me despierto asustada y me veo envuelta en una bata con sábanas sobre mi cuerpo. Miro a los lados y no veo al Rey en la cama. El alivio pronto invade mi alma, pero la sensación de asco era imposible de evitar.
Corro al baño y me aseguro de quitarle todo el olor a ese hombre frotándome la piel hasta que se ponga roja. Yo miraba las burbujas de espuma deslizarse hacia el desagüe, como si fueran todos mis sueños entrando en un agujero.
¡No había nada que pudiera hacer para quitarme esa maldita imagen de la cabeza!
Cuando abro mi armario, concluyo que Thomas desea exhibir lo máximo que puede de mi cuerpo, ya que la mayoría de la ropa dentro de aquel armario, tenían un escote exagerado en los pechos. Tal vez ser reina y su esposa simboliza un tipo de trofeo que necesita ser exhibido. El sentido, o cualquier otro tipo de salud mental, no eran parte de él.
Mila- ¡Buenos días, señor Bennet! _el saludo entrando en la cocina.
Piter- ¡Por favor, llámeme Piter! _su pedido viene acompañado de su linda sonrisa y una taza de café.
Mila- ¿Has visto a Thomas?
Piter- ¡Va a estar fuera todo el día, pero si necesitas algo, dímelo!
Mila- Bueno...lo que tenemos que hacer hoy? _me trago un poco del café.
Piter- Dime tú... _él despierta mi interés. -Lo que quieras hacer, lo haremos!
"Es una pena que no puedas hacer lo que está pasando en mi cabeza ahora..."
Mila- Vi que tienen un establo... _sugiero. -Me gustan los caballos!
Piter- ¿Qué te parece si vamos a conocer al tuyo?
Mila- ¿O-qué? _Me atraganto con el café y toda torpe pongo la taza en la mesa. -¿Cómo así el mío? _limpio la esquina de mi boca.
Piter- ¡Ven conmigo! _habló jugando un guiño.
"¿Es buena idea ir sola con él?"
"¡Vete de aquí, mujer!"





