Narrador.
- “Aun no puedo creer que esa vieja, nos haya engañado así.”- dijo Humberto Marchetti, volviendo a golpear la mesa donde estaban los informes médicos de las mujeres que iban a ser subastadas esta noche
- “Pero es verdad que se ha confirmado que es virgen, en realidad es la única virgen. El resto de las mujeres que se subasta lo harán a menor precio por eso.”- dijo su segundo de abordo.
- “De que sirve si esta defectuosa, con esa cicatriz tendré que bajar su precio. ¿ya se ha despertado?”- preguntó el jefe.
- “Aun, no, y menos mal, durante su reconocimiento médico, se despertó, y la tuvieron que volver a dormir, porque casi se carga al médico que la estaba reconociendo. Según el doctor se despertará, horas antes del evento. Es una auténtica fiera.”- ese comentario de su segundo hizo sonreír al joven jefe.
La verdad era que Emilia Monti le había sorprendido gratamente, no era como las otras mujeres que subastaban para que los millonarios tuvieran un juguetito nuevo, en los años que llevaba recuperando el dinero prestado y sus intereses, pocas mujeres le podrían generar tanto beneficios, como le podría generar esa tigresa, sino fuera por esa cicatriz que tenía tan cerca de su sexo, en un lateral del interior del muslo derecho.
Sus clientes eran muy selectos, no siempre buscaban una virgen, aunque estas estaban mejor valoradas y se pujaba más alto por ellas, pero si pedía que fuera como muñequitas perfectas.
Miro de nuevo la foto de la preciosa Emi, era toda una preciosidad, su pelo era lacio, negro como la noche, y largo, hasta por encima de la cintura, era el tipo pelo que deseaba que se te enredara en las sábanas de tu cama. Sus ojos eran grandes de largas pestañas, se notaba algo de ascendencia italiana en su forma. Aunque lo que verdaderamente lo que te hipnotizaba era el color de esos ojos, no eran marrón oscuros o negros, como tienen muchas mujeres latinas que era lo que podías esperar por el color de su pelo, eran más bien de color marrón muy claro, casi amarillos, ojos de tigresa.
Su piel por el contario era bronceada, como un ídolo dorado, el deseo de acariciar ese cuerpo lo sorprendió. Con un cuerpo curvilíneo. con curvas que retentaban, y unos senos voluminosos que hablaban de su origen italiano, aunque era delgada. Humberto sospechaba que era debido a todos los trabajos que tenía para mantenerse, gracias a su “amorosa y atenta familia”, en especial el inútil de su hermano.
Humberto llegó a pensar en quedársela para él, cuando la vio peleándose con sus hombres, domar a esa fiera sería todo un placer, pero cuando le enviaron la foto de la cicatriz que Emilia tenía en el interior del muslo, desechó esa idea, si él iba a perder dinero, por hacerla su amante, por lo menos tenía que ser perfecta, una muñequita para exponer.
Pero ahora se encontraba en un dilema, una de las reglas de la subasta eran no mentir, ni engañar, justamente esa regla fue creada por él para evitar que sus mercancías fueran usadas y luego devueltas rotas, o estropeadas.
Todas las mercancías tenían sus especificaciones, como sus obligaciones, que debían ser cumplidas tanto por el vendedor como el comprador. Eran claras, la principal era que, bajo ningún concepto se debía mentir. Tendría que decir la verdad sobre la tara que tenía su mejor mercancía a subastar, en el día de hoy.
Estas subastas tenían unas normas muy estrictas. Consistían en que el vendedor tenía una serie de condiciones que debe cumplir hacia el comprador antes de pujar. Principalmente se basa en, informar de las características especiales y las taras de la mercancía a exponer en la subasta, para que el comprador decida si pujar o no.
A cambio, la condiciones a las que se somete el comprador, aparte de abonar en la misma noche antes de recoger la mercancía o que le sea entregada, es estar con la mujer comprada al menos seis meses de forma obligatoria. Si el producto no le satisfacía en ese tiempo, podía devolverlo, a partir de ahí, y se le enviaba otro para remplazarlo, por un coste ajustado.
- “Normalmente no las devuelven, poco son los que nos están contentos con sus juguetes, e incluso muchos de ellos, se casan con ellas.”- pensó el jefe para saber cómo resolver su problema con su pieza más valorada de esa noche - “Lo único es que cambie las condiciones específicas para ella. Así poder ganar más, pese a su tara, sigue siendo virgen, y pocas, o casi ninguna, lo son cuando las traen.”- esto último lo dijo en alto haciendo que su segundo lo mirara esperando indicaciones, que cumpliría de inmediato, sin rechistar ni dudar.-“ Cambia las especificaciones para Emilia Monti, no ocultes su tara, pero por en grande que es virgen, a cambio su periodo de permanencia será cinco años, no podrá ser devuelta en ese tiempo, no mejor pon ocho, para ese tiempo o estará muerta, o se volverá una corderita como todas las demás. Y añade que, si el comprador se casa con ella, la deuda esta cancelada, no podrá divorciarse de ella, o nos la tendrá que entregar de nuevo. Me gusta esa mujer, no tiene culpa de la familia que le ha tocado. ¡Ah! y si su hermano vuelve a las andas, lo despacháis rápidamente, y se lo lleváis a su madre, con una nota que ponga, “Ya no tenía nada más que dar, lo habías perdió todo”- dijo Humberto, sin darse cuenta de que, por alguna extraña razón, y de forma sorprendente, una preciosa morena de ojos amarillos de tigresa había tocado su corazón por primera vez.
Ruyman.
- “No entiendo porque sigues insistiendo, Ranita, que tú este felizmente casada con ese hombretón de las tierras altas de Escocia, no quiere decir que yo entre por ahí, está claro que, de los tres, el que heredó el sentido común y la inteligencia, fui…yo”- le dije a mi hermana que me había llamado en el peor momento, mientras revisaba el informe en el ordenador, para reenviárselo a mi secretaria, Rihanna Morris.
Esto era ridículo llevaba dos años viviendo en otro continente, el primer año lo pasé en Asia, y ahora en América, exactamente en Filadelfia, en los Estados Unidos. Pero eso no cambiaba para mis hermanos, en especial, para el estúpido de mi hermano mayor Benearo, no paraban de insistir en lo mismo.
- “Conoce una chica, cásate, ten, hijos, y se feliz”- son como se dice en mis islas adoradas, unos auténticos guineos.
La verdad es que estos dos años he sido feliz, a mi manera, no tengo falta de compañía que caliente mi cama cuando me apetece, pero sin las complicaciones de tener una pareja, además mi vida atareada, no me permite pensar en otra cosa.
Vengo de una familia muy unida, mi padre era un empresario muy prospero, español, exactamente de las islas Canarias. Empezó su negocio de cero, con un hotel pequeño, que pronto se convirtió en una cadena que se extendía por todo el país, y con los años ya había en otros países de Europa, mi madre es la responsable de su éxito, según mi padre, fue su musa. Tengo una hermana menor Cathaysa, o ranita que es como Benearo y yo la llamamos, para bajarle los humos de princesa. Cuando era pequeña, le dijimos que ella a lo más que podía aspirar, era a ser la rana del cuento. Al parecer hasta en eso nos equivocamos, durante toda mi vida, para mi padre, ella era su princesa, y así nos lo hacía saber cuándo lloraba adrede, para que nos castigaran, que sólida ser a menudo, y hoy en día es la adorada esposa de unos de los empresarios más rico y exitosos de Europa, vamos que ascendió en su puesto en la realeza, pasó de princesa a reina, y la historia de esos dos fue como los cuentos, con brujas, ogros, y un sueño eterno, que deserto con el beso del príncipe, ósea que estar junto a esos dos, te empalaga como mínimo. (* véase Unidos por la Venganza)
Hace dos años se casó con una mole de hombre, un highlander escoces, millonario, guapo y con una derecha alucinante, aún recuerdo la que recibimos mi hermano y yo cuando quisimos conocer de manera explícita si ese hombre se merecía a mi hermana, la mandíbula me estuvo doliendo una semana, y desde ese momento, mis clases de boxeo, además de otros artes marciales, se intensificaron, el orgullo de un hombre es muy frágil, hoy en día no sería tan fácil tumbarme. Ranita, también, es madre de trillizos de un año y algunos meses, así que su regalo fue darme dos sobrinos y una sobrina que adoro, mis sobrinos son dos calcos pequeños de los gemelos de sus tíos, terremotos en ciernes, no puedo estar más orgullosos de ellos, esos sí que vengaran a su tío.
Por otro lado, tengo a mi alter ego, mi hermano mayor, y gemelo, Benearo, más conocido como Zape. Por si no lo sabéis, no somos los gemelos del terror por casualidad, mi hermana nos puso el nombre de Zipi y Zape, que son dos gemelos de comic, auténtico, expertos en cometer travesuras y volver loco al mundo, en especial a sus padres. Mejor descripción imposible, así somos nosotros dos, cuando estamos juntos, nos pasamos nuestra infancia y la adolescencia, en el internado, castigados de forma diaria, por las grandes ideas, que teníamos, mi padre en más de una ocasión pensó mandarnos a una academia militar en Estados Unidos, gracias a dios quien manda en mi familia, es la reina de la casa, mi madre.
La verdad es que mi hermano y yo tenemos lo que se llama una conexión especial, algo de los gemelos, aunque no podemos ser más diferentes, el adora su mujer, aunque en un principio se llevaba como el perro y el gato, más bien era una manera que tenía mi hermano de mantenerla alejada, como dije soy el más listo de los tres. Pero al parecer cuantas más veces luchas con la persona que amas, más te enamoras de ella, o algo así, los polos opuestos, se dice. Yo desde luego que ahí no entro, ni loco.
Tengo dos sobrinas, que nos están dando muchos quebraderos de cabeza, digo nos, porque cada maldita preocupación que generan esas dos, al estúpido de Zape, me llegan en forma de una sensación urgente de llamarlo. Creo que voy a empezar a mejorar mi empresa de seguridad, sólo para enviarle a mi hermano unos cuantos agentes, que pongan un cerco en esas dos diablillas de dos años, así podré dormir tranquilo. Ya estoy cargando con la vida de mi hermano, ¿Para qué quiero complicarme yo más la mía?





