Llegamos a su auto, un humvee color crema. Los autos así son mi locura.
—Tienes un auto alucinante, sé que te lo digo cada vez que te veo, pero me encanta.
—Gracias, corazón. Lo mío es tuyo, solo debes decirme que sí.
—Mira, de verdad que agradezco todas tus atenciones, pero detente. Mis emociones están fuera de control porque mi corazón se está involucrando. Nos conocemos hace un año, es difícil no sentir cosas y si te vas, si decides que no valgo la pena, me vas a destrozar.
—Tu madre ha sido una experta en hacerte sentir menos.
—Lo sé, pero eso no es de lo que te hablo.
—Es lo mismo. Me gustas, más que eso. Te amo, llevo un año sintiéndome cada vez más unido a ti, así que deja de sentirte menos, o de sentir que no vales la pena.
—Dame tiempo.
—Sabes que tengo un amante.
—Al inicio pensé que eras homosexual.
—Soy bisexual. Y mi compañero sabe sobre mis sentimientos, queremos compartirte.
—Me dices demasiado. No sé qué decirte.
—Tómalo con calma, iremos día a día.
El resto del viaje fue silencioso y por primera vez en lo que tenía de conocerlo, me percaté de la fuerte carga sexual que había entre ambos. Bajó conmigo, escaneó la zona buscando a los miles de asesinos que me esperan fuera de casa y me quitó la llave. Abrió mi puerta, digitó mi código—¿A qué hora se lo di? — y después de asegurarse que todo estaba en orden me besó, y vaya beso.
—Hadita, te deseo. Vamos a empezar a salir, tú y yo.
—¿Y tu compañero?
—Puedes conocerlo, pero al inicio si te hace sentir bien, sal solo conmigo.
—De acuerdo.
—Mañana te quiero en el club conmigo. Buenas noches Hadita.
El día de los enamorados empieza a pasar rápido, veo en la oficina que todas reciben arreglos y sonrío, festejo con ellas y me duele. Doy gracias al cielo de que el día está por acabar y que, tras horas de ver amor por todas partes, se han ido a casa y solo quedamos dos. La secretaria del jefe y yo.
Y ella, la dulce Janice, me mira con picardía. La miro, viene jadeante y no entiendo.
—Te lo tenías bien guardado.
—Yo... espera… ¿qué?
—Vengo de recepción, cariño y hay un muñeco que pregunta por ti.
—Janice, ya te he dicho que no bebas en el trabajo.
—Déjate de pendejadas, ya le han dado el visto bueno y viene subiendo, ha de pensar que estoy mal porque pasé corriendo a su lado por las escaleras, en estos putos tacones de 15 centímetros. Pero tenía que ver tu cara al verlo.
Janice acababa de decir eso cuando lo vi. Wolf.
Vestido con vaqueros, zapatillas y una camisa deportiva de algún equipo de soccer. Me mira con intensidad. Trae un ramo de flores, chocolates y se acerca a toda velocidad.
Mira a Janice con una risa plasmada en su rostro.
—¡Vaya forma de correr!
—Valía la pena, tenía que ser testigo de esto. Nuestra niña tiene un pretendiente de nombre…
—Wolf, Demian Wolf.
La mirada de Janice se llena de asombro y emoción.
—No serás el mismo Demian Wolf dueño del club Cuervos Negros.
—El mismo.
—Tu club es famoso, entrar es difícil.
—¿Has tratado de afiliarte?
—Pensé que era solo por invitación.
—La asistencia a eventos lo es, para nuevos ingresos solo debes presentarte, te daré mi tarjeta, sabrán que me conoces y te facilitarán las cosas.
—Demonios… Gracias de verdad. Y, por cierto, a esta hora estamos solo nosotras, Jeff, nuestro jefe—añade mirando a Wolf—no se encuentra. De casualidad desviaré las llamadas a mi celular y me iré a casa.
Wolf le sonríe con aire lobuno, y nos aísla, cerrando las puertas. Me arrincona contra la pared y me besa, lo dejo, gimo porque me gusta y sus manos esas van a mi entrepierna.
—¿Húmeda?
—¿Wolf?
—Llevo un puto año detrás de ti, te lo dije anoche y por lo visto, esta es la única forma que se me ocurrió, para que me escuches.
—Te deseo…
—No aún, hoy será nuestra noche pequeña hadita. Por ahora me complace saber que me deseas.
—No me dejes así.
—No señorita, sobre la mesa, piernas abiertas.
Aquello era de locos, ¿no estaría soñando?
Me quito los pantalones luchando con el temblor en mis manos, le sigue la ropa interior, lo miro, sabe que estoy mojada y lame sus labios. Parece un hombre lobo el condenado. Se coloca frente a mis piernas y chupa con ganas, mi cabeza se va hacia atrás y gimo, como animal herido.
No es muy elegante, pero la necesidad por tener a ese hombre era mucha. Sujeto su cabeza, necesito decirle que no se mueva, presionarlo contra mi piel con fuerza.
Y entonces exploto, mis jugos salen a toda velocidad y lo llenan.
—Eres mía, hadita.
—Yo… sabes…
—Deseas a Nicholas y si quiere unirse a nosotros, bienvenido sea, pero eres mía. Hoy en la noche vas al club como mi invitada, te organizaré un encuentro con él, Ryder está al tanto. Te dejo tu traje de hoy y la invitación.
Miro el traje y pongo los ojos en blanco.
—Caperucita… ¿de verdad?
—Soy el lobo feroz, cariño. No faltes porque soy capaz de ir a buscarte.
—No lo haré. ¿De verdad seguiremos juntos?
Mi voz suena insegura, es que cómo no estarlo cuando semejante hombre me dice esas cosas.
—Sí, acabarás hasta con un anillo en ese dedo, te quiero para siempre, he esperado un año y no más.
—Te quiero.
—Te quiero, hermosa hadita. Nos vemos.





