Club Cuervos negros

Horas después…

Me encuentro a las puertas de tener el mejor sexo de toda mi vida y tiemblo como una hoja en medio huracán. Me asusta el sexo, —siendo brutalmente honesta, me aterra—y aun así lo anhelo. Pero no es que vaya a tenerlo con cualquier hombre, no.

Wolf es mi otra mitad, me siento completa cuando lo veo. Y lo de hace unas horas… Wow, somos realmente compatibles.

Nick por otro lado, calienta mis noches y mantiene a rayas mis pesadillas—sin saberlo, sin saber siquiera que existo, ya lo saben—en teoría, espero que pueda darme una noche increíble. Sé que les dije que llevaba poco tiempo trabajando, también les dije que he ido con Ry como observadora, pero hay algo más profundo. Los recuerdos de lo que viví en ese club hace poco más de seis años, esos me ponen la piel de gallina.  

Aprendí a anhelar, me hice adicta a las relaciones carnales, algo más fuertes que las comunes y corrientes, para luego ser brutalizada por quien—en teoría—sería la persona que me cuidaría. El monstruo de mis pesadillas tiene nombre, me costó no solo mi seguridad, sino la confianza. No salgo del todo con hombres, no dejo que me toquen o que siquiera me miren la espalda. Solo Ryder pues como sabe de mis heridas y las ha visto, eso me ha permitido tener la confianza que se necesita en la intimidad.

Y eso me preocupa, pues Wolf dejó en claro sus intenciones y aunque sabe de lo sucedido no ha visto mi espalda y el sexo involucra piel con piel. Lo curioso de las agresiones, es que los responsables nos dejan sintiendo pena, vergüenza e inseguridad. No me culpo o no del todo, por lo sucedido. Apenas tenía diecinueve años y mi ingenuidad me hizo confiar en quien no debía.

Y regresar al club fue la cosa más difícil que he hecho.

Mi teléfono suena sobresaltándome y no necesito ver quien me llama, lo sé porque a aparte de mi jefe Jeff, o de Wolf —y su tono de llamada es distinto—, nadie me llama—vaya ausencia de vida social—

—Amor.

—Ryder, corazón de mi corazón—le digo con sarcasmo—

Ryder Grant, el epítome de la belleza, siempre he pensado que es el hermano perdido de Jacob Elordi. Ry es considerado uno de los mejores partidos, hijo de Maximiliam Grant, uno de los fundadores del Club Náutico, y mi único amigo.  

Nuestra historia se remonta a mi adolescencia, mis padres, —así les llamo para no meterme en problemas, pero quizás más adelante les cuente quienes son en mi vida—miembros del club náutico de la ciudad, —y uno realmente snob— me hicieron comprometerme con Ryder. Ambos nos sentimos atraídos, pero supimos que aquello no iba a ir más allá que amistad y sexo ocasional. Mis padres no aprobaron que terminara con él, pero no les quedó más que aguantarse.

— Amor de mi corazón, paso a recogerte en media hora. ¿Estás segura?

—Tanto como puedo estarlo, Ry.

—Wolf estaba radiante, emocionado.

—Hemos decidido dar un paso adelante.

—Eso es asombroso, mereces ser feliz, Oli.

—Podrías decir que sí.

Cuando llega me mira y silba de forma apreciativa.

—Estás realmente caliente, y tu traje…

—Regalito de mi cita de esta noche.

Hablamos de tonterías, mi respiración estaba bastante agitada. Al llegar, noto que los autos abarrotan el lugar y la música se percibe desde afuera. El rostro de Ryder aparece en mi campo visual. Me mira con ternura y preocupación. Toca mi mejilla y me hace mantener contacto con sus ojos.

—Tranquila, estoy aquí ¿recuerdas?

—Hay tanto en juego esta noche, y no sé si puedo manejarlo.

—Wolf no fue por ti porque tenía que quedarse. Estaba casi gruñendo al ver que el tiempo no avanzaba lo suficientemente rápido. 

—Suena a que puede comerme.

—Ten por seguro que si—dijo una sexy voz detrás de nosotros y di un salto bastante impresionante—

—Lamento haberte asustado, pequeña cosita deliciosa.

En sus ojos había un brillo juguetón y supe que mentía.

—Descuide, señor. —le dije metiendo énfasis en la palabra, señor y me gané un beso intenso y posesivo—

—Curiosa criatura has traído, Ryder. O me habla con educación, tal cual lo hace una sumisa, o me insulta deliberadamente.

—La intención no era molestarlo, pero diría que no lo dije por ser obediente.

Wolf me miró con atención, muchísima curiosidad y algo que me pareció ternura, pero que ocultó de prisa.

—Olivia, antes de que entremos, necesito que hablemos, déjanos, Ryder.

Ahí fuera, en medio de la nada, me miró y me dijo algo que me heló la sangre y casi me hace caer de rodillas.

—Necesito disculparme, mi hadita.

—¿Puedo saber por qué?

—Porque fui el tercero de Timothy, cuando te sodomizó.

Mis rodillas fallaron, Wolf me sujetó entre sus brazos mientras el llanto y los temblores convulsivos sacudían mi cuerpo. Haberlo sufrido era una cosa difícil, pero que alguien más hubiera visto aquello, fue fuerte y peor que fuese él.

—Tranquila, mi amor.

—No supe que había alguien más. 

—Estuve ahí y no por invitación, él era famoso por su brutalidad y me resultó extraño ver a una cosita tan joven como tú. Después supe que ni siquiera llegabas a la mayoría de edad y le retiré su membrecía.

—No quiero…

—¿Hablar de ello? Descuida, pero soy tu carta más segura para evitar obtener algo que no quieres. Sé qué quieres a Nick y lo tendrás a él y a cuantos quieras.

—No te entiendo.

—Tú me has dicho que anhelas el sexo, Timothy te quitó algo valioso y daré todo por verte bien, satisfecha. No me importa si tienes Amos en el club, me interesa una relación estable, pero no quitaré ese lado tuyo.

—Gracias.

—Vamos a ir a ver una de las habitaciones y Ry irá por Nick. lo que suceda después, será tu decisión.

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