CAUTIVA POR EL CAPO.

Capítulo 2: Posesión

El auto se detuvo frente a una mansión imponente en lo alto de una colina. Oscura. Elegante. Peligrosa.

Chloe sintió su pecho apretarse cuando Dante bajó primero y abrió la puerta para ella. Sus ojos verdes brillaban en la penumbra, observándola como si ya fuera de su propiedad.

-Baja. Ahora.

Su voz era un mandato. Firme. Incuestionable.

Chloe dudó, pero sus manos fuertes la tomaron de la muñeca y la obligaron a salir. Un escalofrío la recorrió al sentir la dureza de su agarre.

Los hombres de Dante los observaron en silencio mientras él la conducía al interior de la mansión. Pisos de mármol negro, candelabros dorados y un aroma intenso a tabaco y madera impregnaban el aire.

La llevó por un largo pasillo y abrió una puerta.

-Bienvenida a tu nueva casa, princesa.

Chloe entró y sintió su estómago hundirse. Era una habitación lujosa, pero sin ventanas. Un encierro dorado.

-No me puedes hacer esto. -Lo fulminó con sus ojos azules.

Dante sonrió con frialdad.

-Puedo hacer lo que quiera contigo.

Chloe corrió hacia la puerta, pero Dante la cerró de golpe, quedando a solo centímetros de ella. Su aroma la envolvió, su calor irradiaba peligro y masculinidad.

-A partir de ahora, nadie te tocará. Nadie. -Sus ojos se oscurecieron, intensos, salvajes-. Eres mía.

Dicho esto, salió y cerró la puerta con llave.

Chloe no sabía cuánto tiempo pasó encerrada. El miedo, la ira y una extraña sensación de excitación la consumían.

Pero entonces, la puerta se abrió.

Un hombre alto entró. No era Dante. Uno de sus hombres.

-Dante no es el único que puede disfrutar de ti, princesa. -Su voz era cruel, su mirada sucia.

Chloe retrocedió hasta la cama, sintiendo su corazón martillándole el pecho.

-Aléjate.

El hombre rió y se quitó el cinturón.

-Vamos, no grites. Seré amable.

Se inclinó sobre ella, sus dedos ásperos rozaron su pierna. Chloe sintió náuseas.

Pero entonces...

-¡Bastardo!

Un disparo resonó en la habitación.

El hombre se desplomó al suelo con un grito de dolor.

Dante estaba en la puerta, con su pistola humeante en la mano y los ojos encendidos de ira. Se veía letal. Salvaje.

-¿Quién te dio permiso para tocar lo que es mío? -Su voz era un susurro mortal.

El hombre tembló en el suelo, sujetando su pierna ensangrentada.

-Dante... fue un error, jefe...

Dante lo pateó con furia, enviándolo contra la pared. Luego, se giró hacia Chloe.

-¿Te hizo algo? -Su voz era baja, peligrosa.

Chloe negó con la cabeza, pero su cuerpo temblaba. Dante se acercó y levantó su mentón con dos dedos. Su contacto la quemó.

-Respóndeme algo, princesa.

Chloe tragó saliva.

-¿Alguna vez has tenido novio?

Ella negó con la cabeza.

-¿Alguna vez un hombre ha tomado tu mano?

Ella volvió a negar.

-¿Alguien ha acariciado tu piel...? -Dante deslizó un dedo por su brazo desnudo, provocando un escalofrío en ella-. ¿Te han besado?

Chloe sintió su respiración entrecortarse.

-No.

Dante entrecerró los ojos.

-¿Eres virgen, Chloe?

El silencio llenó el aire. Chloe sintió que el tiempo se detenía.

-Sí. -Susurró.

Dante maldijo en italiano y apartó la mirada, como si estuviera al borde de perder el control.

Se giró hacia el hombre en el suelo.

-Tú, malnacido, ibas a tocar algo puro.

Chloe, con el corazón aún latiendo desbocado, miró al hombre y luego a Dante.

Él la observó con intensidad.

-Dime, Chloe... ¿Qué castigo merece?

Ella sintió una extraña sensación de poder al verlo arrodillado, temblando.

Alzó el rostro con frialdad y susurró:

-Cortenle el pene.

Dante sonrió. Oscuro. Perverso. Orgulloso.

-Me gusta cómo piensas, princesa.

El grito del hombre llenó la habitación mientras Dante lo arrastraba fuera.

Chloe temblaba... pero esta vez, no de miedo.

Sino porque Dante Moretti acababa de volverse aún más peligroso para su corazón.

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