Cariño, déjalo y ven conmigo

De manera tranquila, Daniela le explicó la situación a Alexander. "Hay cámaras de vigilancia en el almacén. Aunque el incendio las haya destruido, debe haber copias de seguridad guardadas en algún lugar".

"¡Suficiente!". Alexander entrecerró los ojos mientras la miraba con rabia. "Solo estás buscando excusas para salir de esto. Las imágenes de vigilancia pueden manipularse. ¡No confío en ni una sola palabra tuya, mentirosa!".

Daniela lo miró fijamente.

Él tenía una mirada aguda e inquebrantable. Siempre que miraba a alguien, parecía atravesarlo por completo.

Durante más de una década, Daniela se había aferrado a la ingenua esperanza de ser capaz de descongelar su gélido corazón, pero jamás imaginó que terminaría así.

"¡Discúlpate con Joyce ahora mismo!", bramó Alexander.

Daniela sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua helada, y su cuerpo comenzó a tambalearse.

"¡Soy tu esposa! ¿Por qué no me crees?", exigió con vulnerabilidad.

"Daniela, ya te lo he dicho. ¡Discúlpate! Si Joyce decide llevarlo a los tribunales, serás tú quien termine llorando y rogando por misericordia".

Sus palabras cortantes se sintieron como un cuchillo afilado que desgarraba el frágil corazón de la mujer.

Esta boda, esos diez años en los que ella había mostrado amor y devoción, habían sido una cruel farsa.

Con un fuerte tirón del cuello, Alexander la llevó a rastras hacia la sala de Joyce.

Una enfermera fue corriendo detrás de ellos. "Tiene una costilla fracturada", dijo con desesperación. "La paciente necesita cuidados y descanso. ¡Lo que está haciendo es un completo abuso!".

Pero Alexander ignoró rotundamente sus súplicas.

Daniela estaba tropezando mientras él la arrastraba por los impecables pasillos hacia la exclusiva sala VIP.

La habitación tenía una ambiente cálido y tranquilo. Joyce yacía en la cama mientras Katrina le ofrecía trozos de fruta a su lado.

Al entrar Daniela, esta última le lanzó una mirada fugaz y luego se volvió hacia otra parte, fingiendo ignorar su presencia.

El rostro de Caiden se torció de repulsión. "¿Tienes la audacia de venir? ¿Sabes cuál es la condición de tu hermana?".

Daniela sintió que su corazón se entumecía y se volvió hacia él. "Papá, ¿has olvidado que soy tu hija de sangre? ¿Recuerdas que prometiste no volver a casarte nunca después de que mamá nos dejó? Prometiste que me cuidarías. ¿Y esto es lo que haces?".

Su padre ni siquiera le estaba dando la oportunidad de aclarar la situación o defenderse.

La expresión de Caiden vaciló un momento, pero entonces frunció el ceño con fastidio mientras le daba una mirada aguda. "¡Eres tú quien arruinó todo! ¿Por qué me echas la culpa? Te has vuelto bastante atrevida, ¿no? ¡No puedo creer que ahora te atrevas a desafiarme!".

En la cama del hospital, Joyce se veía saludable a pesar de su supuesta fragilidad.

Con un gesto exagerado, presionó sus manos contra su pecho como si se estuviera quedando sin aliento. "¿Quieres que papá envejezca y viva solo el resto de su vida, Daniela? ¿Has considerado su soledad cuando no esté casado? ¿Quieres que esté solo en esa casa enorme, sin nadie que lo cuide cuando se enferme y que ni le sirvan un vaso de agua?".

Luego, se volvió hacia Alexander. "Alexander, ¿de verdad crees que yo provocaría un incendio para acabar con mi vida?".

Este último permaneció inmóvil, escuchando en silencio hasta el final. Su expresión se ensombreció por completo.

Con frialdad e implacabilidad, miró a Daniela y le ordenó severamente: "¡Arrodíllate y ruega a Joyce que te perdone!".

Daniela le devolvió la mirada con una expresión desafiante. ¿Por qué haría eso?

De repente, Katrina saltó furiosa de su silla y se acercó a ella. Sin dudarlo, le propinó una fuerte bofetada en la mejilla.

Daniela estaba tan aturdida que, antes de que pudiera reaccionar al repentino ataque, su madrastra se desplomó en un mar de lágrimas.

"¡Daniela!", gritó señalándola. "¡Intentaste matar a mi hija! ¿Cómo puedes quedarte ahí, sin disculparte y acusándola? ¡Oh, mi pobre niña! Yo tengo la culpa de todo. Nunca debí convertirme en madrastra de la hija de otra mujer. ¡Todo es mi culpa! Fui yo quien te hizo imposible estar con el hombre que amas y puse tu vida en peligro. ¡No puedo perdonármelo!".

Caiden sintió una punzada en el pecho ante sus palabras.

Estaba tan molesto que se acercó a Daniela y también le dio una fuerte bofetada.

El impacto la hizo tambalearse hacia atrás, por lo que su cuerpo golpeó la pared mientras intentaba mantener el equilibrio.

Apoyada ahí, su mente dio vueltas mientras las lágrimas nublaban su visión.

Tenía la mirada fija en Alexander, con un toque de esperanza aún presente en su corazón.

Le rogaba en silencio que la defendiera, que incluso le ofreciera una sola frase a su favor.

Pero su respuesta solo destrozó su última esperanza. "¡Discúlpate ahora mismo!", ordenó con severidad. "O tendré que llamar a la policía. Te enfrentarás a cargos por intento de asesinato, Daniela. Es posible que te den cadena perpetua".

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