"Alexander…".
Aunque Daniela se había preparado para esa respuesta, sintió un dolor profundo, como si una afilada espada le atravesara el corazón.
¿Cuántas décadas podría vivir una persona?
Había dedicado diez años de su existencia a amar a este hombre e invertir su alma en la relación.
Pero solo recibió a cambio su firme defensa hacia otra mujer.
"¡Hazlo, llama a la policía!", espetó Katrina mientras buscaba frenéticamente su celular. "¡Dejemos que ellos se encarguen de esta asesina!".
En medio del caos, solo Daniela vio a Joyce apretar sutilmente la mano de su madre tras esa explosiva declaración.
Sus miradas se cruzaron fugazmente.
Katrina hizo una pausa, como si ya no estuviera tan decidida.
Fingiendo ser el epítome de la consideración, Joyce declaró: "Alexander, sé que te preocupas por mí, pero este asunto solo concierne a nuestra familia. Llamar a la policía podría llevar al arresto de mi hermana y empañar la reputación de los Harper. Es lo último que deseo. Quizás sea mejor si...". Luego, se quedó en silencio e inclinó ligeramente la cabeza. Su delicada pose ocultaba su mirada astuta. "Quizás sea mejor que lo dejemos pasar".
Caiden se sintió conmovido por su sugerencia, y Alexander frunció el ceño en señal de reflexión.
Los gélidos ojos del último se clavaron en Daniela y ordenó con escalofriante autoridad: "¡No podemos dejarlo pasar! ¡Discúlpate ahora! ¡Arrodíllate y pide perdón!".
A pesar del agonizante dolor en su costilla rota, Daniela se mantuvo firme con la columna rígida, sin mostrar ningún signo de derrota.
Fue entonces cuando se dio cuenta de una cruel verdad: su angustia no era más que una diversión para alguien que no la amaba.
"¡Ya te dije que yo no hice nada malo! ¡Soy inocente, así que me niego a arrodillarme para disculparme!".
Apenas había terminado de hablar cuando Caiden volvió a acercarse y le dio otra fuerte bofetada.
Ya muy débil, Daniela se tambaleó peligrosamente. Su cuerpo temblaba como una hoja en una tormenta. Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, le patearon brutalmente la espalda.
Con un ruido sordo, se desplomó sobre sus rodillas.
El sonido de sus huesos estrellándose contra el duro suelo reverberó por toda la habitación. Daniela sintió un dolor insoportable que se extendió desde sus rodillas hasta su pecho.
Estaba apoyada con las palmas de las manos contra el suelo. La sangre empezó a brotar a través de los vendajes en su pecho, tornándolos de un rojo intenso.
En la puerta, la enfermera ya no pudo soportar esa escena, así que corrió a ayudarla.
Luego, se volvió hacia Alexander con una mirada severa. "He visto las noticias. Usted es el esposo de Daniela, ¿no? Cuando dos personas se casan, se supone que deben protegerse mutuamente. ¿Cómo puede tratarla con tanta crueldad? Está gravemente herida y, sin la atención adecuada, su lesión podría afectarla por el resto de su vida".
"Nunca aceptaría a una mujer tan cruel como mi esposa". Alexander fulminó con la mirada a Daniela, quien yacía desplomada en el suelo. La veía como si no fuera nada más que una mota de polvo en su zapato. "Daniela, este incidente no puede ser ignorado. Tal vez Joyce sea indulgente, pero tus acciones fueron graves, así que debes afrontar las consecuencias. ¡Te quedarás arrodillada hasta que reconozcas tu error!".
Luego, le dio una mirada a Caiden. "Señor Harper, se da cuenta de que es necesario, ¿no es así?".
Caiden asintió bruscamente. "Por supuesto, ella necesita reflexionar, así que estoy a favor".
Un médico llamó a los familiares y la habitación se vació rápido, por lo que se quedaron solas Daniela y Joyce.
Sentada altivamente en la cama, Joyce miró a Daniela, quien estaba arrodillada, sosteniéndose con las manos temblorosas. Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
"Daniela, ¿acaso importa que seas la hija biológica de papá? Mírate arrodillada frente a mí. ¡Me gusta Alexander, y si no es mío, no dejaré que sea tuyo!".
Con la mayor discreción posible, Daniela deslizó su mano izquierda en su bolsillo y presionó el botón de grabación de su celular.
Su piel pálida estaba empapada en sudor, y las gotas caían por su frente.
Sosteniendo la mirada de Joyce, preguntó firmemente: "Tú ocasionaste el incendio, ¿no?".





