—¡¡¡Maldita sea!!! ¡¡¡Maldita mi vida!!!!—Expresé. Entrando a mi departamento quitándome mis malditos tacones. Joder, ya no los aguantaba más.
—¿Qué sucedió?—rió—¿Otra noche estúpida? ¿Otro chico que te cogió y se fue?—dijo Brandonn. «Brandonn, es mi amigo desde hace dos años y desde hace diez meses compartimos departamento. Él, me conoce mejor que mi familia sabe todo de mí, incluso ha visto mis bubis. Es dulce, me cuida cuando me pongo como una alcohólica sin control.
—Sí— Le respondí tirándome en el mueble agotada.—"Ojo" Prohibido reírse, pensé que este seria él bueno.—Le advertí, a veces suele hacer pequeñas bromas sobre mi método de buscar novio y esas bromas llegan a doler mucho. Él dice que mi estrategia para conseguir esposo es absurda... que debería de preocuparme por mí, pero lo que él no comprende es que ya voy a llegar a los 30 y necesito mi propia familia. Necesito un compañero de vida. Eran las 6 de la mañana, Brandonnn estaba en la cocina y se acercó a mí con un café negro como me gusta. Lo tome y él se sentó a mí lado.
—La semana pasada dijiste lo mismo de Charles, y resulto ser igual que los otros. Sólo te prometió cosas, te cogió un par de veces y te boto como basura. ¡Dios! Sam, tienes que cambiar. ¡Debes parar con esto!—dijo Brandonn.
—Pero te juro que esta vez fue diferente, él me prome...—me interrumpió.
—Te prometió, que luego de que tuvieran sexo iban a ser novios para luego casarse.
—Si pero...—me volvió a interrumpir.
—Pero... te dijo que está casado.
—Ok, sii... pero me prome...
— También te prometió que se divorciaría para casarse contigo, ¡Ah! Y lo concluyo con un " te amo Samantha".
—Sí, ¿Cómo sabes todo eso?—pregunte impresionada.
—¡Vamos Sam! Es el mismo cuento que me dices siempre que vuelves de fiesta. Después, vienes molesta el siguiente día al departamento porque resulta que el sujeto, luego de cogerte te boto como servilleta sucia. ¡Basta Sam! Eres mi mejor amiga y me duele ver cómo te tratan esos idiotas, ya para con esto.
–¡Para con esto!– Esto se repetía en mí cabeza como disco rayado, pero "para" significa renunciar a mi felicidad, a ese sueño que tengo de casarme vestida de blanco y sobre todo a mi esperanza de vivir una vida por fin feliz. Y no, no estoy dispuesta hacerlo. Y aunque Brandonn tenga razón, no le haré caso primero está mi felicidad.
—Bueno si, está bien ¡Lo acepto! Me volví a equivocar, volví a toparme con otro estúpido.—Dije balbuceando muy decepcionada, mientras me levante y camine hacia mi habitación.
–Estúpido, pero algún día por tanto intentar llegara el indicado. Tengo fe. Porque no pienso parar con esto— Murmuré muy convencida.
—Bueno, bueno... Cambiando de tema... Te llamo Amelia y dijo, que ya está a punto de llegar a la oficina.— Gritó Brandonn.
Mierda. Mierda y más Mierda. —¿Por qué rayos no lo dijiste antes?—Le dije apurada mientras buscaba mi uniforme de trabajo.
—¡Lo siento! Se lo había olvidado. Chao, nos vemos más tarde. –
—¡¿Queeé?!—Grité asomando mi cabeza hacia la cocina.—¿No me llevarás?—Dije.
—Lo siento. Ya es tarde y si te espero llegare más tarde a mi trabajo. Yo si pienso primero antes de irme de fiesta un día antes del trabajo.— Respondió Brandonn sarcástico e hiriente. A veces llego a pensar que me odia. Abriendo la puerta y se marchó.
–¡Puto! – «Con amigos así ¡¿Para qué necesito enemigos?!»
Joder. Nunca he llegado tarde y no quiero comenzar hoy. Así que opte por correr a mi closet, me coloque una camisa blanca que tenía un escote haciendo lucir más que bien a mis bubis, luego cogí un pantalón de vestir beige y me puse unas sandalias de medio tacón. Y mientras me arreglaba el cabello pedí un taxi.
No pasaron ni cinco minutos y el taxi ya había llegado. ¡Joder! «Gracias a dios fue así, porque si hubiese tardado, tendría que estar lista para mi funeral»
Bajé.
Iba por el vestíbulo y salude a Germán, el portero de mi edificio.
—Que tenga un maravilloso día, señorita Goss.— Expresó Germán con una sonrisa, abriéndome la puerta del taxi.
—Muchas gracias German. Usted tan dulce como siempre.— Dije, mientras subía al taxi.
—A la empresa Kraft Food, por favor— Ordené al montarme. El conductor asintió con una sonrisa y condujo hasta allá.
«Que la jefa no haya llegado. Que no haya tráfico en Chicago, y que por favor pueda llegar a tiempo»
Era lo único que se repetía en mi mente.
Para llegar a la empresa tenemos que pasar el centro de chicago, y eso es estresante, hay mucho tráfico y la gente no colabora. Como quisiera tener un helicóptero para sobrevolar la ciudad. Suspiré. Pasamos el centro lento pero faltaba poco para llegar a la oficina.
****
—Llegamos, señora.— Expresó el conductor, estacionando el carro.
—Señorita.— Dije sutilmente.
—¡Oh! Disculpe. Pensé que estaba casada. —
—Aún no. Y descuide, siempre me sucede lo mismo, ¿Cuánto es? —
—Son... 30 dólares.— Respondió él taxista.
—¡Maldición! ¿30 dólares? Ya es hora de que me den un aumento ¡Ash! —
Busque el dinero indignada por el precio y cuando logre sacarlo de mi monedero, se lo dí y me baje
—¡Muchas gracias!— Le dije y termine de salir del vehículo.
Suplicando que no estuviera mi agradable y bellísima jefa.
Respire hondo.
Entre al edificio.
Todo parecía normal, los empleados corriendo de una oficina a otra, papeles por donde quiera y el sonido de las cajas al sellarlas se escuchaba en todo el edificio. Sonreí.
—"Señorita Samantha. Señorita Samantha. Me puede firmar aquí, por favor "—Decían todos, apenas me vieron, solo alcance a dar cuatro pasos, antes de lanzarse encima como leones a un pedazo de carne fresca.
—Claro, con gusto.— Respondía yo al instante. Firme como diez permisos de traslado. «''Kraft Food'', es una empresa de alimentos de consumo que surte a todos los supermercados de Chicago y lo —mejor es que es, la número uno en su rama, gracias a mí.»
Subí al ascensor y finalmente llegue a mi escritorio. La oficina de mi jefa está toda hecha de vidrio y queda justo detrás de mi escritorio. Sí, se puede ver perfectamente todo lo que hace ella ahí y obvio apenas el ascensor se abrió me fije y ella no estaba allí mire hacia arriba y le di las gracias a Jesucristo.
¡Suspiré de alivio!.
En vista de que no estaba mi jefa, me coloque hacer los pendientes de hoy. Estaba redactando documentos, tras documentos. Hasta que me deje llevar por mis pensamientos...
"¿Por qué será que no consigo un esposo? ¡Cielos! Fue tan fácil para todas mis amigas, incluso algunas ya van por su tercera boda y yo aún no he tenido ni la primera ¿Qué será lo que hago mal? Si sigo todas las reglas que ellas mismas me dieron.
*Reglas para conseguir esposo.*
1: Usa ropa provocativa, con poca tela pero que no te haga ver como una zorra.✔
2: Hazte la inocente pero no la tonta.✔
3: Usa ropa interior de encaje.✔✔✔
4: Déjate llevar, si quiere sexo dáselo.✔
5: Nunca muestres tu inteligencia ante ellos, se sienten menos hombres y eso no les agrada.✔
¡Yes! Todas y absolutamente todas las he cumplido a la perfección sobretodo la tres, nunca salgo de casa sin ropa íntima de encaje.
A veces me pongo a pensar si, ¿Realmente vale la pena seguir esas absurdas reglas? Tal vez es como siempre me dice Brandonn "Llegará cuando tenga que llegar" Y tal vez sea así, pero vamos, ya voy a cumplir 30. Significa que mi fertilidad está totalmente comprometida y en riesgo. ¡Demonios! Y yo que ya deseo ser madre además que le juré a mi mamá que le daría un nieto antes de los 30 años…
Estaba profundamente sumergida en mis pensamientos. Mirando un punto fijo sin parpadear, preguntándome ¿Cuándo llegará el día en que por fin tenga suerte?
Suspiré pensativa.
Mi mente seguía en el espacio.
—Samantha. Samantha ¡Hey! ¡Hey!—decía una voz, en lo más profundo de mi cerebro allá dónde mando todo aquello que no me importa e ignoro.
—¡¡¡SAMANTHA GOSS!!!—Mi mente seguía ida hasta que reaccione al escuchar que gritaron mi nombre.
—¡Oh, por dios! Lo lamento tanto jefa, solo estaba pensando pero me deje llevar.—dije y me paré.
—¡Carajos! Pensé que le había dado algo, como ni una pestaña movía. —
—¡Rayos! Qué vergüenza. Le juro que no va volverá a pasar. —
—¡Descuide, Sam! No estoy molesta, solo hágame un favor. —
Sonreí, de alivio. Al parecer hoy no vino con las venas cruzadas, muy pocas veces viene de buen humor.
¡Que suerte!—Con gusto jefa ¿Dígame? —Le respondí.
—Cuando venga mi hijo hágalo pasar, sin excusas esta vez. —
—Claro que sí señora Amelia.— Exprese y ella se retiró.
¡Mierda! Qué abra hecho Daniel esta vez. Siempre que hace algo grave la jefa, me dice que lo pase apenas llegue, sin excusas y sin interrupciones.
—Siempre, metiéndose en problemas ese niño.—murmuré.
Me volví a sentar y termine de archivar los pendientes. La jefa estaba histérica, hablaba por teléfono con un tono muy alto que traspasaba los vidrios de su oficina. Minutos después llega por fin Daniel, con una enorme sonrisa seductora y creyéndose un galán. Es guapo pero no mucho como él cree.
—Mi dulce Sam.—Expresó acercándose a mi escritorio.
—¡Ya Daniel! Esta es la décima vez que te digo que para ti soy, señorita Samantha.—dije fría.
—Eso no me decías aquella noche, mi dulce Sam.—Dijo Daniel, tocándome un mechón de cabello.
—¡Basta!—golpee su mano alejándola de mi cabello—No sigas más con esto. Yo no sabía que eras el hijo de Amelia, mí jefa. Así que por favor, te pido que termines de una vez con ese tema.—le ordene fría y me senté. Es la verdad, si hubiese sabido desde un principio que él era el hijo de mi jefa, jamás me fuese acostado con él. Vamos, no soy tan estúpida para hacer algo así.
—Está bien. Como desees mi dulce Sam. Demonios, como odio que diga "Mi dulce Sam" Maldito niño rico. Que no hace nada y espera que todas caigan ante él.—¿Y mi madre?—Preguntó Daniel.
—Te espera dentro.—Dije seca, señalando la oficina de la señora Amelia. Él se fue y yo suspiré de alivio. ¿Cómo sucedió? Pues, no lo voy a negar. Era una noche de fiesta o de cacería como dice Brandonn. Me lo encontré y él me invito un trago nos atrajimos al instante. Estuvimos juntos un par de veces hasta que coincidimos en una reunión que preparó mi jefa, su mamá, para celebrar el aniversario de la empresa ahí todo se vino abajo, lo tache de mi lista y quedo como el estúpido número 10. Y sí, si no fuera el hijo de mi jefa las cosas con él hubiesen sido más que bien o tal vez no, quizás eso nunca lo sabré.
—"¡¡Cómo es posible que te hayas gastado una cantidad tan exagerada de dinero en una sola noche!! Daniel ¿Qué carajos tienes tú en la cabeza? Me estás empezando a preocupar... Sí, sí, ríete que más me reiré yo cuando por fin te quite todas las malditas tarjetas…" —Era lo poco que se escuchaba en mi oficina. Me alegre. Por fin Amelia le está jalando los cables a ese niño. Que mucha falta le hacía.
La discusión no duró mucho. Daniel, salió lanzando fuerte la puerta y en sus pasos solo trasmitía ira.
—Sam, por favor. Ven un momento.—me llamo la jefa. Me paré al instante y fui a su oficina.
—Aquí estoy señora ¿Para que soy buena? — Pregunté un poco nerviosa, ya que apenas hacia un momento que había terminado la discusión con su hijo.
— Agarre ese sobre—Dijo, señalándome una carta blanca en su escritorio. Asentí.
—¿Para dónde quiere que lo lleve, jefa?—Pregunté.
—Eso es para usted.— Dijo. No entendía nada pero lo primero que pensé fue… ¿Qué mierda, será que me está despidiendo?
—No entiendo ¿Me-Me está despidiendo señora?—Pregunté con voz temblorosa.
—¡Oh! No. No, Sam. Cómo se le ocurre, esas son las vacaciones firmadas que me solicito hace tres meses ¿Recuerda? —
—¡Dios! Qué alivio—Si, sí. Lo recuerdo perfectamente jefa. Y... ¿Cuándo me las puedo empezar a tomar? —
—Desde este momento. —
—¿En serio?—expresé impactada.
—Sí. Samantha. —
—¡AAAAAAAAAA! — Grite, por dentro de emoción. Por fin, tras once años de trabajo continuo podré descansar para enfocarme en lo que más deseo en la vida. En conseguir esposo.
Salí de la empresa con una enorme sonrisa. Cogí un taxi y en cuestión de minutos llegue a mi casa. Y llegue directo a dormir ¡Dios! Como deseaba esto desde temprano.





