Amor Y Prejuicio

Sé lo que muchos de ustedes deben estar pensando "¿qué es todo esto?" "¿qué está pasando?" relájense, ya más adelante les explicaré cómo fue que llegué al descenlace anterior, pero, creo que lo más razonable ahora sería comentarles todo desde el princípio, no pretendo aburrirlos, solo quiero que comprendan bien todo lo que sucedió desde el primer día, para que cuando explique lo que vino después de esa "nochecita" no muestren un ceño fruncido a causa de la confusión que les genera no entender nada de lo que yo les diga.

Marzo, un mes bastante lento y tedioso, y personalmente el que más odio en particular. Cuando llega marzo me replanteo muchas cosas en mi vida, ¿quién soy? ¿qué he logrado hasta ahora?, ¿qué aspiro lograr? ¿valen la pena otros 20 años de una vida que en lo personal considero poco significativa y sin impacto? lamento si no respondo aún tales cuestionamientos, es que aún sigo trabajando en ellos.

El ruido de la alarma retumba como cada mañana, haciéndome despertar de un sueño que poco me costó adquirir, pero que de igual forma me enojaba muchísimo dejar de lado. Retiré las sábanas de mi cuerpo y me levanté de la cama, rascándome la cabeza mientras pasaba mi otra mano por mi pecho desnudo, no me agrada dormir semi-desnudo, pero el calor era un asco, otra razón para detestar Marzo.

Avancé al baño para lavarme, haciendo mi respectiva parada frente al espejo como cada mañana, ya por maña que por gusto, realmente no me considero una persona egocéntrica o narcisista que debe verse bello, simplemente me interesa no lucir tan desaliñado. Lo primero que veía era ese par de ojeras adornando mi pálida careta, y mi cabello hecho un desastre, afortunadamente no era tan largo, nunca me gustó dejarlo de tal forma, siempre sentí como vagabundos a los que se dejaban el cabello así.

Escuché de repente a alguien tocar la puerta de mi habitación, o mejor dicho "golpearla", como si la puerta se hubiera acostado con su esposa, rápidamente supe de quien se trataba.

— Maldita sea — no pude evitar quejarme mientras caminaba de vuelta a la habitación para abrir la puerta, no sin antes tomar una camiseta blanca del clóset y ponérmela rápidamente.

Abrí la puerta de la habitación, sintiendo rápidamente como aquellos ojos oscuros se clavaban sobre mis hombros, como si intentaran cortarme el cuello y deshacerse de mí, para la mala suerte de ambos, aquel maldito anciano no tiene dicho don aún.

— ¡¿Sigues durmiendo?! — preguntó con aquella voz alterada y colérica que le caracterizaba, y que tanto me irritaba.

— ¿Que acaso me ves con los ojos cerrados? — le dije de forma incrédula mientras me cruzaba de brazos, mi hermana siempre dice que el 80% de las cosas que me pasan, son causadas por culpa de mi "maldita actitud de bastardo engreído que nunca puede mantener la boca cerrada", admito que algo de razón tienen sus palabras, pero ello no significa que deba dejar de lado el único mecanismo de defensa que tengo, sin contar que desde luego, me encanta ser un desgraciado.

— ¡Déjate de jueguitos y vístete Taylor! ¡hace horas que deberías estar en clase para que llegues temprano hoy!

— ¿Y porqué tanto afán porque me vaya y venga temprano? normalmente sueles echarme a patadas, pero ¿pedirme que llegue temprano? — cuestioné arqueando una ceja, realmente era raro que el viejo me pidiera llegar temprano a casa, para él era mejor cuando llegaba tarde, o de plano, no llegaba.

— ¡Ya te lo dije Taylor! vendrá un inversionista muy importante a cerrar un trato con nuestra empresa, y necesito que tanto tú como tu hermano estén presentes esta noche — de inmediato sentí unas ganas de vomitar aferrarse a mi estómago, ¿toda una noche hablando de cosas que no entiendo, con el bastardo de mi padre, el cretino de mi hermano, y un pingüino corporativo que seguramente odiaré? la idea me desagradó apenas rebotó por mi cabeza, vaya que el karma es la mierda más horrible que existe en el planeta, tengan ello en cuenta siempre.

— Creí que no te gustaba que yo me involucre en las cosas de "tu empresa" — dije cínicamente haciendo un gesto de comillas con mis dedos, me encantaba retar a mi padre, siempre sentí que era mi obligación como el hijo "marginado y no deseado" ser el más rebelde y problemático de la familia, ser el karma de ese anciano decrépito, y no es por ser egocéntrico, pero se me daba muy bien serlo.

— Odio que tengas que involucrarte, pero no tengo opción — me dijo sin una sola pizca de tacto, como ya era costumbre en él, "maldito viejo infeliz" rebotó por mi mente en aquel momento, era tan odioso — Robert quiere que todos los que tengan relación o al menos algún tipo de "derecho" en la empresa estén presentes en la cena, hecho que me obliga a darte un asiento en la mesa con nosotros.

— Me halagas viejo, enserio — dije de la forma más incrédula y sarcástica que mi cuerpo me lo permitió, para después fruncir el ceño y darme vuelta.

— ¡Te lo advierto bastardo engreído, si no te presentas esta noche, cortaré tu fondo universitario! — aquellas palabras me hicieron frenar en seco y gruñir con enojo, me tenía amarrado como a un perro con correa con el tema de la estúpida colegiatura, siempre que yo empezaba a ser un problema, agitaba mi colegiatura como si de una campana se tratase, ganas no me faltaban de decirle que se tragara su dinero, pero realmente yo no tenía ni dónde caerme muerto, y no era un buen comienzo a mi vida adulta quedar expulsado de la carrera y viviendo bajo un puente.

— ... ¿A qué hora debo llegar? — pregunté con pesadez mientras me cruzaba de brazos sin voltear a verlo, pero aún así, alcancé a oír una risa nasal por parte de él, chasqueé mi lengua con enojo, siempre odié darle lo que quería a ese bastardo.

— Robert llegará a las 08:00, aparecete como a eso de las 07:30 para que te arregles con tiempo — dijo sin más mientras se alejaba de mi puerta y se marchaba escaleras abajo, yo rodé mis ojos con molestia, era tan frustrante ese tono de "siempre tengo la razón" que usaba cuando yo cedía a sus peticiones, y si lo hacía era solo por el dinero de mi colegiatura, no porque realmente sintiera respeto por él.

Solté un pesado suspiro para dejarme caer sobre la cama, mirando fijamente el techo con pesadez, pensaba en la cena de aquella noche y mi estómago se empezaba a retorcer, nunca fui fan de pasar horas enteras hablando de negocios, y mucho menos fingir que me caen bien uno de los amigos avariciosos del viejo, tan solo pensar en hacer ambas cosas, me daban ganas de arrancarme la piel del rostro con mis propias manos.

-

Avanzaba calmadamente por el campus de la universidad, los demás hablaban tranquila y alegremente, yo solía pasar como si nada, no me gustaba entablar conversación con mis compañeros de curso, ellos estaban muy ocupados drogándose y yendo de fiesta, cosas para las cuales yo no podía darme el lujo de dedicarme, porque no tenía dinero, y porque yo dependo de mí mismo, y no iba a cometer la tremenda estupidez de volverme un adicto y darle la razón a todos los que me señalaban de un vago bueno para nada hijo de una imbécil camarera caza-fortunas, trataba de demostrar que podía ser más que eso, claro que del dicho al hecho, siempre hay un largo trecho, por ello solo trato de cerrar la boca y enfocarme en mis asuntos.

Escuché una voz conocida acercarse hacía mí, volteé de reojo, notando que se trataba de cierta chica de cabello castaño, quien me miraba con una ligera sonrisa, era la única que parecía sonreír me por mero gusto, o bueno, lo hacía cuando necesitaba un favor.

— ¡Ahí está mi hermanito favorito! — dijo ella mientras se acercaba hacía mí y posaba ambas manos en mis hombros, no pude evitar mirarle de forma algo incrédula, aquella expresión en sus ojos, y sus palabras, solo me daban el indicio de que ella quería algo, era demasiado obvio.

— No tengo dinero, y definitivamente no saldré con una de tus amigas aunque te hayan pagado por eso — le dije de forma algo cínica mientras echaba mi cabello hacía atrás, ella soltó una carcajada leve mientras me daba un codazo y caminaba junto a mí hacía el edificio donde veíamos clases, ella estudiaba administración de empresas, y yo medicina, pero por alguna razón, lograbamos encontrarnos entre clases de matemáticas.

— ¿Qué acaso no puedo hacerle un encantador cumplido a mi encantador hermano? — bromeó mientras caminaba junto a mí, ese tono de voz no me agradaba en absoluto.

— Señor, esta perra me va a meter en algo — dije alzando la cabeza, logrando que ella me diera otro golpe en el brazo, del cual obviamente me quejé, no sin sus respectivas risas desde luego — ¡Jajaj auch, basta!

— Escucha, necesito que me consigas un préstamo con papá — me dijo mordiéndose el labio inferior y mirándome con pena, cuando me miraba así tenía ganas de estrangular la.

— ¡¿Qué?! ¡¿te metiste marihuana medicinal o qué?! — exclamé mirándole de forma incrédula, lo que me pedía era una locura.

— ¡Vamos, papá dijo que me daría dinero para el colegio!

— ¡¡A ti, no a mí!! ¡¡sabes muy bien el cómo se pone conmigo!! ¡¡¿y se te ocurre decirme a mí que le pida el dinero?!! — le reclamé algo enojado, y mis razones tenía, ella adoraba dejarme todo el trabajo difícil a mí, ella no toleraba al viejo, pero bien que adoraba sacarle dinero, y como no quería verle la cara, amaba envíar siempre al más imbécil.

— ¡¡Vamos Taylor!! tú vas hoy para allá, ¡¡yo no quiero ir, cada que voy él y su mujer me miran feo, y peor lo hace cuando voy a pedirle dinero!! — replicaba mirándome de forma suplicante, lo que decía era cierto, el viejo no lograba quitar esa "mirada de imbécil" de su rostro jamás, sobre todo cuando se trataba de Raquel y de mí, ella por ser mujer, y yo por ser yo.

Bufé rodando mis ojos con frustración, era tan odioso estar consciente de lo maldito que era mi padre, y ser siempre yo el que deba hacerle frente. Pasé mis manos por mi rostro mientras sentía el peso de una migraña caer encima mío, la noche ya de por sí se tornaba muy estresante, ahora la petición de Raquel la hacía insufrible.

— Tú ganas — escupí de mala gana — ¡Pero no te garantizo que me lo dé! sabes cómo es él conmigo, y ya me dió mi mensualidad, por lo que no estoy seguro de que te dé la tuya.

— Con que intentes me basta — dijo antes de darme un fuerte abrazo, yo no pude evitar fruncir el ceño, ella nunca me abrazaba, solo cuando yo hacía lo que me pedía, era como abrazar un cactus ponzoñoso — ¡¡Muchas gracias hermanitoo!!

— Ya ya, ni lo menciones — murmuré con desagrado apartándola de mí, y continuando mi paso hacía el edificio donde vería mi clase.

— Uy, ¿qué te pasa Ty? hoy estás más amargado de lo habitual, ¿se debe a algo en particular? — murmuró de forma picarona mientras llevaba uno de sus mechones castaños tras su oreja, yo bufé otra vez mientras pasaba mi mano por su rostro, ya la veía venir con uno de sus famosos "interrogatorios" sobre mi estado emocional, que tanto lograban irritarme.

— Nada, es solo que, hoy irá un "empresario muy importante" y el viejo me exigió que esté presente mientras hablan con aquel sujeto sobre cosas muy aburridas de negocios.

— ¿Enserio? mh, es raro, normalmente te quieren fuera de todo lo relacionado a la empresa.

— ¡¡Lo sé!! — me quejé posando ambas manos en mi rostro — La verdad no entiendo qué quiere lograr con todo esto, no me gusta la idea de pasar toda la noche escuchando al viejo y a Roger alardeando de "lo conveniente y fructífero que será ser socios" ug, ya hasta me parece estar escuchándolos — me quejé frotando mi entrecejo con mis dedos, escuchando una leve carcajada de parte de Raquel.

— Paciencia querido — me dijo palmeando me el hombro sutilmente — Pronto podrás olvidarte de ellos, por cierto, ¿fuiste a la entrevista que te dije?

— Ah sí, me dijeron que me llamarían — "lo que significa que no lo harán" pensé de inmediato, la verdad no podía evitarlo, iba de un fracaso tras otro, de haber sabido que ser adulto iba a ser tan pesado y frustrante, me habría ahogado con mi propia plastilina en el jardín de niños.

Avancé junto a Raquel hacía mi aula de clases, me tocaba una clase diferente a la de ella, por lo que nos separamos en el pasillo y cada uno fuimos a un salón distinto. Apenas llegué, fui a mi asiento y empecé a tomar apuntes, mis notas eran un desastre absoluto, el órden nunca fue mi fuerte, mientras el profesor dictaba los distintos músculos del cuerpo, yo señalaba con una línea dichos puntos, y si el profesor daba algún tipo de dato sobre aquellos músculos, lo anotaba junto a la línea, a la vista era espantoso, pero a la hora de estudiar, era oro puro.

Algunas horas después, la clase ya había terminado, todos empezaron a marcharse, yo me quedé organizando mis apuntes, no me importaban esos niños de papi a los que les daba igual tomar nota o no, yo sí debía esforzarme, demostrar que realmente merecía estar allí, tarde o temprano podían cortarme la mensualidad y dejar de estudiar, por lo que quería aprender todo lo que pudiera antes de que el viejo dijera "vete a la mierda bastardo".

— Bien clase — habló el profesor Paxton mientras se levantaba de su asiento y miraba a los demás marcharse del aula — La próxima clase profundizaremos en el neumotórax, estudien mucho, todo lo que vemos aquí se irá al exámen — hablaba mientras avanzaba por las mesas, yo tenía la cabeza clavada en mi libreta, escribía algo apurado mientras mi cabello caía sobre la mesa, de repente sentí cómo el profesor se paraba junto a mí y me observaba con detenimiento.

— Taylor, ya deberías irte — dijo el profesor mientras me miraba anotar.

— Ya casi acabo — insistí escribiendo algo a prisa, el profesor suspiró cruzándose de brazos.

— Llegarás tarde a tu otra clase — afirmó con algo de seriedad.

— ¡Sí ya sé! — dije abriendo mi mochila algo apurado mientras cerraba la libreta — Gracias profesor Paxton.

— Date prisa — insistió mientras me miraba levantarme y guardar mis cosas en mi mochila, ya era costumbre que yo fuera el último en marcharse del aula, pero igual el profesor Paxton siempre me ayudaba a pisar tierra, y no olvidarme que el día era muy largo para hundirme solo en una clase, era el único con el que insistía tanto, seguro se debía a que él conocía mi situación, y por ello quería que yo lograra demostrar quien soy en realidad, aquí entre nos, el señor Paxton era de los profesores que más me agradaban, ojalá pudiera decir lo mismo de otros docentes, pero lamentablemente, no era así.

-

— El cerebro humano, brillante y muy fascinante, sumamente delicado e indescifrable — dictaba aquella mujer alta de estirado cabello rubio, cuyos tacones casi tan puntiagudos como sus tetas eran la única fuente de ruido en aquel enorme auditorio donde daba clases, bueno, a parte de su irritante voz que no dejaba de hablar con un complejo de superioridad que me daba ganas de poner en práctica lo que estaba aprendiendo, y meterme mis lápices por la naríz para moler el 40% de mi cerebro — ¿Alguien podría decirme alguna característica del cerebro humano?

De inmediato divisé de reojo a la "niña brillante" de la clase alzar la mano, una jóven de cabello rojizo y ondulado, quien era muy bonita, sí, pero así como era bella, era irritante.

— Sí señorita King — dijo doña "puntea-tetas" mientras le miraba con detenimiento, y su voz hacía eco por todo el salón.

— Es la porción más grande del encéfalo, y está formada por dos mitades — murmuró aquella chica mientras hablaba sin titubear, admito que es muy lista, era uno de los mejores promedios de la clase, pero lamentablemente, la señorita Mcallister era un kraken en todo el sentido de la palabra.

— ¿Año y medio de carrera y solo eso puedes decirme, Courtney? vaya, y tú eres la mejor del curso — dijo ácidamente mientras se daba vuelta y continuaba caminando por el lugar con aquellos aires tan petulantes que la caracterizaban, Dios, jamás añore tanto que se cogieran a alguien, como añoraba que alguien le hiciera el favor a esa anciana tan desagradable, quien irónicamente, iba a acabar con la salud mental de todo el curso mientras impartía tal materia — ¿Alguien más?

Solté un pesado suspiro mientras me animaba a alzar la mano, esa mujer y yo no nos llevábamos bien, el odio se podía oler en la habitación al igual que su perfume de funeral, pero de igual forma, yo intentaba demostrar que podía ser un alumno dedicado, a pesar de que ella actuara como una perra a la hora de enseñar.

— ¿Sí... señor Atwood? — murmuró con frialdad y un tono algo incrédulo, esperaba que me equivocara, lo sabía, añoraba que dijera alguna idiotez como que el cerebro era el órgano más grande el cuerpo humano, para así poder acribillarme con insultos rebuscadamente pasivo-agresivos, de esos que le salían tan bien.

— Se podría decir que el cerebro es la estructura más versátil e interesante de nuestro cuerpo, ya que a lo largo de nuestra vida, el cerebro sufre cambios, se adapta, logrando así que las neuronas se reorganicen para formar las nuevas conexiones y se ajusten a los cambios que hay en nuestro entorno — admití mientras alzaba mis hombros, la mujer me miraba arqueando cínicamente la ceja, hasta Courtney me miró asintiendo, era obvio que no estaba hablando una idiotez, pero como siempre, tetas egipcias no podía quedarse callada.

— Vaya señor Atwood, veo que estuvo leyendo bastantes artículos sobre el cerebro, dígame, ¿eso le hace sentir superior?¿el leer algo que usted no entiende, llena algún vacío en su ser? — apreté mis dientes con fuerza, luchaba por no decirle en voz alta "creo que usted es la que necesita que le llenen varios vacíos, vieja imbécil" pero, la imágen mía friendo papas en McDonald's porque el viejo no quiso pagar más mi colegiatura por buscapleitos, me hizo morderme de tal manera la lengua, que creí que me la iba a romper en dos — Dado que esta clase aún no tiene idea de lo que estamos hablando, quiero un ensayo de diez páginas sobre el cerebro humano, y al que quiera jugar a ser "intelectual" como el señor Atwood, le haré exponer su punto en un debate conmigo en frente de toda la clase, ¿les ha quedado claro? — todos nos quejamos al oírle, era tan odioso estar a merced de una bruja como esa, y lo peor era, que su materia era de las que más me costaba aprobar, tenía que esforzarme por aprobar, porque primero me sacaba un ojo antes que besarle esos horribles tacones para que me obsequiara dos puntos para aprobar.

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