PUNTO DE VISTA DE SCOTT
Finalmente había terminado con el trabajo. Ahora podía asistir a la fiesta... mi fiesta de cumpleaños. Llegué a Houston ayer por motivos laborales. Mi empresa tiene su sede principal en Londres, pero hay una extensión aquí en Houston. Aunque viajo a menudo para equilibrar los negocios en ambos lugares, no había estado aquí en mucho tiempo. Mis amigos y empleados organizaron una fiesta de cumpleaños, bueno, también una fiesta de bienvenida; no es que me importen mucho estas cosas.
-Sr. Blackwell, los Evanston están solicitando una reunión urgente con usted...
-Hoy no -dije saliendo del lugar. Mi asistente sabe exactamente qué hacer, no tengo que explicárselo con manzanas.
Me dirigí directo a mi *penthouse*, me duché y me vestí. Asistiría gente importante: socios comerciales, familia y unos pocos amigos. Hablando de amigos, Jack García, mi hermano, no lo he visto en mucho tiempo, y a su hija Eliana... La última vez que la vi, ya estaba bastante crecida, una niña linda... y traviesa.
Subí a mi camioneta y salí hacia el lugar del evento. Mi teléfono sonó; era Jack. Hablas del rey de Roma y él te llama.
-¿Qué pasa, hombre? Llegué directo de una reunión, viejo. Llevo como diez minutos en tu fiesta y todavía no te veo el pelo. No me digas que aún no estás aquí.
-Lo siento, amigo, voy en camino.
-Déjame adivinar, ¿estabas demasiado ocupado con alguna mujer que olvidaste tu propia fiesta?
-¿En serio, Jack? Estaré allí en cinco minutos. -Sonreí ante su suposición. Debo admitir que extraño aquellos días en que el placer era lo primero, cuando vivía de forma salvaje y despreocupada, pero ahora, el trabajo es lo primero. Sigue sin importarme el amor, pero me importa todo lo que me genere dinero. Eso no significa que haya dejado de acostarme con mujeres; nunca podría dejar de follar.
La riqueza viene con beneficios, muchísimos beneficios, mujeres dispuestas, más de las que jamás podría follar. Pero tengo mis estándares; no me acuesto con cualquiera que se me ponga enfrente. Después de todo este estrés, una mujer dispuesta en mi cama me vendría muy bien.
Llegué al salón y entré, escaneando el lugar con la mirada hasta que localicé a mi amigo.
-¡Scott!
-¡Jack! -Nos abrazamos, dándonos palmadas en la espalda como lo hacen los hombres.
-Es genial verte de nuevo, Scott. Ha pasado una eternidad.
-Sí, lo mismo digo. ¿Cómo estás? ¿Tu hermana... tu niña?
Jack se soltó a reír a carcajadas.
-Todos estamos bien, hombre. Que no te escuche esa jovencita llamarla así. Me gruñe cada vez que le digo "pequeña". La verdad es que ya no es una niña; mi pequeña se ha convertido en toda una mujer.
-Feroz como su padre, ya veo. ¿Y dónde está?
-Recibí un mensaje de mi hermana diciendo que Eliana no podría asistir.
-¿Por qué? ¿Tareas de la escuela?
-No, problemas estomacales. Sandra se irá en una hora para asegurarse de que Eli esté bien.
-Salúdala de mi parte. De todos modos, iré de visita este fin de semana.
-Seguro, te estaré esperando.
Me giré para tomar una copa de la bandeja de un mesero y vislumbré a una mujer. ¿Por qué llevaba una máscara?
-¡Diablos! ¿Quién es esa chica tan atractiva, Jack?
-No lo sé, lleva una máscara, como puedes ver.
-Ya veo, y veo mucho más que una máscara. -Era jodidamente sexy; sus pechos perfectos resaltaban gracias al vestido que los realzaba, tenía unas caderas hermosas y unos muslos gruesos... Ya podía imaginarme en medio de ellos. Quizá porque no había tenido sexo en toda la semana, mis piernas se movieron por sí solas.
-¿A dónde diablos vas, puto amo del exceso? -No pude negar que aquello sonó divertido.
-A conseguirme algo realmente bueno.
Cuando me giré, vi a mi tonto sobrino -el hijo de mi primo- hablando con ella. Honestamente, el chico era demasiado bueno en eso de ser un playboy, pero no iba a dejar que se quedara con esta; ella era mía por esta noche.
-Creo que la dama no está interesada en lo que sea que ofrezcas -dije, y sin darle una segunda mirada, alejé a la mujer de él. Su aroma... era divino. Parecía un poco reservada. Eso me gusta; ese tipo de mujeres suelen ser salvajes y desinhibidas en la cama. Me encanta una perra loca en la cama.
-¿Nos conocemos?
-Sí.
-¿Dónde? -preguntó con curiosidad. ¿Sería una de las mujeres con las que tuve algo en el pasado?
-In una subasta. Mi familia no asistió esta noche, estoy aquí en su representación.
De algún modo logré convencerla de que me acompañara a la sala VIP. Se negó a decirme su nombre o a quitarse la máscara.
La idea de follarme a una mujer con máscara era excitante.
-¿Qué edad tienes? -Hubo una breve pausa antes de que respondiera.
-Tengo veintidós años.
¿Veintidós? Le llevo como veinte años... ¿Y por qué me importa? Ella también quiere esto, ¿cierto?
-Desnúdate -le ordené. En el momento en que sus pechos quedaron expuestos, me acerqué para sentirlos en mis manos. Eran tan suaves, perfectos para agarrarlos. No llevaba bragas debajo del vestido. Mi miembro se puso aún más duro. La besé con fuerza, un beso húmedo y caliente. Deslizando mis dedos en su intimidad, murmuré-: Estás tan mojada, nena, tan estrecha.
La subí a la cama, me quité la ropa y me uní a ella, dejando que sintiera parte del peso de mi cuerpo.
-Te voy a follar tan bien.
-¡Sí! Quiero eso, por favor...
-Dí "sí, papi" -le ordené. Hace un segundo estaba considerando terminar con esto, pero ahora, creo que una pequeña aventura con una jovencita sería emocionante después de todo. *Papi...*
-¡Sí, papi! Quiero que me folles muy bien. -La forma en que me llamó papi y cómo especificó lo que quería hizo que mi miembro latiera. Moviendo sus caderas, hizo que nuestras intimidades se rozaran. Quizá era porque no había follado en un tiempo, pero eso se sintió tan jodidamente bien que me estremecí de placer.
Deslicé un dedo dentro de ella, luego otro, bombeando a un ritmo rápido mientras rodeaba su clítoris con mi pulgar, succionaba uno de sus pezones y manoseaba el otro pecho mientras ella gemía como loca. No podía esperar; estaba empapada, estaba lista.
Rápidamente me posicioné entre sus piernas y me introduje en ella de una sola estocada fuerte. Soltó un grito, no de placer, sino de dolor. Ese grito... ¿Podría ser que fuera virgen? No había forma; en estos tiempos, ¿una virgen de veintidós años? Definitivamente no.
Quizá fui demasiado rudo. Se sentía tan estrecha, probablemente no había tenido relaciones sexuales en mucho tiempo.
-¿Te lastimé?
-No, no, papi -dijo mientras acariciaba mi cuerpo con sus dedos.
-Fóllame, por favor, papi, por favor -susurró mientras movía sus caderas, llevando mi miembro más profundo dentro de ella. No tuvo que pedirlo dos veces, porque tenía toda la intención de destrozar esa dulce y pequeña cosita.
-Estás jodidamente estrecha. Voy a follarme esta perfecta y pequeña intimidad toda la noche. -Dejé un rastro de besos desde su cuello hasta su pecho, mordiendo, succionando y apretando esos pechos perfectos mientras ella gemía. Me incorporé un poco, pero nuestros cuerpos seguían conectados mientras la follaba de rodillas. Embestí más rápido y más fuerte. Masajeé su clítoris con mi pulgar y su intimidad apretó mi miembro con una fuerza tremenda. Requirió muchísimo control no correrme dentro de ella.
Sus gemidos se volvieron cada vez más fuertes a medida que mis estocadas se hacían más duras y rápidas. Podía sentir su cuerpo temblar, su ritmo respiratorio cambió; sabía que estaba cerca.
-Eso es, nena, córrete para papi.
Bajo mi orden, su cuerpo se sacudió con intensidad mientras se corría con fuerza, con los ojos en blanco. Soltó un fuerte grito mientras levantaba las caderas y convulsionaba, haciendo que un placer intenso estallara dentro de mí. Se quedó flácida, débil y exhausta por la intensidad de su orgasmo, mientras yo seguía embistiendo. No me detuve ni por un segundo. Sostuve sus caderas firmemente en su lugar y continué; ¿quién diría que una jovencita se sentiría tan bien?
El torrente de placer en mis venas me alertó. Estaba cerca. Empecé a follar sin precisión, cada estocada más potente que la anterior mientras corría hacia el clímax. Masajeé su clítoris, que ya estaba sensible.
-Córrete una vez más para papi.
Al instante convulsionó, temblando por la intensidad de su nuevo orgasmo. Me uní a ella, gimiendo y gruñendo mientras me liberaba.
Una vez que recuperé el control de mi cuerpo, le quité la máscara. Quería ver el rostro de la mujer con la que había tenido una follada tan maravillosa.
Su reacción fue extraña, pero, maldición, era hermosa; se veía un poco joven para tener veintidós años. Esos labios, esos ojos... parecían familiares. Puede que hubiera olvidado el momento en que nos conocimos, pero esos ojos los recordaba perfectamente.
-¿Qué dices si eres exclusivamente mía hasta que me vaya a Londres? -Arqueó una ceja, como si fuera incapaz de comprender lo que acababa de decir-. Serás muy bien compensada. Podré follarme esa intimidad... solo yo, hasta que me marche. -Siguió sin decir nada-. Ponle precio.
-Lo pensaré -dijo, sonando insegura. Podría no aceptar; su pérdida... y la mía también-. Tengo que irme ahora.
¿En serio? ¿Acaso mi propuesta la asustó? No veo nada aterrador en follar durante una semana y recibir un pago por ello.
-Haré que alguien te lleve.
-¡No! No es necesario. Yo... vine en auto, así que... -respondió mientras se ponía el vestido. Sonreí al ver que hacía una mueca de dolor cuando se sentó para ponerse los zapatos. Le había dejado esa zona sensible y bien follada.
-De acuerdo. Aquí tienes mi tarjeta. Estate en mi oficina mañana a las 12.
-Por supuesto. -En un instante estuvo fuera de la habitación, apresurándose como si alguien la estuviera persiguiendo para matarla.
Me vestí, pasé los dedos por mi cabello para ordenarlo y me dirigí a la cama para recoger la máscara de la chica. Olía bien, justo como ella. Noté una mancha en la cama... sangre. ¿Había sido demasiado rudo después de todo? ¿Por qué no me pidió que me detuviera?





