AMOR PROHIBIDO CON EL MEJOR AMIGO DE MI PADRE

PUNTO DE VISTA DE ELIANA

Caminaba de un lado a otro en mi habitación a la mañana siguiente, debatiéndome si debía seguir adelante con esto. O sea, él no me reconoció, así que no tengo que preocuparme por ser rechazada. Tomé una decisión: tenía que aceptar su propuesta.

-Eliana, cariño, te traje un té de jengibre para el estómago -anunció mi tía Sandra mientras entraba-. La criada, Soledad, me dijo que no querías que te molestaran anoche, así que te dejé dormir. ¿Cómo te sientes ahora?

-Gracias, tía. Ya estoy bien -respondí. Tomé la taza de té de jengibre que me ofrecía y me la bebí.

-Eli, deberías estar en la cama. Solo porque te sientas mejor no significa que ya estés curada. -Me guio hacia la cama y me hizo sentar.

En el segundo en que me senté, hice una mueca de dolor. Todavía estaba realmente adolorida por la aventura de anoche con el mejor amigo de mi padre.

-¿Ves, Eli? No estás bien todavía. ¿Debería llamar al médico? -preguntó mi tía, obviamente preocupada. Si tan solo supiera lo que realmente me pasaba.

-Tía, estoy bien. -Me levanté, le di un beso y me dirigí hacia la salida-. ¡Volveré antes de que te des cuenta!

Scott dijo a las 12 del mediodía, pero yo no podía esperar tanto. Pasé por un restaurante para comprar algo de comida. Sabía que mi tía me daría algo terrible por el bien de mi estómago, así que ni me molesté en comer en casa. Recibí mi pedido y me senté a comer.

-Vaya, vaya, vaya, ¡pero si es la mocosa que persigue a mi novio como una cualquiera! -dijo una voz familiar con desprecio.

-Vicenta, no tengo tiempo para tus tonterías. Sabes perfectamente que no tengo nada que ver con tu ridículo novio -respondí con rabia, insultada por sus absurdas afirmaciones.

-¡¿Cómo te atreves?! Chicas, denle una lección. -Las chicas que la acompañaban se movieron de inmediato para cumplir sus órdenes. No había forma de que pudiera pelear contra todas ellas.

-Acérquense un paso más y terminarán con salsa caliente en los ojos, se los juro -les advertí, respaldando mi amenaza con un poco de acción y furia. Agarré el recipiente de la salsa con fuerza, amenazando con vertírselo a cualquiera que se atreviera a dar un paso al frente.

No sé por qué disfrutan tanto meterse conmigo. Siempre estaban arrojándome cosas o esparciendo mentiras; pero hoy no, no cuando tengo una reunión importante... una reunión con el hombre al que siempre he deseado.

Se asustaron por mi rabia y mi amenaza, y se apresuraron a regresar a su mesa. Una vez que estuve segura de que no intentarían ninguna estupidez, salí del restaurante, ya que ya había pagado.

Llegué a la empresa de Scott. Nunca había estado dentro. Había venido aquí unas cuantas veces con la esperanza de verlo de lejos, pero jamás logré entrar.

-Buenos días, vengo a ver al Sr. Scott -saludé a la recepcionista.

-¿Tiene una cita?

-No, yo...

-Entonces lo siento, no puedo ayudarla -me cortó antes de que pudiera explicarle.

-Él me pidió que viniera.

-Escuchamos eso todo el tiempo -masculló, mirándome de arriba abajo. No la culpo. Llevaba una camiseta de tirantes y jeans rotos. Tenía el abdomen expuesto y probablemente lucía fatal después de privarme del sueño.

Recordé la tarjeta que él me había dado. Rápidamente marqué su número. Sorprendentemente, respondió al primer tono.

-Sr. Scott, ya tomé una decisión. Actualmente estoy en Blackwell Digitals, pero no sé cómo llegar a su oficina y la recepcionista no me quiere ayudar.

-Espera ahí, alguien bajará por ti ahora mismo... ¿Cuál es tu nombre?

-¡Marie! Uhmmm... Marie Thorn. -Casi había olvidado el nombre falso que había elegido.

-Muy bien, Marie, enviaremos a alguien a buscarte ahora.

En un abrir y cerrar de ojos, una mujer se acercó a la recepción.

-Tú debes de ser Marie Thorn... -indagó.

-Sí, así es.

-Sígueme.

La seguí de inmediato. Tomamos el ascensor y pronto estuvimos frente a la oficina de Scott. No sabía si podía entrar o si tenía que esperar afuera.

-Entre, señorita Marie, mi jefe la está esperando.

-Gracias -susurré. Era como si supiera exactamente lo que pasaba por mi cabeza.

Abrí la puerta y entré. Se veía tan serio, tan compuesto. Por alguna razón, me sentí tímida y pequeña. Me quedé allí de pie, esperando sus órdenes.

-Cierra la puerta con llave y ven aquí. -La orden fue dictada en un tono suave pero autoritario. Obedecí sin pestañear. Cuando estuve cerca de él, me jaló para que me sentara en su regazo; podía sentir su bulto justo al lado de mi adolorida intimidad. Mis ojos se agrandaron. ¿Acaso siempre estaba duro como una roca?

-Por ti, nena, por ti -Su respuesta me hizo dudar de si había hecho esa pregunta en voz alta-. ¿Cómo se siente esa pequeña intimidad?

-Bien. Solo un poco adolorida.

-Sabes, solo tenías que decirme que parara y lo habría hecho. Fui demasiado rudo anoche y no dijiste nada.

-Es exactamente como me gusta, papi -susurré contra sus labios. Sus labios atraparon los míos en un beso, no apresurado, sino lento y apasionado, mientras sus manos recorrían mi cuerpo. Lo quería a él, ahí mismo, en ese mismísimo minuto. Quería que me tomara de nuevo.

Moviendo mis caderas hacia adelante y hacia atrás contra su miembro ya erecto, atrapado en el confinamiento de sus pantalones, susurré:

-Fóllame en tu oficina.

Se echó hacia atrás con una sonrisa en los labios.

-Siempre dispuesta. Me gusta eso, nena. -Me dio un rápido beso y añadió-: Ahora no.

-Por favor, papi, te quiero... te necesito -supliqué mientras balanceaba mis caderas contra las suyas.

-Me tendrás esta noche, lo prometo.

-Está bien, papi. -Mi decepción era obvia en mi tono de voz.

-Buena chica. Por ahora, firma esto.

-¿Qué es?

-Un acuerdo. Serás exclusivamente mía; me concederás la libertad de hacer lo que quiera con esa hermosa intimidad y con tu cuerpo -explicó, con los ojos fijos en mí. Sus manos me acariciaban a través de la ropa, moviéndose hasta llegar a mis jeans, desabrochándolos, bajando la cremallera y deslizando su mano dentro de mi ropa interior-. ¿Aceptas, Marie? -Sus dedos jugueteaban con mi clítoris mientras deletreaba cada palabra. Estaba jodidamente mojada. Deslizó dos dedos dentro de mí y soltó un gemido.

-Dime, nena, ¿quieres esto tanto como yo? -Las palabras fueron susurradas contra mi oído, enviando escalofríos por mi columna.

-Sí, papi... yo también quiero esto.

-Buena chica. Pon tu nombre aquí y firma. -Lo hice de inmediato-. Prepárate esta noche, enviaré a mi chofer a buscarte.

-¡Sí, papi!

-Hasta más tarde, pequeña intimidad. Ahora vete antes de que me folle ese dulce trasero tuyo. Te llamaré después.

Salí apresuradamente de la oficina desbordando emoción. Todo estaba saliendo mejor de lo que había planeado. ¡Acababa de firmar un contrato que me convertía en el juguete del mejor amigo de mi padre!

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