Ser la cabeza de familia no era fácil, debías estar preparada para todo, nunca podías bajar la guardia, ni siquiera en un funeral, y Lucero no lo había hecho.
— Puedes salir Dalia, no creo que sea conveniente que estes en medio de un arbusto con tu alergia a las abejas. — la joven palideció, mientras salía de su escondite.
— ¿Cómo…? — estaba segura de que no había hecho ruido, podía jurar que incluso no había respirado.
— ¿Te descubrí? ¿en verdad? Soy Lucero, si tanto anhelas mi lugar, será mejor que te esfuerces mucho más. — Dalia abrió sus ojos con sorpresa, nunca había compartido con nadie su deseo de dirigir a la familia, ni siquiera con su madre, sin embargo, Lucero lo sabía. — Entre el cielo y la tierra no hay nada que un Bach no sepa. — dijo mientras sonreía con superioridad, porque podía leer la pregunta no formulada por la joven. — Y ya que estas involucrada en esto, felicidades, Dalia, tu primera oportunidad para demostrar tus dotes como Bach, comienzan ahora, iras a las tierras del tigre blanco, no sé cómo, ni cuánto tiempo debas permanecer allí, pero tú te encargaras de obtener las muestras que Candy necesita.
Lucero giro sobre sus talones y fue por un trago, uno fuerte, de esos que te hacen olvidar hasta el nombre, mientras Dalia se preguntaba ¿Cómo haría para ingresar a un país donde se le estaba prohibido ir?
Mei Leing Zhao apenas tenía 19 años, sus rasgos orientales resaltaban ante sus ojos verdes, su cabellera negra parecía un cielo nocturno, y a pesar de que estaba en un velorio, más de uno no pudo evitar de ver con descaro a la joven.
— Si no fuera por respeto a Melody y su esposo, ya habría matado a más de uno. — la voz de Shen era más que de molestia, Mei podía jurar que su hermano se parecía más a un dragón que arroja fuego por su boca que a un tigre que se agazapa para cazar.
— Querido hermano, estas tan pendiente a mí que no prestas atención a nuestro hermoso trueno. — Shen acomodo sus lentes antes de ver con disimulo a su hermano, el rubio de pelo largo no se había movido de su lugar, hacia dos horas que estaba al lado del féretro de Melody, y sus lágrimas caían silenciosas, su llanto se comparaba al de Alma, demostrando de esa manera que los Zhao apreciaban a la asesina como si realmente fuera su abuela.
— Huang es demasiado sensible, no lo puedes culpar por no poder guardar su dolor. — rebatió el rubio de pelo corto.
— No es eso lo que me inquieta, la sobrina de Melody…Ámbar Zabet, no le quita los ojos de encima, lo ve con anhelo y eso me molesta, esa mujer tiene de novio al Don de Chicago, que es mucho menor que ella. — Shen estiro sus labios conteniendo la risa.
— No sabía que nuestra pequeña hermana nos celara, ¿no deberíamos ser nosotros los encargados de cuidar tu inocencia? — ¿Qué inocencia? Se pregunto Mei, pero no se atrevió a decirlo en voz alta.
— Di lo que quieras, pero mi hermano no será el nuevo bótox de esa vieja.
— Mei, relájate, no creo que Huang le haga caso, por más que se le pasee desnuda. — claro que no, si Shen estaba seguro de que Huang era gay, aunque este no le comentara si aquella noche que lo llamo había seguido su consejo o no.
— De todas formas, más me molesta el idiota aquel. — con disimulo la joven pelinegra señalo a Renzo, que en ese momento estaba viendo con burla a Huang. — Hace rato que ve a Huang y cuchichea con su amigo, para luego reír. — Shen quedo observando a Renzo, justo en el momento que Huang levanto su rostro lloroso, fue solo un segundo en el que ambos hombres cruzaron miradas, Renzo sonrió más burlonamente y Huang palideció al tiempo que sus lágrimas cayeron con mayor fuerza.
— Mei ve con nuestro trueno y presenta honores a nuestra maestra. — ordeno el mayor, dispuesto a seguir a Renzo que estaba siendo arrastrado al jardín por Walter.
— Lamento tu perdida. — susurro Mei y Alma al fin quito la vista del cuerpo sin vida de sus abuelos para ver a la joven.
— Y yo lamento la tuya. — rebatió con voz quebradiza la joven asesina. — Debe ser duro, solo hace unos días mi abuela te estaba felicitando por tu progreso y ahora… — las esmeraldas que tenía por ojos la joven conocida como el ángel de la misericordia se inundaron de lágrimas, mientras que Mei tragaba el nudo que se le aferraba a la garganta, aun así, la joven oriental no lloraba, nunca lo haría en público.
— Ahora está en un nuevo comienzo, que tu pena no sea tanta Alma, estoy segura de que a Melody aún le quedan vidas por vivir.
— Sé que querías a mi abuela, pero… ¿cómo haces para no llorar? veo el dolor en tus ojos Mei. — Alma podría ser un Ángel de la muerte, pero estaba segura de que nunca podría guardar la compostura como la joven oriental lo estaba haciendo.
— Me concentro en el futuro, lo venidero, las tareas que debo cumplir, lo que me recuerda… ¿Cómo vengaremos su muerte? — era una joven de 19 años, pero era parte del clan del tigre blanco y quien había muerto era su maestra, claro que queria venganza, deseaba matar a quien le arrebato a la que ella consideraba una abuela.
— Nos encargaremos nosotros. — la voz fría de Gabriel la hizo voltear, quien era conocido como el ángel Azazel, era el nieto menor de Matt y el más temido gracias a su sadismo.
— Comprendo, pero me gustaría…
— No. — sabía lo que la joven oriental pediría, lo veía en sus ojos. — Lo siento Mei, puede que fuera tu maestra, pero eran mis abuelos y quien los mato, perecerá en mis manos.
Mei nunca contradeciría a Gabriel, de los tres nietos de Melody, él era al único al que la pelinegra le temía, algo en su mirada le recordaba a su hermano Shen, quizás era las ansias de sangre, o el sadismo que brillaban en ellos, fuera lo que fuera no le gustaba estar a su lado, nunca se acercaría por gusto a alguien que tuviera esa mirada, solo a su hermano Shen y porque sabía que este jamás la lastimaría.
Mientras Mei aceptaba el hecho de que el asesinato de su maestra seria vengado por sus nietos y no por el clan al que pertenecía, Shen seguía con sigilo a los jóvenes Bach.
— ¿Puedes dejar de comportarte como un idiota? ¡¿Qué rayos te sucede Renzo?! — Walter podía ser un amigo incondicional, pero tenía un defecto, su corazón, su alma, él era tan parecido a su madre Rene, y eso a veces era un problema, como ahora.
— No sé a qué te refieres, hace días que te comportas como un ratón miedoso. — reprocho el castaño.
— ¿Crees que es miedo lo que siento?
— Si no es eso, dime ¿qué es?
— ¿Acaso no tienes conciencia? ¿en verdad la mirada de Huang aquella mañana no te causo nada? — pues a Walter si le había causado remordimiento de conciencia ver el dolor en los ojos cafés de Huang.
— Claro que me causo algo, risa, ¿qué otra cosa me puede causar un marica? — Shen llevo su mano a la espalda en busca de su daga, pero recordó que en la mansión Zabet-Ángel se regía la regla de que nadie podía portar armas, de ningún tipo, aun así, él podía matar a ese par con sus manos.
— Repite eso por favor. — ambos jóvenes se giraron, solo para ver a Shen caminar con tranquilidad hacia ellos, y mientras el corazón de Walter se aceleraba con miedo, Renzo solo sonreía, creyendo que su apellido lo salvaría.
— Dije que…
— Cállate, Renzo. — Walter recordaba la mirada de ese joven, aunque quizás lo que más recordaba era el impacto de su pie sobre su pecho, y eso que habían pasado muchos años desde aquel enfrentamiento, no deseaba saber que cosas había aprendido con el tiempo el delgado oriental. — No sé qué fue lo que escuchaste Zhao, pero…
— Se lo que oí, como también se lo que hare. — se detuvo a tres pasos de distancia, quienes los vieran creerían que solo estaban charlando, salvo que pudieran ver la palidez de Walter, que era justo lo que Huang veía.





