Zehra siguió a la señora hasta la sala, donde se encontraba Hilda y el señor Amir. Al verla, la niña no parecía tener más de diez años y podía notar que era bastante inteligente, no dudaba de que ella sabía lo que pretendían las demás niñeras. Pero además de eso, también podía observar que estaba bastante pálida y delgada, sospechó qué tal vez era una niña un poco enfermiza.
¿Cómo Zehra podía saber esto sin conocerla? Bueno, durante los años que estuvo en su casa y con la idea de irse a estudiar, ella había leído libros, aquellos referentes a la carrera que quería estudiar, quería ser docente y esta carrera requería de varios conocimientos.
– Hilda, saluda a Zehra. Ella es tu nueva niñera. – dijo su padre.
– Hola, mi nombre es Hilda Hasad, me alegra mucho conocerte.
– Yo igual Hilda, mi nombre es Zehra Mesut.
– Creo que se llevarán muy bien. – dijo su abuela.
– Zehra ¿Me haces unas trenzas?
– Por supuesto, vamos.
A Zehra le encantaba el cabello de Hilda, era lacio y de un color marrón claro.
La niña la llevó a su habitación y al sentarse en la cama, Zehra empezó a armar sus trenzas.
– ¿Sabes cómo hacer trenzas?
– Sí lo sé, aunque puedo estar un poco olvidada.
– Zehra ¿Eres de aquí?
La niña parecía ser muy conversadora, no parecía ser alguien caprichosa como los rumores decían.
– No, soy de una ciudad lejana.
– ¿Eres de Estambul?
– Sí, soy de ahí.
– ¿Y por qué has venido aquí luego de vivir en una ciudad tan bella?
– ¿Conoces Estambul?
– Fui una vez con mi padre y abuela, tenemos una casa allí.
– Oh qué bueno. Pero dime Hilda, ¿Vas a la escuela?
Trató de cambiar de tema, pues no quería explicarle a la niña porque se había venido aquí, no porque no entendiera, solo qué tal vez el tema le resultará muy lioso.
– Sí, mañana empiezo nuevamente. Hoy no fui porque no me sentía bien.
– ¿Estabas enferma?
– Sí, hoy recién me recuperé.
– Entiendo. ¿Tienes alguna tarea para hacer?
– Sí, pero solo poca cosa.
– ¿Quieres que te ayude luego de traer la merienda?
– Claro, gracias Zehra.
– Bien. – dijo sonriendo. – Ahora déjame terminar tus trenzas y luego podemos jugar a algo, más tarde, haremos la tarea.
– Está bien.





