Fue Luis quien abrió la puerta, como si fuera a salir.
Raegan juntó las manos y se volvió hacia él con un asentimiento. "¡Hola, señor Stevens!".
Sin esperar una respuesta a su saludo, pasó junto a él y entró a la oficina con el documento.
Mitchel estaba sentado tras un amplio y lujoso escritorio. Se veía bastante guapo con ese traje y corbata a juego.
Raegan notó que no era el mismo atuendo que llevaba cuando salió de casa anoche. ¿Cómo se había cambiado?
Con la mirada gacha, se tragó la pregunta y dijo: "Señor Dixon, esto es del Departamento de Marketing. Por favor, fírmelo".
Mitchel miró inexpresivo el documento mientras lo firmaba.
Raegan salió inmediatamente después. Luis aún seguía parado en el umbral.
No fue hasta que ella se perdió de vista que se volvió hacia Mitchel. "¡Mierda!", susurró. "¿Crees que nos escuchó?".
Los atractivos ojos de Mitchel no mostraron ninguna emoción. Era obvio que no estaba escuchando a su amigo.
En su opinión, Raegan siempre había sido dócil y nunca había tenido celos de nadie.
Su obediencia era todo lo que él le exigía a cambio de tratarla bien.
En el ascensor, Raegan aguantó la respiración para retener sus lágrimas.
Pero no le funcionó.
Había pensado que dos años serían suficientes para que Mitchel se diera cuenta de lo mucho que ella lo amaba y le correspondiera.
Ahora resultaba que no era más que una ilusión.
Siempre tendría un papel secundario frente a Lauren, su verdadero amor.
Reagan se secó las lágrimas una vez que el ascensor se detuvo. De no ser por su rostro pálido, se veía normal cuando se abrieron las puertas.
Luego, fue hacia la sala de descanso para prepararse una taza de té.
Varios empleados estaban charlando adentro.
"Chicos, ¿se han enterado? Lauren Murray ha regresado del extranjero".
"¿Y quién es ella?".
"¡Oh, Dios mío! ¿No la conoces? Es la heredera del Grupo Murray y una diseñadora bastante reconocida. Y sobre todo es la única novia que el señor Dixon ha mostrado públicamente. ¡Es su primer amor!".
"¿Por qué es tan importante que haya vuelto? ¿No se rumorea que el señor Dixon tiene algo con Raegan?".
"¿Raegan? Tal vez solo sea una de sus muchos juguetes sexuales. El señor Dixon nunca admitió estar saliendo con ella, pero no me sorprende. Solo mírala. Ni siquiera es tan hermosa. Sin embargo, se comporta como si ya fuera la señora Dixon. ¡Qué tonta!".
En la puerta, Raegan esbozó una sonrisa burlona mientras los escuchaba. Todos los demás veían la verdad excepto ella.
Su amor era unilateral.
"¡Ja, ja! ¿La señora Dixon se despertó de su sueño salvaje?".
De repente, escuchó una voz detrás de sí. Raegan se volvió para encontrarse con Tessa Lloyd, la prima de Mitchel, quien siempre la había despreciado.
Tessa también debía haber oído los chismes de los empleados.
Lo último que Raegan quería era discutir con ella en la empresa, así que se dio la vuelta para irse, pero la mujer le bloqueó el camino.
Con una taza de café en la mano, Tessa comentó sarcásticamente: "Lauren ha regresado. ¿Crees que Mitchel te seguirá dando atención?".
Raegan se quedó callada.
Tras unos segundos, Tessa continuó con sus burlas. "Me enteré de que eres bastante buena en la cama. ¿Qué te parece si te presento a unos hombres? Les vendría bien tus servicios".
Raegan apretó los puños. "Señorita Lloyd, estamos en la empresa, no en un burdel", espetó. "Si te interesan esos negocios, ya sabes adónde ir".
"Tú...".
Acababa de insinuar que Tessa era una proxeneta, por lo que su rostro se transformó.
Rápidamente levantó la mano y vació la taza de café caliente sobre Raegan.
Esta última no pensó ni por un segundo que Tessa haría una locura como esa, así que alzó los brazos para bloquear el líquido caliente de su cara. El café le quemó el brazo y su piel se puso roja.
"¡Ay!", gritó Raegan, frunciendo el ceño debido al dolor. "¿Por qué hiciste eso? ¿Estás loca?".
Como era la hora del almuerzo, muchos empleados pudieron ver el escándalo. Tessa se mostró aún más complaciente cuando vio que el número de espectadores aumentaba.
"¿Por qué eres tan engreída?", escupió. "¿De verdad crees que todos no saben que eres una bastarda sin padres? Y tienes el descaro de...".
De repente, se escuchó un estruendo.
Tessa había sido silenciada por una fuerte bofetada.
Ahora estaba boquiabierta. No había esperado que la callada y tímida Raegan la abofeteara.
Tessa se sostuvo la mejilla y se la quedó mirando un rato. "Tú...", tartamudeó. "¿Me pegaste? ¡¿Cómo te atreves?!".
"¡Sí, te pegué!", espetó Raegan. "Parece que necesitas aprender a tener cortesía".
Sí, había perdido a sus padres cuando era niña, pero no permitiría que alguien la pisoteara por eso.
Tessa crispó el rostro mientras fruncía el ceño rabiosamente. Como prima de Mitchel, estaba acostumbrada a que la elogiaran y respetaran. Esta era la primera vez que le daban ese trato.
"¡Perra!".
Tessa arremetió contra Raegan como un toro furioso y alzó la mano para devolverle la bofetada.
Pero Raegan estaba preparada para lo que se avecinaba, así que agarró la muñeca de Tessa con tanta fuerza que esta no pudo moverse.
Como era más baja, luchó como un pulpo cuyos tentáculos se habían atascado en una trampa, "¿Cómo te atreves a ponerme tus sucias manos encima?", maldijo. "¿Quién diablos te crees? Solo eres el juguete de Mitchel. ¡Eres peor que una prostituta que se folla a cientos de hombres!".
Sus duras palabras atrajeron a más personas a la sala de descanso.
"¡Suficiente!".
De la nada, se escuchó una fuerte voz desde atrás. Mitchel había salido de su oficina, solo para encontrarse con ese alboroto.
Toda la sala se sumió en un profundo silencio.
"¿Mitchell?". Tessa se quedó helada cuando vio a su primo, ya que siempre le había tenido miedo. Su madre también le advertía que no lo provocara.
No obstante, cuando recordó a Raegan abofeteándola, puso una expresión lastimera y comenzó a sollozar. "Mitchel, mira mi rostro. ¡Me abofeteó!".
La luz del sol caía sobre el hermoso rostro de Mitchel.
Raegan se sintió muy afligida y bajó la cabeza para mirar la parte posterior de su brazo, quemada por el café.
Las miradas de ambos se encontraron. Con el ceño fruncido, Mitchel dijo: "Raegan, ¿olvidaste las reglas de la empresa?".
Raegan contuvo la respiración ante su crueldad. No podía creer lo que estaba escuchando.
Nadie se atrevió a hacer ningún sonido.
Raegan se quedó parada con su esbelta figura.
Cuando la contrataron, Mitchel le advirtió que el Grupo Dixon no era un lugar para que perdiera el tiempo y que no toleraría ningún error suyo.
Raegan entendía por qué adoptaba esa postura.
No obstante, estaba desesperada por saber si había oído esas duras palabras de Tessa o si solo estaba fingiendo porque estaba de acuerdo.
¿En serio solo la veía como un juguete para su placer?
Aterrada de recibir la ira de Mitchel, la multitud no tardó en dispersarse. Algunos empleados se atrevieron a mirar desde la distancia, pues no quería perderse de un buen espectáculo.
Raegan se estremeció de pies a cabeza cuando vio los ojos fríos de Mitchel.
Mirando a Tessa, se pellizcó la palma de la mano para reprimir sus emociones.
"Lo siento, señorita Lloyd. Como empleada del Grupo Dixon, fue mi error golpearla".
Tessa alzó la barbilla con complacencia. "¡Ja! No crees que quedarás libre de culpa con una simple disculpa. No lo creo...".
"La bofetada no tiene nada que ver con la empresa, así que me niego a disculparme contigo. Ahora me retiro", agregó Raegan.
Luego, pasó junto a Mitchel sin mirarlo de nuevo.
"Tú... ¡Perra!".
Tessa estaba echando humo.
Jamás en toda su vida había sido tan humillada. Siempre era la acosadora, no la víctima.
La humillación era tanta que ni siquiera se tranquilizaría haciendo pedazos a Raegan.
"Mitchel, ¿escuchaste lo que acaba de decir esa mujer?", gritó señalándola. "A pesar de que me abofeteó, sigue siendo muy arrogante. Dile que regrese. ¡La abofetearé hasta que llore pidiendo piedad!".
Mitchel observó la delgada espalda de Raegan con una expresión ambigua.
"¡Basta!", espetó alzando la mano.
Tessa no creía que su primo tuviera debilidad por Raegan. Supuso que ella no le importaba en absoluto.
"La próxima vez, conseguiré a alguien que le dé una lección a esa perra", siseó con los dientes apretados.
"¡Tessa!". Mitchel la reprendió con un tono helado mientras entrecerraba los ojos.
Tessa empezó a temblar.
"Solo te lo diré una vez", agregó él sombríamente. "Olvídate de lo que pasó hoy. Deja tranquila a Raegan".
Tessa sintió su boca secarse. Todas las malvadas ideas que tenía contra Raegan desaparecieron en un instante.
"Está bien...", tartamudeó. "Entiendo...".
Mitchel le lanzó una mirada fría y se volvió hacia Matteo. "A partir de hoy, las personas irrelevantes no tendrán permitida la entrada".
Tessa empezó a halagar su decisión. "¡Muy bien! Esta es una empresa muy importante. No todo el mundo puede entrar aquí".
Matteo dio un asentimiento a su jefe, se acercó a Tessa y le mostró la salida. "Señorita Lloyd, por aquí, por favor".
Solo entonces Tessa se dio cuenta de que ella era la persona irrelevante. Si bien intentó hablar con su primo, Matteo le bloqueó el paso y los guardias de seguridad la echaron.
No tuvieron ni un poco de piedad. Era inútil luchar.
Mientras tanto, Raegan se cambió de ropa cuando regresó a su oficina.
Tenía el corazón lleno de tristeza mientras recordaba la mirada de Mitchel hacía unos minutos.
Pronto llegó la hora de salida.
Raegan tomó su bolso y se dirigió hacia la puerta, pero Matteo la detuvo.
"El señor Dixon tiene que resolver algo urgente, así que me pidió que la llevara a casa".
Raegan lo rechazó sin pensarlo dos veces.
Antes estaba ciega, pero ahora veía toda la situación.
No era nadie a los ojos de Mitchel.
¿Cómo podía acompañarla a visitar a su abuela si ni siquiera se preocupaba por ella?
Al llegar al hospital, Raegan encontró a la enfermera a punto de darle la cena a su abuela. Raegan asumió su puesto e hizo el trabajo.
Su abuela siempre había vivido en el campo, disfrutando de una vida tranquila. Pero todo cambió el mes pasado, cuando su chequeo médico mostró que sus páncreas estaban mal. Raegan insistió en traerla a la ciudad para que recibiera un mejor tratamiento.
Su abuela no sabía sobre su matrimonio con Mitchel.
Raegan había planeado sorprenderla, pero ya no era necesario.
Una vez que su abuela se quedó dormida, salió del hospital y esperó un taxi.
A lo lejos, un lujoso auto negro se detuvo en la entrada.
Los ojos de Raegan se iluminaron. Era el vehículo de Mitchel.
¿Había venido para recogerla?
En ese momento, olvidó todo el dolor que había sufrido.
¿Lo había malinterpretado? ¿De verdad se preocupaba por ella, contrariamente a los rumores?
La puerta del conductor se abrió y Mitchel salió del auto.
Raegan caminó hacia él con el corazón rebosante de alegría.
Pero se detuvo en seco.
Mitchel acababa de caminar hacia el otro lado para sacar a una mujer del vehículo.
Su hermoso rostro era una máscara de angustia y compasión.
La sonrisa de Raegan desapareció y su corazón se hundió.





