Ya no te amo, Sr. Exesposo

El pecho de Yvonne se contrajo con un dolor insoportable mientras se aferraba desesperadamente a la pierna de Shane.

"Shane, por favor", dijo con los labios temblorosos. "Ayúdame a conseguir unos días libres de las autoridades de la prisión. Mi abuela acaba de fallecer y necesito encargarme de los preparativos para su funeral. No puedo regresar ahora".

Los rasgos del hombre se endurecieron y formaron una mueca de desaprobación. "Las regulaciones penitenciarias no se pueden eludir solo con dinero. Entiendo tu dolor, pero necesitas pensar con racionalidad antes de hablar".

"¿Racionalidad?", repitió la chica mientras lo miraba con una voz que se volvió temblorosa por la emoción. "He estado encarcelada durante once meses, pero en cuatro ocasiones lograste que me liberaran para donar la sangre que necesita Jayde, todo utilizando tu poder financiero. ¿Por qué en esta ocasión es diferente?".

"Las circunstancias son muy diferentes", respondió Shane con frialdad.

"¿Cómo puedes decir eso?". Una angustia cruda se filtró a través de la voz de Yvonne mientras continuaba su súplica: "Entiendo que Jayde sea más importante para ti, pero mi abuela acaba de fallecer. Ella me crió, pero no pude acompañarla durante sus últimos momentos. Quiero acompañarla en este último viaje. No soporto la idea de que su espíritu parta solo. Te lo ruego, hazlo por mí".

"Todavía tienes un tío para encargarse de eso, ¿no? Le ayudaré y me aseguraré de que tu abuela reciba un funeral honorable", dijo Shane.

"No se trata de eso". Las lágrimas seguían corriendo sin control por las mejillas de la chica. "Mi abuela ya falleció, así que un funeral fastuoso no significará nada a estas alturas. Solo quiero despedirme de ella en persona. Si me concedes esta última petición, juro que donaré sangre para Jayde siempre que sea necesario".

La mirada de su esposo se tornó glacial mientras la miraba. "¿Vas a usar la donación de sangre como una herramienta para negociar conmigo? Esta es tu obligación con Jayde. Si no fuera por tus acciones, ella no estaría en una silla de ruedas".

Yvonne cerró los ojos con fuerza; sintió claramente cómo las palabras del hombre la atravesaban como dagas.

El incidente con Jayde sucedió un año atrás; cayó por las escaleras y sufrió lesiones en la columna que la dejaron paralizada de la cintura para abajo.

Acusó a Yvonne de empujarla por las escaleras, provocando que toda la familia Brooks la condenara y la castigara con su desprecio; como no había imágenes ni testigos que limpiaran su nombre, la chica no pudo hacer nada para defenderse de las acusaciones.

Su propio esposo fue quien le dio un ultimátum: "Le causaste a Jayde un daño irreparable. Considerando la gravedad de lo que hiciste, debes afrontar las consecuencias legales. Una agresión de esta magnitud suele conllevar una condena de entre tres y diez años, pero Jayde se compadeció de ti y pidió que solo fuera uno".

La ironía de la situación llenó de amargura a Yvonne.

Al principio se negó a ir a prisión y exigió que la policía hiciera una investigación, pero Jayde presentó una prueba contundente: un video en el que Yvonne aparecía empujándola para que cayera por las escaleras.

El desdén que llenó los ojos de todos los miembros de la familia Brooks cuando vieron el video era un recuerdo que la atormentaba; era como si les resultara repulsivo respirar el mismo aire que ella.

***

Los guardaespaldas de Shane escoltaron a Yvonne de regreso a su celda en la prisión.

La combinación de una grave pérdida de sangre y un dolor abrumador la dejó tan debilitada que pasó dos días postrada en la cama.

Al tercer día, el destino le asestó otro golpe cruel.

En la sala de recreación de la prisión, la televisión transmitió la extravagante celebración del cumpleaños de Jayde; los medios de comunicación aseguraban que el presidente del Grupo Brooks, Shane, había gastado cien millones en esta fiesta.

En la pantalla apareció la mujer en su silla de ruedas, con una belleza natural impecable a pesar de su condición; Shane estaba de pie a su lado, exhibiendo una expresión que irradiaba ternura y devoción.

Se veían muy bien juntos, como si estuvieran hechos el uno para el otro.

Otra vez, las lágrimas trazaron caminos silenciosos por las mejillas de Yvonne mientras la dura realidad la golpeaba con fuerza.

Hoy, el día en que su abuela sería sepultada, Shane, quien prometió ayudar con los preparativos del funeral, prefirió organizar la ostentosa fiesta de cumpleaños de Jayde.

En ese momento de aplastante claridad, la chica finalmente comprendió una amarga verdad: el corazón de Shane no albergaba ni una pizca de amor por ella.

Ningún sacrificio que ella hiciera sería suficiente para cambiar ese hecho.

Pero Yvonne tenía un secreto: había amado a Shane durante diez años.

Ese hombre alguna vez solo existía en un reino que se encontraba mucho más allá de su alcance, mientras que ella solo era una mujer común y corriente; sus caminos nunca estuvieron destinados a cruzarse.

Sin embargo, hacía tres años se suscitó un giro inesperado, desencadenado por un devastador accidente automovilístico que dejó a Shane en coma.

Los Brooks agotaron todos los recursos médicos, acudiendo con innumerables médicos de renombre, pero sin obtener ningún resultado favorable.

Fue la abuela de Shane, Lydia Brooks, quien optó por recurrir a creencias supersticiosas; sugirió que un matrimonio podría traer la fortuna necesaria para restaurar la salud de su nieto.

El destino dio otro giro inesperado cuando Jayde, la prometida de Shane, fue secuestrada repentinamente.

La fecha de la boda se acercaba y Lydia no dejaba de buscar desesperadamente otra novia con un horóscopo compatible; finalmente descubrió a Yvonne, quien en ese momento trabajaba a tiempo parcial como cuidadora de la familia Brooks.

Casarse con Shane supuso una oportunidad preciosa para Yvonne, ya que su abuela recibiría el tratamiento adecuado en el hospital del Grupo Brooks.

Dicha institución era de las mejores en todo Zlamsas; la gente común no podía permitirse recibir tratamiento allí debido a sus elevadas tarifas.

La chica aceptó el matrimonio arreglado sin dudarlo, pero sus motivos iban más allá de simplemente buscar atención médica de primer nivel para su abuela.

Durante siete años, ella había amado a Shane en silencio y estaba dispuesta a cuidarlo y permanecer a su lado incluso si nunca despertara del coma.

Un mes después de la boda, el hombre cobró la conciencia milagrosamente.

Su furia al descubrir el motivo de su matrimonio con Yvonne lo llevó a solicitar inmediatamente el divorcio, pero sus demandas cesaron abruptamente cuando descubrió que su esposa tenía el mismo tipo de sangre que Jayde; desde ese momento, se convirtió en un mero banco de sangre viviente que estaba a su completa disposición.

Decidida a hacerlo feliz, Yvonne asumió esta pesada carga sin oponer resistencia.

Durante dos años, dedicó su vida a cuidar de Shane y su familia, esforzándose por encarnar a la esposa perfecta, hasta que la falsa acusación de Jayde la llevó a la cárcel.

Diez años... ella pasó todo ese tiempo amando a Shane.

Le había entregado su amor más puro y su devoción más desinteresada, pero ¿qué recibió a cambio?

Ese hombre solo tenía ojos para Jayde y su corazón permanecía perpetuamente cerrado para ella.

Tal vez fue demasiado ingenua al esperar que algún día podría ganarse un poco de su afecto.

***

El día que Yvonne salió de prisión, la lluvia caía a cántaros bajo el cielo tormentoso.

Nadie había ido a recogerla.

Tras un largo viaje en el que tomó varios autobuses, llegó finalmente a la residencia de Shane, la Villa Serenity, con la ropa toda empapada por culpa de la lluvia.

Tras desbloquear la cerradura digital con su huella y cruzar la puerta, encontró a su marido bajando las escaleras; su apariencia impecable contrastaba notablemente con su típico aspecto desaliñado.

La sorpresa se reflejó en el rostro del hombre cuando la vio.

"¿Qué haces aquí?", le preguntó directamente.

Los dedos de Yvonne temblaron mientras respondía: "Hoy me liberaron".

"Oh, lo olvidé".

Shane se detuvo brevemente frente a ella y dijo: "Descansa un poco. Yo ya me tengo que ir".

"Espera", gritó de repente Yvonne. "Tengo algo que decirte".

Shane miró su reloj con impaciencia y espetó: "Podremos hablar cuando regrese".

Cuando él pasó junto a su esposa, esta lo sujetó de la manga para detenerlo. "No voy a tardar mucho".

Shane se detuvo de mala gana, con la irritación tiñendo su expresión. "Hazlo rápido".

La chica analizó sus rasgos perfectos antes de que una leve sonrisa se dibujara en su rostro.

"Tenemos que divorciarnos", declaró con un tono decidido.

La confusión de Shane era palpable cuando se giró para mirarla. "¿Quieres divorciarte solo porque no fui por ti a la cárcel?".

"No es por lo de hoy". La sonrisa de Yvonne no vaciló mientras continuaba: "De verdad quiero el divorcio. Podemos encargarnos del papeleo cuando tengas algo de tiempo libre".

"No tengo tiempo para seguir escuchando tus tonterías". La expresión del hombre se oscureció mientras apartaba la mano de su esposa. "Deberías tomar una ducha y despejarte. No estás pensando con claridad".

Después de la partida de Shane, Yvonne permaneció inmóvil, perdida en sus pensamientos.

Aunque él afirmaba que ella no estaba pensando con claridad, pero eso no era cierto; de hecho, la mente de Yvonne estaba más lúcida que nunca.

***

Una vez en el piso de arriba, la chica preparó el baño y encendió el celular después de que terminara de cargar la batería.

Recibió todos los mensajes atrasados de WhatsApp de ese mes, pero ninguno era de Shane.

Mientras se desplazaba distraídamente por sus redes sociales, una imagen en particular la dejó paralizada: Jayde acababa de publicar algo.

"El verdadero amor se demuestra a través del compañerismo duradero".

En la imagen, ella aparecía sonriendo a la cámara mientras Shane estaba sentado a su lado pelando una manzana; ambos formaban la imagen perfecta de la devoción.

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