Otro día más en el que finjo que soy feliz, en que vuelve a sonar mi estúpido reloj, donde volví a tener una mala noche.
Esto se está convirtiendo en algo cotidiano en mi vida, pensar tanto, pensar en él.
Entro a ducharme antes de que se me haga tarde para ir al colegio.
Ya escucho los gritos de mi madre, como siempre, me volví a despertar más tarde de lo que debería.
Bajo las escaleras, dirigiéndome a la cocina.
—Emma, no puedes vivir llegando tarde a todos lados —me regaña—, ya estás suficientemente grande para seguir como una distracción, no sé por qué últimamente vives en la luna... — Se sienta a mi lado, intentando que le cuente lo que me pasa.
Suspiro, cansada de lo mismo.
—Mamá, no es nada — aseguro, mirándola a los ojos—, sólo que el reloj no volvió a sonar — me encojo de hombros, restándole importancia—. Tranquila, mañana haré un esfuerzo y estaré más temprano — intento sonreírle para que se tranquilice.
Desayuno lo más rápido que puedo, y salgo a recibir el transporte, antes de que ni siquiera logre llegar a la primera clase antes de que termine.
Al llegar, vuelvo a entrar tarde y el profesor Rubén hace notar mi retraso frente a todos:
—Señorita Emma, que bien recibirla a mitad de clase — se cruza de brazos, frente a mí—. ¿Qué tal está su nueva excusa para hoy? —Pregunta a modo de burla.
Lo miro fijamente, sintiendo la vista de todos sobre mí e intento ignorar ese hecho, contestándole un poco apenada:
—No alcancé el primer autobús, lo siento mucho profesor —murmuro.
Sin más, camino hacia mi lugar donde me encuentro con Jane y Marcus, siempre han sido mis mejores amigos, desde que tengo memoria aunque a veces suelo abandonarlos un poco por mi distracción. Ellos siempre están ahí, sin importar lo mal que este, sin importarles lo sola que quiera estar.
Escucho el susurro de Jane y me giro.
—Volviste a durar hasta tarde pensando —dice, entrecerrando sus ojos en mi dirección—, es por él, ¿no? —. Como siempre, sabe lo que me pasa—. ¿Cuándo admitirás que él no merece nada de eso? Déjalo ir, apuesto que es feliz con alguien más o con varias, mientras tú solo te lastimas… — en su tono de voz se refleja la preocupación.
La miro y bajo la cabeza, odio que me conozca, que me diga la verdad y no pueda enfrentarla. Odio hasta saber que no he podido subir mi ánimo desde hace mucho tiempo, trato de fingir frente a todos, pero al parecer los más cercanos a mí lo notan.
Suena el timbre, todos comenzamos a caminar hacia la cafetería, escucho que pronuncian mi nombre y al girar mi cabeza, veo a Marcus.
—¡Hasta que las alcanzo!— me pasa un brazos por los hombros —. Hoy estoy feliz, conseguí una buena nota en química.
Marcus es castaño, alto y sus ojos son grises, tiene una gran facilidad para hacer desastres, somos amigos desde niños y te sorprenderías en cuantos problemas puede meterse en una semana.
—Emma, ¿dónde carajos dejaste tus ánimos? —Me pregunta, frunciendo el ceño, al ver que mi sonrisa fue solo una mueca—. Cada día estás peor, y siempre me dices que son solo días de pereza pero sé que para nada lo es.
—Marcus, por favor no comiences —le pido—. Sólo déjame en paz, algún día dejaré mi pereza interminable —aseguro, riendo un poco para que logre creerme.
—El día que muera esta Emma sin ánimos— Jane hace una mueca— ese día hare una fiesta, comeremos mucho helado y cantaremos canciones de One direction como celebración.
—No me inviten, las apoyare de lejos, ustedes cantan muy mal— rio, cuando Jane le da un golpe en el hombro a Marcus.
—Cállate, la idea es cantar con pasión, sin importar que tan mal suene.
Ella me da una mirada y reacciono.
—Estoy de acuerdo, y me uniré al plan de celebración— le sonrió y eso parece hacerla feliz.
Suelo sentir que mis pensamientos se esfuman cuando estoy con ellos, son mi soporte, son lo que a pesar de no sentir mi dolor hacen lo posible para hacerme feliz.
Nos sentamos en una mesa y comenzamos a hablar de tareas que debemos hacer, noto como últimamente hasta en clases me va muy mal.
Marcus no deja de observar a un lugar, así que volteo hacia la dirección en la cual se encuentra perdido.
Veo entrar a Any —la popular del colegio—, Marcus siempre ha tenido un enamoramiento por ella, apenas la ve casi se babea frente a quien sea, así que lo miro diversión.
—Marcus, deberías buscar un tazón pareces que vas a derretirte— le digo haciendo que el deje de mirarla y niegue con su cabeza.
Jane comienza a reír junto a mí.
—Ya no me gusta, no sean fastidiosas— rueda sus ojos y posa su atención en la bebida que tiene entre sus dedos.
Jane comienza a contarme de la serie que está viendo, me recomienda algunas y hablamos de cuales deberíamos ver juntas.
—Ese uniforme de porrista la hace ver hermosa, resalta con sus ojos— Marcus sigue observándola y reímos al escuchar sus palabras.
Me gustaría que alguien me viera de esa forma.
Aunque no le veo nada en especial a su uniforme, es el mismo que utilizan todos en ese equipo.
****
Al terminar las clases, decido ir a la casa de Jane, ya que dice que debemos ir a hacer cosas de mejores amigas, o terminaré cambiándola y que sería lo peor para su vida, siempre es un tanto dramática. ¿Acaso soy la única que sin tener novio su amiga es peor que tener uno?
Al llegar a su casa, entro a saludar a sus padres el señor Diego y la señora Cristal, mi segunda familia. Mi madre y la de Jane son grandes amigas, aunque mi madre vive ocupada en su trabajo que no le da tiempo para reunirse tan seguido.
—Debo ir a la empresa, cuídense y pórtense bien— Cristal nos da un beso en la mejilla a cada una.
—Adiós, le diré a mamá que debe venir— le sonrió.
—Yo le dejare un gran mensaje más tarde para me recuerde— me guiña el ojo, comenzando a caminar hacia la puerta.
Escucho a Jane por un par de horas contarme datos de nuestros cantantes favoritos, algunas veces le comento los que he visto y luego subimos a su habitación.
Donde la encuentro tirando todo, porque no consigue que colocarse.
—Jane, cálmate —le pido, tomándola del brazo—. Todo te queda bien —le aseguro, sonriendo.
Pero ella hace un tonto puchero y se cruza de brazos.
—Emma, lo dices porque sabes que me terminaré estresándome y no quieres soportar mis estupideces de moda— replica con tristeza contenida.
Jane siempre ha sido muy perfecta con su ropa y todo el tema, todo lo contrario a lo que yo.
Se podría decir que nos complementamos.
Somos muy diferentes y a la vez muy parecidas.
Luego de que finalmente Jane decide lo que se pondrá, salimos de la habitación. Cuando levanto la mirada me encuentro a un chico en la puerta de la habitación de al frente, la del hermano de Jane.
Es bastante apuesto: alto, castaño y tiene unos ojos azules impresionantes, por lo que no puedo evitar quedar sumergida en él, un poco embobada, cuando de repente siento un golpe en mi hombro, es de Jane.
Sus cejas suben y bajan pícaramente así que sé que me ha pillado.
Aunque también noto como el chico sigue observando hacia nosotras.
—Emma, ¿recuerdas que Thomas está en un equipo de fútbol?— asiento con la cabeza en respuesta—. Me he dado cuenta que todos están lindos— sonríe con picardía—. Vamos luego verás al amigo de mi hermano.
—Está bien— murmuro.
Al caminar cruzamos miradas y me embobo tanto que me tropiezo. Y el lindo chico hace notar mi horrible vergüenza.
Si, acabo de tropezar al mirar al castaño.
Mierda.
Me mira un poco decepcionado y se ríe.
Por Dios Emma, naciste para pasar vergüenza.
Quiero abofetearme ahora mismo.
Suelto un suspiro, muerdo mi labio inferir bajando las escaleras.
No puedo evitar pensar si volveré a verlo, y si volvería a notar mi presencia como hace unos segundos.
Jane me mira mientras caminamos y me conoce tan bien, que me suelta una sonrisa de tristeza, ella va tocar el tema que tanto evito hablar.
—Emma, las cosas no dolerán para siempre, vales más de lo que imaginas— me mira un poco endurecida—. No es justo para ti culparte de algo que jamás, fue tu culpa.
—Lo sé— le digo sin poder mirarla a los ojos—. Jane, ¿crees que él me recuerda?—Pregunto con desánimo, son muy pocas las veces donde admito que me duele aun, y ella siempre respeta cuando no quiero hablarlo.
Realmente no hay nada más doloroso que imaginar que alguien te duele tanto y que a ti esa persona, ni siquiera te recuerde.
—¡Es en serio Emma! Eres la china más increíble. Marcas la vida de todos sin notarlo—asegura con total seriedad, sacándome una pequeña sonrisa.
Jane sabe cómo subir mis ánimos, aunque a veces no entiendo por qué me duele algo que no fue real.
Pero luego recuerdo que para mí fue demasiado real, quizás yo fui quien lo vi muy real por ambos.
—Vamos Emma, deja de pensar en esas cosas— me pide.
Quedamos en total silencio mientras ella comienza a cantar una canción.
Comienzo a cantar junto a ella:
"Cómo te atreves" de Morat.
—Ohhh, cómo te atreves a volver, a darle vida a lo que estaba muerto— decimos al unísono.
—Somos un desastre ni siquiera nos la sabemos— comento riendo.
—Pero te subí el ánimo, querida— sonríe con suficiencia.
—Te amo tanto loca — es mi respuesta, sonriendo también.
—Y yo a ti.
Llegamos a Suweer. Es un lindo lugar para reunirte con tus amigos, hablar y pedir comida. Vengo desde que comencé el año, lo abrieron hace poco, lastimosamente, aquí conocí a Sebas —La razón de mi primer corazón roto—, siempre que vengo pienso en lo que pasaría si me topara con él, pero afortunadamente no lo veo desde que todo acabó.
Al entrar escucho gritos de nuestros amigos, así que nos acercamos y saludamos a todos con un abrazo, Marcus se encuentra con varios compañeros del salón, así que decido tomar asiento junto a él.
Me acomodo y al estar ahí veo entrar a la persona que menos —y a la vez más— quería encontrarme de nuevo aquí, era él, Sebas... quien jamás volvería acercarse a mí. Ni mucho menos volvería a buscarme.
Es tan jodidamente doloroso, saber que aún lo extrañaba o quizás no lo extrañaba a él, extrañaba como me hacía sentir, como convertía los minutos en momentos donde realmente me sentía especial.
Sebas no es perfecto, pero se podría decir que es uno de los chicos más llamativos que verás, su sonrisa es tan perfecta que no puedo evitar seguir mirándolo, hasta justo en el momento en que se encuentran nuestros ojos.
Jamás pensé volver a sentir esto, y aquí estoy derretida por la persona que me rompió.
Cada vez que lo veo, puedo jurar que encuentro el verdadero Sebas, sus ojos reflejan sinceridad —algo que carece en sus pensamientos—. Sebas me pidió ser amigos, pero, ¿cuándo uno quiere ser amigo de la persona que ama? No.
Cuando llegas a querer con todas tus fuerzas, jamás, podrás ver a esa persona de otra forma, siempre la veras con ojos de amor, hasta el día que ya no sientas ni un poco por ella.
Aquí estoy, de nuevo muriéndome por abrazarle, y volver a sentir que está aquí, he escuchado que la gente dice: «Sólo la persona que te hace daño puede volver a repararte», pero, ¿qué se hace cuando esa persona ya no quiere hacerlo? ¿Cuándo las cosas se acaban por enamorarse sola?
Porque si señores, Emma Johnson se enamoró de alguien que no sentía ni la mitad por ella, de alguien que jamás llego a verla ni la mitad de como ella lo veía a él.
Logré alejarme, a pesar de seguir amándolo, no hay instante que no piense por qué nunca fui lo suficientemente buena para él.
Pero así es la vida, cuando aún al entregarlo todo no es suficiente en ocasiones.
—Emma— la voz de Jane me trae de vuelta a la realidad—, si quieres nos podemos ir— propone, notando mi situación.
—No, tranquila— la miro para que note que estaré bien.
Necesito demostrarme a mí misma que puedo estar cerca, necesito ser valiente.
—Esa es mi mejor amiga— susurra apretando mi mano.
Estoy bien intento repetirlo una y otra vez, mamá siempre dice que si te lo grabas, puede terminar siendo real.
Me levanto y me acerco a la barra a pedir un batido, todo sale de control al ver quién me atiende: Sebas.
Oh Emma, sólo te pasan a ti este tipo de cosas.
Siento que estoy en otro lugar cuando Jane toca mi hombro, ¿acaso mi mejor amiga siente cuando estoy apunto del colapso?
La miré y siempre teníamos una conexión, con solo mirarnos sabíamos qué quería decir la otra, Jane habló por mí, mientras él no dejaba de mirarme.
Él no me merece, nunca lo hizo.
Jane lo miró con odio.
Le pidió dos batidos de fresa mientras yo regresaba a mis pensamientos, la miré un poco sonriente para que se diera cuenta que estaba bien, aunque las dos sabíamos lo que ese ser me transmitía.
—Aquí están —dijo Sebas sin dejar de mirarme.
Jane no agradeció, solo me tomo del brazo y comenzar a caminar.
Joder, ¿acaso él sabe lo que causa en mí?
Caminamos hacia donde están nuestros amigos. Marcus me pidió hablar a solas y acepte, algo realmente malo había hecho o yo estaba en algo sin enterarme.
Nos sentamos en otra mesa un poco alejada de todas las demás. Estaba nervioso, lo conocía, lo suficiente para notarlo.





