Viviendo con el Enemigo

Sus palabras me dejan demasiado sorprendida ¿acaso no era consciente de la distancia que había desde las empresas Lacrox, hasta las Trocell?

—Lo siento señor, es que yo no tengo vehículo, y para mi es bastante estresante tener que estar del timbo al tambo a pie, o en taxi, en esta ciudad, eso es una situación difícil, al menos para mí.

—  Teresa estoy jugando contigo, no tienes por qué responder así, si fueras mía, te ganarías una buena reprimenda.

—Yo…

Sus palabras me dejan descolocada, no sabía que responder a ese “si fueras mía” ¿a qué se refería con reprimenda? ¿Le gustaba golpear las mujeres?

—Estoy jugando, ven revisemos esos contratos, necesitamos dinero.

Camino directo a su oficina, y nos montamos en los contratos, estaba entretenida, leyendo algunas cláusulas, cuando volteo a mirar al jefe, él me está mirando con una gran sonrisa.

—Eres demasiado hermosa, no sé cómo no lo vi antes ¿eres pelirroja natural? Ya quiero que llegue la noche para poder salir contigo, te llevare al mejor restaurante de la ciudad.

—Soy pelirroja natural, mi madre también lo es, con respecto a lo de la cena, debo avisarle a mi familia primero, no me gusta llegar tarde a  mi casa, mis padres se enojaran.

—¿Tienes cinco años?

—No, pero le debo respeto a mis familiares, vivo con ellos y no puedo hacer y deshacer a mi gusto.

—Entiendo, me gusta que respetes a tu familia, pero la verdad que eres una mujer adulta así que no tienes porque andar a escondidas además, es solo una cena normal, quiero conocerte, me gustaría compartir con tu familia, me agradas desde siempre, pero no quería reconocerlo, sabes que las políticas de la empresa, no permiten relaciones entre los trabajadores, mi padre era muy estricto.

—Señor, no se lo tome a mal, pero que le acepte una cita, no quiere decir que tendré una relación con usted, a mí me gusta seguir las reglas, tendrías que enamorarme y ganarte mi corazón, cosa que lo veo difícil, no sé porque estás viendo esas cosas en mí, pero estas equivocado, su familia jamás me aceptaría, ni la mía a ti.

—Sé que soy un hombre mayor para ti, pero me agrada tu compañía, jamás me he casado, ni siquiera atengo hijos, es hora de ir formalizando mi situación, y que mejor candidata que tu, eres perfecta y la verdad me gustas, pero te conquistare, tanto así que nos casaremos en las vegas.

Escucharlo decir eso, me hace reír a carcajadas, jamás me espere que el jefe tuviera este lado, no podía negar que sus palabras me gustaban, era exactamente lo que quería escuchar, todas las mujeres queremos hombres que nos busquen, nos quieran, consienten, amen y valoren cada esfuerzo, yo quería en mi vida un príncipe azul, no cualquiera ocuparía el privilegio de ser mi esposo, no es que fuera la mejor mujer del mundo, pero si era una de esas que valían la pena.

Luego de esa charla con Patrick, me ocupo en muchas otras cosas, ni siquiera pude almorzar, y el tampoco, puesto que no salió de su oficina, o al menos yo no lo vi.

A las cinco de la tarde aún tenía que preparar varios informenes, por lo que le mando un mensaje a mi madre, quería inventarle una buena excusa, sino nunc me creería, y la verdad es que si quería salir con él, quiero probar algo distinto.

Saco mi teléfono y comienzo a escribir un texto para mama, no quería llamarla porque me descubriría, no soy buena mintiendo.

—Mama feliz tarde, ¿Qué estás haciendo? Quería avisarte que llegare más tarde de lo normal, tengo demasiado trabajo atrasado, hoy tuve que recorrer la ciudad buscando unos contratos, estoy exhausta.

Espero uso minutos, y su respuesta llega, mama era adicta a la tecnología, así que siempre tenía su teléfono en la mano o cerca.

—Hija, te hemos dicho miles de veces que renuncies a ese trabajo, los Lacrox son unos malditos explotadores, mientras te traigan a la casa, no hay ningún problema, espero puedan pagarte bien tus horas extras, de todos modos me estas escribiendo, estoy pendiente, te amo

—Está bien mama, también te amo.

Estaba terminando los contratos cuando el salió de su oficina, se veía cansado, sus hermosos ojos verdes, se veían cansados y apagados, era bastante alto y rubio por naturaleza, un tipo muy atractivo, cualquier mujer mataría por él, pero lo cierto era que no tenía suerte con las mujeres, nunca salía en revista con ninguna, tampoco se hablaba de su pasado, la prensa no hacia preguntas referente a su situación sentimental, ya lo conocían.

— ¿Estas lista?¿nos vamos?

—Sí señor, dame un segundo y apago el equipo, solo me falta archivar estos documentos.

—Ven entrégame los archivos te ayudo.

Me quedo impresionada por su generosidad, nunca se había ofrecido a ayudarme, y para ser sincera este lado suyo me gusta aún más, cuando terminamos, salimos juntos por el lobby, ya casi no quedaba personal de oficina, en cambio los obreros seguían rotando sus turnos, los cuales constaban en tres, los chicos que trabajaban en el lado nocturno, ganaban un cincuenta por ciento mas

Salimos a la calle, y el frio de la noche me hace estremecer, él lo nota y se quita su saco para colocarlo encima de mis hombros, enseguida comienzo a sentir calor, era bastante grueso, el me conduce hacia su auto un Hermoso Audi negro, mi favorito.

Luego de subir a su auto, emprendemos el viaje, ninguno de los dos décimos nada, pero este silencio nos gustaba, nos sentíamos bastante cómodos. El estaciona el auto en un hermoso restaurante lo conocía, su familia tenía acciones en este lugar, solo la gente de dinero podía hacer la solicitud de una mesa, y tardaban meses en asignarte la reservación.

Él me ayuda  abajar del auto y quedo realmente impresionada, jamás había venido a un lugar como este, tenía aspecto de un castillo, podía imaginarme el precio de cada platillo, pero así era este mundo y más si venias a uno de los mejores restaurante de toda la ciudad, The Grand Tier.

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