He aquí un nuevo comienzo. Conforme avanzaba en la carretera, escuchaba música clásica para variar y aplacar las palpitaciones, ahí al fondo a la derecha, levantaba el importante edificio central de la universidad, que estaba en medio del campus. Ahí estaba y conforme se acercaba se daba cuenta de la cantidad de autos haciendo cola para acercarse, todos autos muy caros, jaguar, audi, mercedes. Sin embargo ella no iba a permitir que nada le haga sentir a menos. -¡Vamos, tu puedes! y si que podía.
Estacionó su auto, bajó con ropa casual de la tienda de H&M, se dirigió a una mesa en la entrada del edificio con un cartel que decía "Bienvenidos nuevos ingresos".
-Bienvenida, ¿Cuál es tu nombre?-
-Martha, vengo a estudiar Ciencias Políticas-
-Ahh, bien acá tienes un mapa del campus, y tu horario. Debes saber que las fiestas deben ser autorizadas con anterioridad por los prefectos de cada piso. No está permitido consumir estupefacientes y tienes uso libre de la biblioteca física y virtual así como una MacBook asignada esperando en tu dormitorio. Por cierto tu dormitorio es el 334-.
-Bueno, muchas gracias-
Martha se dirigió a su dormitorio, arrastrando su valija por el pasillo atiborrado de gente, chocó y se fue de bruces, la valija voló por los aires saliendo su contenido por todo el pasillo. Solo escuchaba risas. Y una persona trataba de ayudar a levantar sus cosas, a lo que ella voltea y ve que tiene uno de sus vibradores en la mano:
-Creo que... esto es tuyo, no?-
-Ahhh, si, es mío... jejeje, gracias-
A lo que procede a guardarlo corriendo en la valija.
Termina de cargar todo y entra en la habitación 334, donde ya estaba una chica.
-Hola! Soy Andrea, supongo que tu eres mi compañera, bienvenida! Me alegra. mucho saber que estaremos juntos, deja te ayudo-.
A lo que Andrea, muy decidida ayuda a entrar la valija y al ver a Martha tan sonrojada le pregunta qué sucede.
-Es que se me ha salido todo afuera, y un chico lo ha recogido y... habían cosas personales... Por cierto, mi nombre es Martha.
Ella, le explicó como ese chico, de ojos verdes, alto, con barba, cabello castaño claro, un cuerpo musculosos, recogió sus juguetes sexuales mientras toda la universidad se reía de ella.
Tras desahogarse, Andrea le comentó que ese chico era Martín, el prefecto del piso, que era de una de las familias más adineradas del país, su papá era jefe de gabinete del congreso y su mamá presidía una importante fundación que promovía las artes en estratos bajos. Martha estaba sorprendida y avergonzada, una persona tan importante (y tan guapo) se había burlado de ella y de ahora en adelante viviría avergonzada cada vez que le cruzara.
Sin embargo, algo más importante preocupaba a Martha, y era su horario de clases, tenía 4 clases a la mañana, incluyendo filosofía, la cual a veces le aburría demasiado. Comenzó a desarmar su valija y puso los libros en su nuevo escritorio donde estaba su nueva Mac que le otorgaban en la universidad como parte de la bienvenida.
Martha nunca había tenido una Mac, se sentó, la inició, creó su AppleID e introdujo el mail que la universidad le daba para que se comunique con profesores, autoridades administrativas y compañeros.
Apenas inició sesión tenía dos correos, uno de bienvenida de la universidad de Virginia y otro de Martín. Su corazón le saltó de golpe y decidió picarle y abrirlo:
"Hola Martha, qué hermoso fue encontrarte en un pasillo y saber qué te traes cosas divertidas a la faculda, la verdad es que las personas aquí necesitan diversión (jajaja es una broma). Como tu prefecto te invito mañana a la hora del almuerzo a un recorrido por el campus, no te puedes negar, es una orden ;)"
No lo podía creer, la había invitado a almorzar, claro, era un protocolo para los nuevos ingresos pero sabía su nombre. Por el momento Martha olvidó su horario, las dificultades de la filosofía y se puso a soñar despierta sobre su paseo mañana con quien seguramente era la persona más importante en esa universidad... -y sabe mi nombre!-
Era mejor descansar, vendrían días grandiosos por delante y es mejor despertar temprano si quería ponerse una ropa mínimamente decente para ese paseo, dar una buena impresión era de lo más importante.
Qué alegría en su corazón, eso era lo que quería, lo que esperaba, lo que ansiaba su alma, no más una chica de pueblo, ahora estudiando en una prestigiosa universidad y yendo a almorzar con un heredero de una de las familias más importantes del país.
No sabía cómo iba a poder dormir pero se iba a obligar a hacerlo.
Apoyó su cabeza en la almohada y no podía dejar de pensar en Martín, admitía que le gustaba, que cada parte de su ser quisiera que él se fijara en ella aunque fuese un poco, pero era imposible, porque venían de mundos muy diferentes y ella no quería hacerse ilusiones de que alguien como él llegara a verla.
Pero sus ojos... su rostro...
En ese momento Martha sintió una pequeña en medio de sus piernas, y comenzó a acariciarse bajo la colcha azul marino, pensando que él estaba ahí, hundiendo sus labios en sus cavidades acuosas. No podía pedir más.
De repente se detuvo _¡Ya basta Martha!- no quería seguir soñando con él, tenía que enfocarse en su carrera, en aprender y esforzarse para no tener que volver al pueblo de sus padres donde cada día estaba más perdida, sola e infeliz.





