La tensión en la mansión Castillo se podía cortar con un cuchillo.
León y Máximo se movían por la casa como fantasmas, evitando nuestras miradas.
La cena se convirtió en una tortura silenciosa.
Finalmente, durante el postre, León carraspeó y soltó la bomba.
"Máximo y yo asistiremos a la gala benéfica de los Valderrama el sábado".
Miré a Máximo, esperando que añadiera "con nuestras esposas", pero no lo hizo. Se limitó a mirar su plato, con la mandíbula apretada.
Isa dejó caer su cucharilla, que resonó contra la porcelana fina.
"¿Solos?", preguntó con una calma peligrosa.
"Es un evento de negocios, Isa", respondió León, sin mirarla. "Estrictamente profesional. Sería aburrido para ustedes".
La excusa era tan pobre que resultaba insultante. La gala de los Valderrama era el evento social del año. Y los Valderrama eran nuestros mayores rivales empresariales.
Isa y yo sabíamos lo que significaba. Era una humillación pública.
Iban a llevar a sus amantes.
Más tarde esa noche, una de las empleadas de confianza de Isa, una mujer que le debía todo, me llamó. Su voz era un susurro nervioso.
"Señora Nora, seguí al señor Máximo, como me pidió la señora Isa".
"¿Y bien?", pregunté, con el corazón en un puño.
"Recogió a la mujer en el apartamento de El Chicó. Luego se reunieron con uno de sus socios. Escuché perfectamente cómo el socio se refería a ella".
Hizo una pausa, como si le costara decir las palabras.
"La llamó 'la jefa'".
La jefa.
La palabra resonó en mi cabeza. No era solo una amante. Era alguien con poder. Alguien a quien Máximo estaba presentando en su círculo íntimo.
Colgué el teléfono y corrí a la habitación de Isa.
La encontré sentada frente a su tocador, quitándose las joyas con movimientos lentos y precisos.
"Van a presentarlas en sociedad", le dije, sin aliento. "Van a humillarnos delante de todo Bogotá".
Isa me miró a través del espejo. Sus ojos brillaban con una furia fría.
"No si nosotras actuamos primero".
Se levantó y caminó hacia su caja fuerte, oculta detrás de un cuadro.
"Los hombres infieles no merecen nuestras lágrimas, Nora", dijo, mientras marcaba la combinación.
"Merecen nuestra ausencia".





